Opinión

Anatomía del cine (pero con visión de género)

La realizadora Alauda Ruiz de Azua tras recibir el premio a Mejor dirección por su película 'Los domingos', durante la gala de entrega de los Premios Feroz 2026
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Hoy es el día para diseccionar la herida abierta entre el cine hecho por mujeres y el que no, especialmente en su Meca. El resto del año, también

“¡Hoy puede ser un gran día!”, cantaban al unísono Rigoberta Bandini y Luis Tosar hace una semana en el arranque de la Gala de los Goya, soporífera one more time.

Rigoberta Bandini y Luis Tosar, presentadores de los Premios Goya 2026, a su llegada al Auditorio Forum CCIB de Barcelona
Efe

Desde luego que lo es, un gran día digo, o debería serlo, pero no para el cine dirigido por mujeres, especialmente si hablamos de cantidad, más que de calidad.

En este juego que cumple 130 años gustamos de anatomizar muchas cosas: que si los instantes previos y posteriores al “se sienten” con tricornio, que si las caídas (o no) en Cannes, que si un asesinato defendido por el honrado Jimmy Stewart, que si a Grey y a toda su grey de cirujanos, etc.

Pero a las mujeres cineastas, más que anatomizarlas, se las anatemiza, especialmente en la gran industria, esa que reluce en Hollywood Hills.

A una semana de la entrega de los Oscar de la Academia, esos premios, trampantojo de lo que es la espuma del séptimo arte y que dan la medida del relato, aparecen los diez filmes nominados a Mejor Película de 2025. De ellos, solamente Hamnet está dirigido por una mujer, Chloé Zhao. Pero es que el año pasado también hubo una única presencia femenina en la terna, Coralie Fargeat con ‘La sustancia’. Es verdad que en 2024 la cosa se fue de madre con ¡tres directoras!, pero enseguida se corrigió para volver al acolchado statu quo de 1 a 10 en 2023, representado por Sarah Polley y su Women Talking. Mejor no seguir bajando porque nos vamos a helar de frío. Un gradito.

Por si esto fuera poco, severos opinadores nos regalan los oídos criticando que Zhao se haya escorado en exceso hacia el perfil feministoide de Agnes Shakespeare robándole el fuego a su marido William, que, además de escribir una obra maestra tras otra, también sabía cambiar pañales. Lo que hay que oír sobre una película, discutible desde muchos aspectos narrativos y de mirada fílmica, pero tremendamente valiosa en su opción fundamental, esta es, saltándose el eje para escudriñar lo que hay al otro lado.

Y es curioso porque, y volviendo a lo cualitativo, para quien esto firma las dos mejores películas de 2025 a nivel local e internacional están dirigidas por mujeres. Y sé que a nadie le importa lo que yo piense y mucho más desde el abismo de género, pero tanto Romería de Carla Simón, como ‘Una casa llena de dinamita’, de la gran Kathryn Bigelow, son, de lejos, las mayores obras cinematográficas del pasado año. Repetimos, por si no ha quedado claro: las dos mejores películas de 2025 están dirigidas por dos mujeres; una, Simón, ha construido su obra maestra a partir de dos irregulares bocetos; la otra, Bigelow, además de dirigir un filme de tesis que suena a epílogo con el discurso antibelicista más potente de los últimos tiempos, lo ha hecho sin mostrar ni un misil, obús o armamento. Talento, genio y veteranía. Por supuesto, han sido convenientemente anatemizadas por sus correspondientes academias.

La directora Carla Simón, en la presentación de 'Romería', su nueva película
La directora Carla Simón, en la presentación de ‘Romería’, su nueva película
EFE

Pero es que, además, lo mejor que se puede decir de ellas es que, haciendo una cata a ciegas, no encontrarás un solo fotograma que te haga pensar que ambas películas están dirigidas por una mujer. Y esto es bueno, muy bueno, porque nos evita bajar al rincón del tertuliano oficialista para entregarnos a la pelea verbal de las cuotas, techos, paridades y demás paridas. Después de los créditos solo queda cine de altísima calidad, pata negra ibérica y USDA Organic Seal.

Nada puede salir bien en un arte que selecciona su antología anual de diez piezas y solamente una está esculpida por una mujer. Estos –este- números, es que ni siquiera abren un debate sobre la brecha o la igualdad de género, ni sobre los roles deconstruidos, ni perspectivas ni nada parecido. Simplemente es una vergüenza, una falla más grande que la de San Andrés. Y deja en muy mal lugar a Hollywood, que siempre ha sido sinónimo de calidad y negocio, que en los últimos tiempos se había caracterizado por un cierto aperturismo social y temático y que parece ser que va abandonando. No puede ser que quien traquetea este viaje de luz, el santo invento convertido en entertainment por Méliès, se deje llevar por la abulia y no tense y reescriba el relato hasta equilibrarlo. No hay excusa para que, en 2026, la presencia de las cineastas en el Top Ten sea la excepción que confirma la regla.

Nos queda ese “otro cine”, el festivalero, que sí da la cara, avant-garde social y temática, pero que no pasa de decoración minimalista frente al exceso barroco: Axel Vervoordt versus Lorenzo Castillo. Únicamente gracias a los festivales de cine caviar, se vislumbra cierto cambio de paradigma en el celuloide, reflejado en las últimas Palmas de Oro en Cannes, intachables, a Julia Ducournau y su Titane y la ‘Anatomía de una caída’ de Justine Triet, nada sospechosas de cuotas, por cierto. O la última Concha de Oro en San Sebastián al milagro cinematográfico de Alauda Ruiz de Azúa, por ejemplo, o el Oso de Oro en 2022 a la citada Carla Simón por Alcarràs, primer gran premio en Berlín después de ¡40 años!, y del que nadie habló.

'Los domingos', película de Alauda Ruiz de Azúa
‘Los domingos’, película de Alauda Ruiz de Azúa

Querido tío Oscar: sencillamente, no nos lo podemos permitir.

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