El año nuevo comienza verificando el viraje del Orden Mundial que se venía fraguando. Trump ha atacado por tierra y por aire Venezuela en una operación relámpago y ha capturado/extraído a Nicolás Maduro y a su mujer. Lo cierto es que Venezuela no ha opuesto apenas resistencia ante la agresión. Partamos de la base de que Maduro es un dictador, con todas las letras. Robó las últimas elecciones en su país, persiguió a la oposición e instauró un régimen represivo que se sustentaba en el poder del narco. Esto, no es incompatible con afirmar que Donald Trump ha violado sin sonrojarse el derecho internacional con este movimiento, continuando con ese nuevo modelo en el Orden Mundial en el que las grandes potencias se sienten con legitimidad para imponer nuevas reglas sobre sus esferas de influencia. Unas normas salvajes y arbitrarias, en las que únicamente importan los intereses propios. La ley de la selva, del más fuerte, del matonismo.
Maduro es un tirano sin escrúpulos, indefendible y odioso. Trump es un empresario, un hombre de negocios, un jugador de póker. No es ningún adalid de la paz. Afirmar esto a la vez, repito, no es incompatible. Tras estos hechos, se plantea una cuestión fundamental: ¿El presidente de Estados Unidos había pactado esta operación militar con Rusia y con China? Si la respuesta es que no, el escenario sería preocupante. Pero si la respuesta es que sí, sería igualmente inquietante, pues eso supondría a todas luces que se habría llegado a un pacto bajo cuerda entre imperialistas en el que Rusia tendría vía libre con Ucrania y China haría lo propio con Taiwán.
Sea como sea, la caída de Maduro agita el tablero internacional, dejando un boquete de incertidumbre para todos, implantando este nuevo modelo, mostrándonos cómo saltan por los aires todos los consensos en materia militar. La intervención también abre una nueva ventana: ¿Cuánto tiempo se sostendrá el régimen de Maduro sin Maduro? ¿Tiene músculo suficiente para mantenerse en pie? Una hora después de la sustracción de Maduro, ha aparecido Diosdado Cabello rodeado de policías pidiendo al pueblo continuar confiando en el liderazgo político. También ha salido Delcy Rodríguez a asegurar que desconocía el paradero del líder venezolano y a exigir una prueba de vida al gobierno de Estados Unidos.
Las consecuencias de este terremoto geopolítico también impactan de pleno en nuestro país. Varias ramas de las tramas de corrupción que asedian al Gobierno de Pedro Sánchez desembocan en Venezuela. No solo porque esa señora que ha salido a ejercer de portavoz del régimen fuera la protagonista de uno de los mayores puntos ciegos de nuestra actualidad informativa en los últimos años. Hablo de aquella noche en Barajas en la que Delcy Rodríguez fue recibida, violando el espacio Schengen, en el aeropuerto de la capital por José Luis Ábalos con el conocimiento y la aquiescencia de Pedro Sánchez y con la colaboración del ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska. En aquella reunión extraoficial hemos sabido que también participó Víctor de Aldama, nexo corruptor de la trama, según la UCO. De aquel encuentro, destapado por las informaciones periodísticas, aún no se han despejado las incógnitas.

Hoy José Luis Ábalos está en la cárcel de Soto del Real y Víctor de Aldama, empresario con gran influencia en el régimen venezolano, tiene también causas judiciales abiertas. En numerosas ocasiones durante el último año y medio, el expresidente del Zamora club de fútbol, que ha decidido adoptar la estrategia de colaborar con la Justicia y prodigarse en numerosos medios de comunicación, ha señalado que José Luis Rodríguez Zapatero se habría estado lucrando de su influencia en Venezuela en su faceta empresarial. Es más, el propio Aldama ha narrado en varias ocasiones que el expresidente español incluso ha viajado hasta Caracas en su avión. Lo cierto es que el pasado julio, sorprendió muy mucho la postura casi en solitario que adoptó Zapatero, que se volcó en defender la continuidad de Maduro tras su pucherazo electoral, llegando hasta a trasladarse a Caracas para ofrecerle su apoyo explícito.
El propio Ábalos, antes de entrar en prisión, dejó marcada la extraña relación de Zapatero con el régimen venezolano. Muchas informaciones apuntan también a la presunta financiación del PSOE a través de PDVSA, la empresa pública de crudo venezolano. El exministro Ábalos no es el único que puso en la diana al hombre de la ceja, Hugo, el Pollo, Carvajal, ex jefe de los servicios secretos de Venezuela, que estuvo casi dos años extrañamente escondido en un piso de la madrileña calle de Arturo Soria mientras pesaba sobre él una orden de detención internacional, también puso sobre la mesa el nombre de Zapatero tras ser detenido por la DEA en Madrid. Recomiendo desde aquí a todos los lectores escuchar los cuatro capítulos De PDVSA a PSOE del pódcast La Radioteca de Dieter Brandau. Un enorme trabajo periodístico en el que se explica a la perfección la conexión entre el Partido Socialista y el régimen que hoy parece agonizar.
Las reacciones de nuestros gobernantes también son bastante indicativas. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, fue el primero en marcar la posición. No condenó el ataque de Estados Unidos y recordó que el Gobierno de España en ningún momento ha reconocido a Maduro, aunque con la boca chica, pues tampoco nunca se opuso frontalmente al golpe democrático que perpetró en su país. Es bastante extraña la relación que ha mantenido la administración Sánchez con Venezuela, ya que, a pesar de decir ahora que no reconocieron a Maduro, tampoco decidió felicitar a María Corina Machado por su reciente Premio Nobel de la Paz. Los que sí han marcado una postura más beligerante han sido los socios, empezando, claro está, por Podemos. Tanto Irene Montero, como Belarra, como numerosos cuadros del partido han exigido con sus declaraciones que se posicionen frontalmente contra el imperialismo estadounidense. Esto ha obligado a que Yolanda Díaz también se movilice, aunque de una manera algo más tímida.
Sánchez está en un callejón sin salida en el que veremos cómo se desenvuelve. Las tramas de corrupción que estrangulan a su partido y que apuntan a su connivencia con el Cártel de los Soles le impiden hacer una bandera progresista que solape los escándalos como ya hizo con la causa Palestina. La caída de Maduro y el desmoronamiento de su tinglado supondría una pésima noticia para el Partido Socialista. Hay muchas incógnitas y muchas X que se resolverían.
