Opinión

Controles inhumanos

Valentina Cavallar.
Valentina Cavallar.
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La ciclista austriaca Valentina Cavallar , de 25 años, ha compartido en sus redes sociales un doloroso escrito sobre la reciente pérdida de su madre. “Puedes pasar gran parte de tu vida persiguiendo metas, superando tus límites, midiendo el éxito en resultados, victorias y logros. Pero perder a alguien a quien amas te hace darte cuenta de lo que importa realmente todo eso al final.”

Hasta ahí sus palabras reflejan su lógico estado de ánimo. La denuncia llega a continuación. “Siempre he sabido lo importante que es mi familia para mi, pero creo que nunca entendí realmente cuánto, hasta que tuve que experimentar la vida sin mí madre.Esta experiencia fue aún más difícil cuando, apenas unas horas después de su fallecimiento tuve que someterme a un control antidopaje en casa, con ella yaciendo en la habitación de al lado. “

Añade Valentina que siempre ha apostado por un deporte limpio y ha aceptado la responsabilidad que conlleva ser deportista profesional, “pero en este momento claramente no estaba pensando en el ciclismo, ni en la competición o en mis responsabilidades como atleta. Era una hija que acababa de perder a su madre”.

La denuncia de la ciclista Valentina Cavallar reabre el debate sobre los límites de un sistema necesario para un deporte limpio, pero que no debería olvidar que detrás de cada atleta hay una persona. Y eso es precisamente lo que la corredora del SD Worx-Protime ha puesto en el foco con este desagradable episodio que ha decidido compartir públicamente.

La escena es de una inhumanidad inaceptable. En una habitación el cuerpo de su madre. En la de al lado ella cumpliendo con sus obligaciones como deportista profesional. Una escena carente de empatía y que ningún protocolo antidopaje debería permitir.

Cualquier ciclista profesional debe estar localizable cada día y noche de su vida los 365 días al año a través de una aplicación en la que deben registrar su ubicación. Y aceptan así que en cualquier momento y horario puedan aparecer los “ vampiros” para realizar controles por sorpresa.

El testimonio de la corredora no aclara más circunstancias sobre el desagradable suceso. Pero ella conoce perfectamente la normativa y por eso se somete al control incluso en esas circunstancias.

La tenista checa Markéta Vondroušová, campeona de Wimbledon en 2023, recibió en 2026 una sanción de cuatro años por negarse a someterse a un control que un agente intentó realizar en su domicilio. Vondroušová cuestionó la actuación del agente y describió una situación que le generó angustia. Sin embargo el tribunal independiente consideró que no existía una justificación suficiente para su negativa. Su caso recuerda que negarse a un control puede tener consecuencias deportivas nefastas.

En junio, la tenista estadounidense Coco Gauff contó que una interacción con una agente antidopaje le hizo llorar. Según relató durante Wimbledon, la forma en que la agente se dirigió a ella, en una situación que consideraba fuera de su franja horaria de disponibilidad, le provocó una angustia que después descubrió que no tenía por qué haber soportado en esos términos. Gauff no estaba denunciando que los controles fueran innecesarios, sino la nula empatía de la agente.

Ante estos casos, parece evidente que la sensibilidad brilla por su ausencia a menudo. ¿Qué sucede cuando hay un fallecimiento, una emergencia médica o una circunstancia familiar excepcional? ¿Existe margen para aplazar unas horas un control sin comprometer su validez? ¿Se forma adecuadamente al personal para afrontar situaciones delicadas? Y, sobre todo, ¿quién escucha al deportista cuando siente que se ha vulnerado su dignidad?

El deporte profesional exige sacrificios extraordinarios. Los atletas aceptan calendarios exigentes, entrenamientos extremos, viajes entre continentes, vigilancia constante y una exposición pública que apenas deja espacio para la vida privada. Aceptar eso no implica renunciar a ser tratados como seres humanos. El compromiso con una competición limpia no convierte a nadie en una máquina disponible las veinticuatro horas del día sea cual sea la circunstancia personal que atraviese.

Esta denuncia de Valentina Cavallar deja sobre la mesa la necesidad de implantar criterios claros para casos excepcionales como el suyo, formar a quienes realizan los controles y a la vez garantizar que la flexibilidad excepcional no se convierta en una puerta al fraude. Rigor y sensibilidad no son conceptos incompatibles. De hecho en un sistema que aspire a ser justo deberían convivir ambas cosas.

Proteger la limpieza en el deporte no debe llevar implícito olvidarse de la humanidad y la dignidad del deportista.

El deporte limpio es imprescindible, pero la humanidad, también.

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