Suena populista, y lo lamento. Pero, cuando alguien se queja del mordisco de Hacienda, salen esas almas dudosamente cándidas (pongamos que hablo de la izquierda) con que no sea facha y que eso va a “sanidad” y a “educación”. ¡Claro! Y también a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y a las infraestructuras, y a…. ¡Si el problema no es este! El problema es que hay demasiado dinero público despistado por ahí. No soy la única con la sensación de que corre demasiada plata que no necesitaba salir de nuestros bolsillos. Plata sobre la que nosotros, los que pagamos, tendríamos también muchos planes si nos la dejaran quedar. ¡Ah, el dinero público! Ese que Carmen Calvo aseguraba que no era de nadie.
Pues el dinero público que no es nadie, que no necesitábamos aflojar, es el origen de la corrupción. Y gracias al gobierno de Sánchez llevamos unos añitos con los ojos haciendo chiribitas por el menudeo de money (sobres, generosos alquileres para incrustados y amigas, empleos públicos para trabajadoras púbicas, cenas pantagruélicas en diversas localidades a la vez…) y el ya más mayorista que es la parte del león de lo que no sabemos. Y cada día una información nueva. Hoy me entero de que la UCO investiga si el tal Koldo envió dinero a Rumanía a través de una amiga entrañable. Un no parar.
Déjenme que les hable un poco de Cataluña. De lo que nos mola enterarnos de estas cosas a quienes vivimos en una de la comunidades con más y más elevados impuestos. De la ilusión que nos hace, por ejemplo, leer noticias como esta: la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) ha denunciado que, a pesar de otras necesidades imperiosas, el Govern del PSC ha priorizado la introducción de máquinas de depilación láser en ciertas cárceles para garantizar el derecho de los internos trans e intersexuales a estar como pinceles. Pero esto es sólo un aperitivo. Este Govern nuestro publicó ayer las subvenciones de este año a la cooperación internacional. Agárrense: decenas de millones de euros de los contribuyentes catalanes que se destinarán a los más delirantes proyectos.
Empecemos por uno que también incluye trans (¡qué caro nos sale lo que no existe!): para “resistencias en red de mujeres, lesbianas, bisexuales y personas trans colombianas y migradas venezolanas ante las violencias machistas y por prejuicio en Colombia 852.686 eurillos. Les pongo dos más de Colombia: para el programa “Las economías sociales para la paz en el Noroccidente colombiano: por una apuesta territorial para la reincorporación sostenible y la justicia social” 999.695 euros del ala, y 652.677 para el de “Derechos que atraviesan muros: transformación del sistema carcelario y penitenciario hacia una sociedad de cuidados en el marco de la garantía de los derechos humanos de las mujeres colombianas.”
Esperen porque, en Palestina, que quizá tenga alguna necesidad más imperiosa, algunos estarán felices de contar con un millón de euros para el programa “Reparar para vivir: mujeres y comunidades en resistencia feminista en Jenin (Cisjordania). Volviendo a Hispanoamérica, sepan que los “pueblos originarios” de Guatemala y México van a llevarse 953.501 euros para el programa “mujeres y juventudes defendiendo la memoria, la verdad y la justicia para la construcción de la paz”.
En Centroamérica también tenemos otro con perspectiva “feminista e interseccional” para los derechos humanos de mujeres, adolescentes, niñas y sus familias en movilidad en la frontera entre Guatemala y Chiapas que promueva una vida libre de violencias machistas y la garantía de sus derechos sexuales y reproductivos. Casi un millón, también. Otro muy necesario en Mozambique. De nombre “Ntamu Wassati-2”, está dedicado a “mujeres empoderadas, organizadas y fortalecidas, que rompen brechas de género y ejercen su derecho a una vida libre de violencia”. Se lleva otro millón de euros.
Les he mencionado sólo 6 ejemplos de los 37 beneficiarios de subvenciones rondando el millón por programa a cuál más insensato. Pero pueden consultarlos ustedes mismos aquí. Está en catalán pero muy fácil de leer. No podrán creer el despiporre de dinero que no llegará ni mucho menos entero a sus destinatarios, sino que se quedará en las nóminas de muchos espabilados, normalmente relacionados con algún partido político o con algún conocido de la izquierda, que han montado ellos mismos lo que Inés Arrimadas denominaba con tanto salero “chiringuito”.
Vamos que, ni educación ni sanidad ni nada de nada. Recuérdenlo cuando vuelvan a pagar la renta.



