El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a confrontar a la prensa en lugar de contestar a una pregunta. Esta vez el objetivo ha sido Kristen Holmes, la corresponsal de la CNN en la Casa Blanca, pero incluso el magnate republicano ha ido más lejos que de costumbre y ha llevado el insulto al terreno personal. Tras atacar el trabajo periodístico de Holmes con sus ya famosos “fake news”, la Casa Blanca sacó a relucir a sus hijos.
Fue durante una rueda de prensa en el Despacho Oval que Holmes le pidió a Trump que respondiera a las declaraciones del senador demócrata Jon Ossoff. El demócrata había acusado al presidente de “preferir pasar tiempo” con su asesora Natalie Harp y viajar con ella en el Air Force One regalado por Qatar y construir un nuevo salón de baile que cumplir con sus obligaciones como presidente.
If you thought mail service was already slow, buckle up. The Postal Service implements its new service standards today and many Americans could see even more delays.
My sincerest apologies to @EricaRHill & @jimsciutto for bringing the bummer news! pic.twitter.com/CKeTCA6gi8— Kristen Holmes (@KristenhCNN) October 1, 2021
A Trump no le gustó la pregunta. Primero criticó a Ossoff y se burló de él y le comparó con el particular personaje de Pee-wee Herman del actor Paul Reubens para después pasar a despotricar de Holmes.
Del “fake news” a meter a los hijos
“Silencio. Silencio. Silencio”, le espetó el presidente de EE UU. Eres “fake news”, “ruidosa y alborotadora. Eres una periodista falsa y publicas noticias falsas”, soltó Trump.
Pero el bochornoso intercambio no se quedó ahí. Una cuenta oficial de la Casa Blanca, centrada en noticias de última hora, publicó en X un vídeo del enfrentamiento y describió a Holmes como “una desgracia vergonzosa y humillante para su supuesta profesión”. El presidente “recibe a un socorrista héroe en el Despacho Oval y ella aprovecha la ocasión para lanzar un golpe bajo a uno de los colaboradores del presidente Trump. Esta escoria es lo peor de lo peor“. Una hora después, volvieron al ataque. Dirigiéndose directamente a ella tuitearon: “Algún día, tus hijos se encontrarán con tu repugnante e inhumana pregunta. Se sentirán indignados y avergonzados de tener una madre tan insensible y vengativa. Es bastante preocupante”.
.@KristenhCNN: Someday, your children will come across your disgusting and inhumane question. They will be sickened and embarrassed to have a parent be so callous and vindictive. It’s quite troubling. https://t.co/EWgPy7mXQP
— Rapid Response 47 (@RapidResponse47) August 17, 2026
La CNN, acostumbrada a los envites de Trump, defendió a Holmes, describiéndola como una de las periodistas más respetadas y consumadas que cubren la Casa Blanca. La cadena afirmó que ella había “hecho su trabajo” al plantearle al presidente una “pregunta difícil, relevante y pertinente en nombre del público estadounidense”. Para la CNN, “los ataques personales contra periodistas por hacer preguntas son indignos del cargo e incompatibles con los principios de la libertad de prensa”.
CNN issued a statement condemning Trump after he attacked and berated CNN reporter Kristen Holmes in the Oval Office https://t.co/mFIlIKlG38 pic.twitter.com/GKOwUStZyB
— Republicans against Trump (@RpsAgainstTrump) August 17, 2026
Pero no es un hecho aislado ni mucho menos. Trump ha adoptado la confrontación con la prensa a lo largo de toda su carrera política. Es más, son las reporteras las que han sufrido más ataques y comentarios sobre su aspecto, personalidad, inteligencia o comportamiento.
Trump se ceba con las mujeres periodistas
Kaitlan Collins, la anterior corresponsal jefe de la CNN en la Casa Blanca, ha sido uno de los principales objetivos. Trump le preguntó el mes pasado si alguna vez sonreía, le pidió que “simplemente sonriera” y comentó su aspecto en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. Más tarde compartió una imagen retocada de Collins que también fue difundida por una cuenta oficial de la Casa Blanca.
Trump: "I want to personally congratulate CNN's Kaitlan Collins on receiving her award. It was all about me. It was a fake, she shouldn't get the award, it was a fake — but I didn't mind, I said, 'Kaitlan, congratulations.' But it was fake, there's no question about it. She's a… pic.twitter.com/Sn2vzVyWmf
— The Bulwark (@BulwarkOnline) July 25, 2026
Otras periodistas han sufrido un trato similar. A Kristen Welker, de la NBC, la tildó de “estúpida” y “corrupta” durante enfrentamientos por sus preguntas. A Mary Bruce, de la ABC, le insultó y tachó de “estúpida” mientras presionaba a Trump sobre la política de inmigración de EE UU. Mientras que la periodista del New York Times Katie Rogers fue descrita por Trump como “fea por dentro y por fuera” tras informar detalladamente sobre la salud del presidente. A Catherine Lucey, de Bloomberg, la llamó “cerdita” y mandó callar cuando le hizo preguntas a bordo del Air Force One.

Este patrón se remonta a la primera campaña presidencial de Trump. En 2015, la periodista de Fox News Megyn Kelly le cuestionó por su trato a las mujeres durante un debate republicano. Trump insinuó más tarde que ella estaba menstruando cuando le hizo preguntas difíciles, en un comentario que se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos de su relación con la prensa femenina.
Una larga lista de menospreciadas por Trump
La lista también incluye a Weijia Jiang, Yamiche Alcindor, Abby Phillip, April Ryan y otras reporteras. Los enfrentamientos han adoptado diferentes formas, desde acusaciones de estupidez hasta ataques a la apariencia y la profesionalidad.
Para los defensores de la libertad de prensa, como la International Women Media Foundation, la importancia radica en el efecto acumulativo. Un presidente tiene un alcance enorme. Un ataque público puede desencadenar oleadas de abusos en Internet contra la periodista en cuestión y desviar la atención del fondo de la pregunta hacia la propia periodista.
“Estos ataques constituyen intentos de normalizar la degradación de la prensa, menoscabando el papel de los periodistas y la libertad de prensa como cuarto poder de la democracia estadounidense. Además, sirven como maniobra de distracción para evitar que se sigan planteando preguntas y acallar el escrutinio sobre temas de importancia nacional o aquellos que requieren rendición de cuentas“, explican en la IWMF.

“Más allá de sus efectos disuasorios sobre la libertad de prensa, esta misoginia generalizada tiene importantes implicaciones en materia de seguridad para las mujeres que trabajan en el ámbito periodístico. Tras un ataque, las periodistas suelen sufrir un aumento de las amenazas en línea, incluido el ‘doxxing’, que pone en riesgo su seguridad. Esta violencia en línea tiene como objetivo impedir que las periodistas realicen su trabajo y puede provocar la pérdida de su medio de vida a corto y largo plazo. Según estudios recientes, “más del 40% de las periodistas, activistas y defensoras de los derechos humanos también han sufrido agresiones fuera de línea directamente relacionadas con el acoso en línea”, denuncian en la IWMF.
El episodio de Holmes añade otro elemento. El uso de los canales oficiales de comunicación presidenciales para continuar una confrontación personal una vez que las cámaras han dejado de grabar.

