Quizás puede que los Reyes Magos nos hayan dejado un regalo escondido para todos los que nos gusta esto de la comunicación política. Un manual de cosas que jamás hay que hacer cuando se encarne una candidatura a una Comunidad Autónoma. Parece que el Partido Socialista de Pedro Sánchez está empeñado en mostrarnos lo que es un mal candidato, cómo se toman las peores decisiones posibles, cuál es la manera más sencilla y efectiva de fraguar un buen fiasco en las urnas.
Ya en Extremadura rizó el rizo con Miguel Ángel Gallardo, que no solo resultó un pésimo figurante en el cartel, alguien poco resolutivo y mal asesorado, sino que antes incluso de que empezase la campaña ya se había ocupado de descartarse como presidenciable. A sus espaldas traía su implicación en el caso de presunto enchufismo en la Diputación de Badajoz del hermano de Pedro Sánchez, el gran maestro Azagra. Así como su impagable actuación al oler su imputación, saltando con pértiga a muchos compañeros y aforándose de manera exprés en la Asamblea bajo una coartada absurda. Pese a que poco importaba ya, su desempeño durante la contienda fue nefasto, llegando a redondear su faena hasta en la jornada electoral cuando lo pusieron a varear a olivos con un outfit de dominguero premium y unas Nikes impolutas, dando unos golpes inexplicables.

Tras este flagrante descalabro en uno de los bastiones históricos del puño y la rosa, van a por otro hito en este recién estrenado 2026: el de sacar el peor resultado posible en Aragón. Y desde luego que se están esforzando en dicha empresa. Para ello han optado por Pilar Alegría que, en su reto, al igual que hiciera Gallardo, ha procurado no dejar para luego todas las pifias irreversibles que pudiera ir adelantando. No solo se presenta con la vitola de ser la encargada de haber defendido todas las semanas en rueda de prensa a un Gobierno con la popularidad por los suelos, que está demostrado que es una rémora para cualquier marca electoral en las autonomías, también está perfectamente retratada, en una instantánea que publicó este medio siendo parte activa de la fontanería del Titanic. Ella fue la encargada de ejercer de fontanera del fontanero. Sí, me refiero a aquella estampa con Paco Salazar, cuando ya había sido denunciado por varias mujeres de la formación más feminista de la historia por comportamientos groseros y machistas hacia ellas.
No obstante, la cosa no queda aquí. Siguiendo esta nueva estrategia kamikaze del pa´lante con los faroles, marca de la casa del sanchismo, decidieron pasar de esa enorme losa de credibilidad en formato gráfico que pesa a sus espaldas y continuar con su aventura aragonesa. Y no de cualquier forma, sino redondeando aún más el hoyo reputacional de la propia candidata. Después de dejar oficialmente sus cargos en Madrid y hacer una despedida pomposa pero rápida, Alegría ha decidido lanzarse a la carretera y poner en marcha una campaña comunicativa muy agresiva y llamativa. En otras palabras, una campaña desesperada e hiperactiva. Ha conseguido hacer mucho ruido en redes sociales, pero, frente a lo que muchos gurús piensan, el ruido no siempre es efectivo, a veces solo trae consigo el rumor del hundimiento y el eco de las risas.

Porque sí, el relato que ha estado tratando de construir Pilar Alegría y su equipo no solo es obsceno, barato y artificial, también está rozando lo irrespetuoso. La buena comunicación parte de la verdad, de lo genuino, y la representante socialista a presidir la Junta Aragonesa está errando de lo lindo con su álbum de fotos rural. Primero porque resulta poco creíble, y segundo porque delata un afán por proyectar un cliché de otro siglo, el cual es técnicamente posible que case con su figura. La política del topicazo nunca sale bien. Su manera apresurada y burda de tratar de conectar con una Aragón humilde y rural recuerda mucho, salvando las distancias, a las de esa Macarena Olona paracaidista que aterrizó en Andalucía para vestirse de flamenca, montar a caballo y poner un acento que no le salía. Ya recordarán cual fue el resultado de ese experimento.
Las prisas y la ansiedad nunca son buenas consejeras. Las ganas de llevar la iniciativa, marcar la conversación y ser protagonista solo son buenas cuando sabes hacia dónde te diriges, cuando partas desde un lugar en el que tu mensaje cuadre con tu imagen. Si no se dan esas circunstancias, y hasta tu pasado más reciente te pesa en las espaldas, lo que puede ocurrir es que acabes convertida en un meme de las redes sociales, en un ítem humorístico. Ocurre cuando llevas las cosas al límite, cuando tienes el agua tan al cuello que actúas con una inercia dañina y tu narrativa colapsa. El carrusel de imágenes con el que Alegría ha empezado su precampaña lo único que comunica es prisa, miedo, nervios, una hiperactividad por tratar de armar un fondo inexistente. Parece que, a mitad de estas Navidades, alguien se dio cuenta y decidió levantar el pie del acelerador, porque como insinuó el otro día el gran Paco Mariño, estábamos a dos tuits de ver a la socialista lavando la ropa en el río.
Tiene una papeleta muy complicada de salvar Alegría, pero la sobreactuación no será ni mucho menos el remedio para intentar amortiguar el golpe. Después de ella vendrá María Jesús Montero, que sigue haciendo méritos para llegar desfondada antes de que se dé el pistoletazo. El PSOE de Sánchez está poniendo en los cajones de salida a caballos cojos. Andan obcecados en hacer una antología para que se estudie en las facultades de Políticas. Se barajan varios títulos. Qué hacer para hundir un partido. Manual de decadencia. Errores garrafales en campañas políticas. Quizás ese sea el gran plan de Sánchez. Irse completando una trilogía literaria. Yo ya me creo cualquier cosa.



