Opinión

Sánchez: príncipe de la incertidumbre

Pedro Sánchez - defensa - OTAN
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Una semana antes de que José Luis Ábalos y Koldo García pasaran su primera noche en Soto del Real, Emiliano García-Page jugaba a ser Nostradamus y profetizaba elecciones generales en 2026: “Veo a bastante gente de mi partido calentando por la banda”. Este jueves, mientras el magistrado del Supremo Leopoldo Puente redactaba el auto de envío a prisión preventiva sin fianza para el exsecretario de Organización del PSOE y para el que fuera su fiel escudero, el presidente de Castilla-La Mancha, junto a Felipe González, Alfonso Guerra, Susana Díaz o Juan Lobato, el Team Rebelde-Pero-Lo-Justo, participaban en el homenaje que se le brindó al difunto Javier Lambán, requiescat in pace, en el Senado. De nuevo, me viene a la cabeza el viejo himno del genio de Duluth: “Something is happening here and you don’t know what it is, / do you, Mr. Jones?”.

Algo bulle, algo se mueve, y nadie sabe del todo bien qué. La tiránica acepción que define la “economía” como la “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos” constriñe a un Pedro Sánchez que contempla cómo los peones perdidos previa amortización amenazan con reventar el tablero desde fuera de la partida. Ábalos, Koldo y Víctor de Aldama opositan a manteros. El tercero busca cercar a Víctor Ángel Torres, el segundo rechaza poner la mano en el fuego por el presidente y la “presidenta” (Patxi López dixit) y el primero apunta a la reina. “Investigar a Air Europa sería abrir el melón, ahí podemos llegar a Begoña. Podemos llegar bien llegados”, ha declarado en una entrevista concedida a El Mundo.

El 5 de noviembre, el juez Peinado rechazó el archivo de la causa contra Begoña Gómez y, de propina, imputó a otro alto cargo de La Moncloa; del 9 al 14 de febrero, el hermanísimo David Sánchez será cabeza de cartel en la Audiencia Provincial de Badajoz. La otrora diestra del presidente se ha convertido en el primer diputado en activo que es carne de trullo y en un incordio parlamentario –aún más– jodido: deja un escaño vacío, pero mantiene el acta y altera la composición de las mayorías. La abstención del puigdemontonerismo dejaría empatados los dos bloques: 171 de PP, Vox y UPN, por un lado; por otro, 171 de PSOE, Sumar, nacionalistas y derivados.

Ahora bien, que nadie se haga ilusiones: yerran quienes, pese a todo, den por muerto a Sánchez. Un tipo que, como apuntó Ignacio Varela, “se caracteriza por seguir caminando allí donde cualquier otro se habría detenido”. El líder del Ejecutivo es un paladín del Socing para el que “la guerra es la paz; la libertad es esclavitud; la ignorancia es fuerza” y un maestro del doblepiensa que niega, como aseguró en el pleno del 12 de noviembre, “que las mayorías absolutas en este Parlamento traigan mayor estabilidad”, mientras una cebada legión de palmeros le secundan cada vez que sentencia que dos y dos son cinco. Un príncipe de la incertidumbre que, presuntamente –siempre presuntamente–, siguiendo a Maquiavelo, ascendió al principado “por un camino de perversidades y delitos”. Como Agátocles, rey de Siracusa. Escribió el genio florentino: “Si se examinan el valor de Agátocles al arrastrar y salir triunfante de los peligros y su grandeza de alma para soportar y vencer los acontecimientos adversos no se explica uno por qué tiene que ser considerado inferior a los capitanes más famosos”. Igualito que el yerno de Sabiniano, el de las saunas.