Opinión

Óscar Puente: un error humano dirigiendo un ministerio

Óscar Puente y Marc Giró, en la promo de 'Cara al Show'.
Óscar Puente y Marc Giró, en la promo de 'Cara al Show'.
Imagen de vídeo/laSexta
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Hace una semana publicamos en este blog un artículo titulado “El ministro que se quedó en el ascensor” después de que Óscar Puente hiciera un chascarrillo en televisión sobre las incidencias en Renfe. Este miércoles, entre Los Yébenes y Urda, en Toledo, ha vuelto a haber un accidente mortal en la Alta Velocidad Española. Esto es: en diez meses, circulando por la misma vía, han muerto españoles dentro de un tren. Aunque el propio Gobierno esté desde primera hora tratando de escurrir el bulto con la coartada del “error humano” (mientras acusa de carroñero y oportunista a todo el mundo), los datos son irrefutables, y quien los niegue y no vea en ellos una correlación con la catástrofe, simplemente está enfermo de sectarismo. Algo tiene que estar fallando para que un sistema ferroviario que era la envidia de Europa se haya degradado hasta el punto de convertirse en un caos constante.

Viajo todas las semanas por esa vía. La última fue el lunes. Llegué tarde a Sevilla y regresé tarde a Madrid. Perdí más de una hora y media de mi tiempo. Ya estoy acostumbrado a esos simpáticos mensajes predeterminados que te manda Renfe: “Hola Santiago, debido a limitaciones de velocidad temporales establecidas por ADIF, tu tren AVE XXXX circula con una demora aproximada de 43 minutos. Tiene prevista su llegada a la estación de Madrid Puerta de Atocha a las 19:14 horas”. Hasta hace poco el cabreo venía porque creíamos que viajar en tren en nuestro país era lanzar una moneda al aire y no saber a qué hora ibas a llegar a tu destino; ahora hemos constatado que, con la actual gestión, además, estás jugando a la ruleta rusa. Hay gente que no llega, que nunca llegará. Y hay gente esperándoles que nunca más lo recibirán, que se quedarán de por vida con los brazos abiertos.

El accidente de Toledo, que a todas luces va a superar en número de víctimas al de Adamuz, es la consecuencia de la tercermundización y la degeneración que cualquier usuario de los trenes ha podido ir comprobando paulatinamente durante estos años. Y voy a más: es el resultado de la nula autocrítica y la soberbia de un Gobierno incapaz gestionar otra cosa que no sea el relato y la división entre españoles. Esta tragedia se lleva mascando mucho tiempo con cada temblor en los vagones, con cada operario desbordado, con cada retraso, con cada parón en mitad de la nada.

Intentaron hacernos creer que lo de Adamuz era una suerte de infortunios en cadena, una nefasta casualidad fruto del azar que nada tenía que ver con la incompetencia tangible de los dirigentes. Tanto es así que conforme ha ido pasando el tiempo y sucediéndose los escándalos, la displicencia hacia las víctimas cada vez era mayor. Hasta este martes, ya no quedaba nada de aquel Óscar Puente acongojado que hablaba muy bajito y compungido y al que muchos compañeros de profesión decidieron alabarle que nos hiciera perder el tiempo moviendo papeles en interminables ruedas de prensa en la que en vez de dar la cara trataba de exculparse.

Con 46 muertos a la espalda, tardó apenas semanas en volver a operar como el ministro matón y pandillero, el troll bloqueador de las cavernas tuiteras que tuvo el santo cuajo de despachar lo de Adamuz diciendo que “él no soldaba las vías”. Es más, hasta ha tenido tiempo para ir postulándose como posible sucesor de Pedro Sánchez a la secretaria general del PSOE. La prueba inequívoca de su indecencia cristalizó el otro día en el programa de Marc Giró cuando se vio en la potestad de protagonizar un sketch en el que bromeaba con los accidentes en Renfe. Este, recordemos, es el señor que decía que la Alta Velocidad Española vivía el mejor momento de su historia. Decir esto con más de 100 personas muertas por la deplorable gestión de su ramo roza la psicopatía. Esa frase, junto a todas las perlas macabras que ha soltado este bulldog con traje, deberían figurar en la lápida de su tumba política.

Ya no hay campaña del amor que valga. Que sigan bailando, dándose besos y diciendo idioteces en podcast randoms. Esto ya va de la fuerza del dolor y la impotencia que nos provocan a todos los españoles las imágenes de ese vagón hundido sobre un terraplén, la de todas esas estaciones en las que los familiares buscan conocer el paradero de los suyos. Ese dolor y esa impotencia nos la han infligido estos canallas mediocres que han jugado a los numeritos en vez de gestionar. Que quede bien claro que lo de hoy no son cifras, son personas que esta mañana se han despertado vivas, con familia, con proyectos vitales. Y que quede cristalino desde ya que todos los expertos dicen que no hay fallo humano que no se pudiera evitar con un sistema a la altura. Podrán esforzarse en inventar las piruetas de compol que quieran, llamarnos carroñeros, fascistas y lo que les salga del algoritmo, pero no lo vamos a olvidar. El único error humano que ha provocado lo de hoy se llama Óscar Puente, y dirige un ministerio. Dimita. Dimita ya.