Hace unos tres meses, el que fuera profesor universitario Jim Lawley escribía en The Telegraph, en alusión a la “hostilidad” del Gobierno de España contra Israel, que “el asediado ejecutivo de coalición minoritario español” parecía “contento de haber descubierto finalmente un tema en el que puede contar con un apoyo popular abrumador”. Sánchez halló en la guerra de Israel en Gaza una manera de “salvar el pellejo”, según otro artículo del mismo diario británico, para ocultar de alguna manera la retahíla de casos de corrupción que acorralaban —y acorralan— al PSOE.
Aquella estrategia la resumió de esta manera Lluís Orriols, analista político de la Universidad Carlos III: “Enfrentarse a Israel y a Trump es una muy buena estrategia para Sánchez. Llena un vacío en una legislatura rota, donde no tiene mayoría para legislar o aprobar un presupuesto, y significa que puede aumentar su espacio electoral hacia la izquierda mientras le dificulta la vida a la oposición en la derecha”.
No es extraño, por tanto, que Sánchez se convirtiera ayer, martes, en el campeón de la dureza contra Trump en una reunión de líderes europeos que se convocó en el Palacio del Eliseo en París para definir la estrategia de los llamados “voluntarios para Ucrania” y que el presidente del Gobierno aprovechó para lanzarse contra Trump por el “precedente terrible” que ha sentado con el bombardeo sobre Venezuela y la captura de Nicolás Maduro y también para sobreactuar con su capacidad para pararle los pies a Estados Unidos: “No aceptaremos que amenace la integridad de Dinamarca”, dijo en alusión a Groenlandia, objeto del deseo del presidente norteamericano.
Una maniobra de “distracción”
A los propios socialistas que esperan un PSOE distinto al que ahora dirige Sánchez no les ha pasado desapercibida la estrategia de simular un pulso con Trump y discutir su política internacional. “Yo creo que todo esto le beneficia a Sánchez en el sentido de que distrae los temas gordos de aquí. Y también en el sentido de que ayuda a que haya un enemigo malvado contra el que tratar de unir”, dicen voces del PSOE críticas con el presidente del Gobierno.

A lo largo de este 2026, un año que Sánchez aspira a estirar políticamente al máximos, tendrá, al menos, dos desplazamientos a Estados Unidos. Serán, eso sí, bien entrado el año, en septiembre y en diciembre, y en ambos coincidirá con Trump, con quien ya chocó el pasado año tras rechazar en la cumbre de la OTAN que España aumentara hasta el 5 % de su PIB el gasto en defensa.
Sánchez y el contraste con la UE
Ahora los motivos para la discordia son mayores, puesto que Sánchez ha optado por entrar al trapo de la operación ordenada por Trump en Venezuela, una acción militar el presidente del Gobierno vio “a todas luces ilegal” y cuyo objetivo indisimulado es “apropiarse de los recursos naturales” de otro país.
Por eso Sánchez no dudó en condenar el ataque de EEUU sobre Caracas ni tampoco en defender el “orden internacional basado en reglas”, que es lo que permite que el mundo no se rija por “la ley de la selva”.
La postura del presidente del Gobierno de España contrasta con la templada, casi timorata respuesta de la Unión Europea, que optó por una tardía declaración (día y medio después de la captura de Maduro) en la que evitó criticar la operación militar de EE UU. Sánchez, que claramente ha desbordado esta templanza comunitaria, expresó que Europa “puede tener distintos matices” y defendió orgullosamente que “España ha ido más allá”.



