Opinión

Elecciones para Buscavidas

MADRID (ESPAÑA), 21/09/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez durante la presentación este lunes en La Moncloa de ‘IA360: plan para un despliegue responsable de la IA'. EFE/ Javier Lizón
Pedro Sánchez durante la presentación este lunes en La Moncloa de ‘IA360: plan para un despliegue responsable de la IA'.
EFE/ Javier Lizón
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Bajan los acólitos de la cosa pública a poner las alfombras, y nos toca prepararnos a los súbditos para el bando real. Veo a Pedro Sánchez salir a la pantalla y puedo reconocer a Paul Newman en el Buscavidas, con el taco de billar en la mano para atizarnos la razón con el siguiente truco. No le dio el de arriba a Sánchez la sonrisa y los ojos de Newman, pero sí una especie de elegancia extraña, como de quien se ha movido por las salas de billar esquilmando a incautos y desprevenidos. Y a nadie le extraña lo que ha venido a decirnos esta vez.

Nos vamos a la urna con resignación de quien se sabe cansado de democracias liberales. Por aquí y por allá asedian movimientos que apuntan a darle la vuelta al mundo que conocimos, y nosotros seguimos aquí, con nuestra mirada banal a cuatro años y plegados a agendas veintes treintas y otras mandangas. En cualquier caso, dijo Churchill en la Cámara de los Comunes que la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás, así que vamos a ese domingo a lanzar papeletas al vuelo y a degustar el vinito postfestivo democrático.

Llega noviembre con hojas muertas y abrigos largos, las misas se alargan y los boletus crecen. Pienso en aquel Tenorio de Zorrilla, que solía representarse en noviembre por aquello del día de los muertos, y recuerdo a su vez que tienen estas elecciones algo de trasunto teatral. Falta saber si Pedro encontrará alguna Doña Inés a quien agarrarse en esta luenga caída; si acabará en el infierno, como el Don Juan de Tirso de Molina, o en el cielo, como el de Zorrilla. Tan largo se lo fiamos, que diría el mito.

Nos habla Sánchez de alivio. Estoy de acuerdo con él. España se alivia. Aunque sea el alivio de un enfermo crónico al que cambian la medicación, y mira al futuro con triste estoicismo, sin esperar grandes lujos en la vida, pero al menos sigue respirando. Quizás, incluso, el enfermo ahora aguante el dolor. Porque el fracaso de los decretos del viernes no es otra cosa que un síntoma más en este Boletín Oficial del Estado medio moribundo, así que adelantemos el invierno con lúdicas ganas de votar, que no se diga que el pueblo tiene la culpa de este diagnóstico.

De entre la tristeza que esta España doliente deja desprender en este texto, quizá lo que más aflige a este plumilla es que estos dos meses serán tranquilos, precisamente, porque el gobierno se apaga. En estas semanas, se acaban los decretos ley, las sentencias a golpe de martillo, y aunque sea con fecha de caducidad se fomentará cierta concordia, voluntad de entendimiento, y promesas que tenderemos a creer.

En este anarquismo que me empieza a calar, no puedo dejar de recordarme que la España más tranquila que he conocido es aquella que vivió unos meses sin gobierno, prorrogando presupuestos rajoyanos… y despertándose feliz. Así que disfruten de estas semanas antes de que, como ocurre con el Buscavidas, la realidad nos devuelva a la pelea y al bregue.

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