Ada Santana (27 años) es diputada por Las Palmas de Gran Canaria y uno de los rostros más jovenes del hemiciclo. Una socialista que despunta, y que al acabar los plenos se graba con vídeo y los sube a las redes sociales para acercarse a los mas jóvenes. Se declara feminista y no cree que su edad esté siendo un obstáculo en sus tareas en la Cámara Baja, aunque sus errores le puedan penalizar más que un compañero de mayor edad.
Nacida en 1998 en Las Palmas, graduada en Derecho y con un máster en Abogacía, se implicó muy pronto en la política, y a los 18 años ya militaba en las Juventudes Socialistas en Canarias, al tiempo que era presidenta del Consejo de Estudiantes de la Universidad. Ha sido presidenta de la Federación Mujeres Jóvenes a nivel nacional, consolidando su perfil ligado a la defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad.
Su compromiso con la política a tan temprana edad le ha condicionado. No se siente excluida por otros diputados pero reconoce que tiene un “efecto positivo y negativo”. Por un lado, le permite conectar con la juventud y convertirse en un referente para nuevas generaciones, especialmente en espacios como institutos o foros educativos, a los que intenta ir cada vez que puede para dar charlas. Por otro, implica una mayor exposición y exigencia ya que, como señala, cuando una persona joven comete un error “es como si lo estuviera cometiendo toda la generación”.

En el ámbito parlamentario, Santana mantiene su presencia en diversas comisiones, con especial responsabilidad en materias relacionadas con trabajo, seguridad social, juventud e igualdad. Como portavoz adjunta en la Comisión de Trabajo, participa en debates sobre empleo y protección social, mientras que su implicación en la Comisión de Igualdad y en la subcomisión del Pacto de Estado contra la Violencia de Género refleja su compromiso con las políticas feministas.
Entre las iniciativas en las que ha participado, destaca su implicación en el desarrollo del Estatuto del Becario, una norma orientada a regular las prácticas no laborales, así como una propuesta propia presentada en la Comisión de Juventud e Infancia sobre la violencia sexual en apps de citas, que fue aprobada.
Santana ofrece una reflexión crítica sobre la relación entre juventud y política. A su juicio, el problema “no” es la falta de interés de los jóvenes, sino la distancia existente entre las instituciones y el colectivo. “Les preocupa la vivienda, la precariedad laboral, el medio ambiente, la salud mental o el feminismo”, afirma.
En este contexto, destaca el papel de las redes sociales como herramienta para acercar la política -ella misma se graba vídeos para ello-, aunque advierte de sus riesgos, especialmente en términos de polarización y desinformación. “La participación juvenil ha cambiado y no puede analizarse con los mismos parámetros que en décadas anteriores”, arguye.

En cuanto al funcionamiento del Congreso, Santana reconoce que es un mundo aparte, especialmente en lo relativo a los horarios y la organización de los plenos. “No estoy todo el rato en el escaño”, confiesa con una sonrisa, aunque defiende la importancia de los plenos. “Hay que estar”, añade a renglón seguido.
Como el resto de sus compañeros en el hemiciclo, sea del color político que sean, ella también reivindica la política. Y tira para su tierra, a donde se marcha cada vez que concluye la actividad legislativa. Una vez aterriza en Gran Canaria, su plan perfecto es estar con amigos y el pádel, aunque “tampoco soy una loca de la raqueta”, bromea.
“La política debe servir para cambiar la realidad en un sentido positivo”, afirma. Y cree que en el Congreso se consigue, aunque el ruido parece que lo ocupa todo. “Estoy aprendiendo bastante”, destaca. Y vuelve a referirse a los jóvenes: “Deben implicarse en aquello les preocupa, sin prisas y dede el compromiso. Así lograremos una participación política más amplia y diversa”, sentencia.
