Opinión

El tiempo de las moscas, mujeres resilientes que se apoyan

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La vida de una mosca es muy corta. Viven unos veintiocho días, lo que dura un ciclo menstrual. Son animales a los que nadie presta mucha atención. De hecho, suelen considerarse una molestia. Se espantan. Se atrapan. Hay hasta artilugios para matarlas. Pero lo que poca gente sabe es que comparten muchas similitudes genéticas con los seres humanos y que, su estudio, nos brinda datos relevantes para tratar nuestras enfermedades.

La recién estrenada serie de Netflix, El tiempo de las moscas, está basada en una novela de la escritora argentina Claudia Piñeiro y utiliza a estos pequeños insectos como metáfora para reflexionar sobre situaciones que afectan a las mujeres. Unos seres a los que no todo el mundo les da el valor que merecen y a quienes, en ocasiones, también se maltrata. La serie, de apariencia sencilla y cotidiana, tiene un trasfondo profundo y es inteligente, como todas esas moscas que nos acompañan.

Las protagonistas son dos mujeres ex convictas que se ayudan mutuamente a salir delante, resolviendo conflictos del pasado y adaptándose para sobrevivir. Son mujeres que llevan mucho peso a sus espaldas, pero no se rinden. Son ágiles, saben trabajar en equipo, cambian rápidamente la dirección del vuelo, se arriesgan, piden ayuda cuando lo necesitan y son unas supervivientes pese a encontrarse constantemente en desventaja.

Los quince primeros minutos del tercer capítulo son oro puro: un resumen perfecto de las diferencias culturales de género. La escena retrata a Inés preparando una fiesta de cumpleaños para su marido. Ella está vestida y maquillada, pero no duda en meter la mano dentro del pollo para poner la salsa. Se preocupa para que esté todo perfecto mientras va sorteando las críticas de sus invitados: debería cambiar el color de las paredes, hace mucho calor, está demasiado delgada. Todo ello aderezado con las puñaladas de su madre: “Tienes un cerebro de mosca” le suelta delante de todos. Tampoco cuenta con el apoyo de su hija, que se opone por norma a todo lo que diga. Pero, la escena da un giro de ciento ochenta grados cuando el marido llega a casa. Como por arte de magia los reproches se convierten en halagos, los aspavientos en amplias sonrisas y en lugar de señalarle sus fallos, le recuerdan lo maravilloso que es.

Los personajes femeninos, interpretados por Carla Peterson, Nancy Dupláa y

Valeria Lois, pertenecen a distintas clases sociales y, sin embargo, están atravesadas por conflictos similares. Entre ellas surgen muchas tensiones, a veces toman decisiones equivocadas y muestran constantemente su vulnerabilidad, lo que las aleja de la idea del héroe tradicional. El propio estilo es inclasificable: mezcla de drama, thriller, retrato social y comedia costumbrista. Da gusto ver historias que no están divididas en buenos y malos ni tienen una progresión lineal, sino que describen situaciones con muchos matices en las que cada personaje puede cambiar.

Lo mejor es dejarse llevar por el revoloteo acelerado de las protagonistas y reconocerse en las distintas escenas. Las moscas pueden aguantar quietas durante mucho tiempo… pero cuando deciden levantar el vuelo todo puede pasar.