“Los españoles somos gente que enterramos muy bien”. Una de las frases míticas con las que Alfredo Pérez Rubalcaba se despidió de la política institucional (2014) resonó el miércoles en los pasillos del Congreso de los Diputados.
Con todos los focos puestos sobre la desclasificación de los documentos del 23-F, Yolanda Díaz comunicó su decisión de no postularse a revalidar el liderazgo de su espacio político. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, que sí seguirá en el Gobierno hasta las elecciones generales, anunció a través de una carta que tiraba la toalla, borrándose de la escena en la que los partidos de Sumar (IU, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar) representan estos días la refundación de su espacio político. Ella no asistió a la “puesta de largo” de su propuesta.
Las alabanzas a Díaz por su desempeño como ministra de Trabajo fueron unánimes en su espacio. Antonio Maíllo, líder de IU, es el único dirigente que ha cuestionado abiertamente que siga al frente de Sumar. Y este miércoles ha alabado su renuncia, que considera una demostración de “generosidad y coherencia”.
Los ministros de los distintos partidos de Sumar hicieron lo propio: “Gracias Yolanda por tu compromiso y haber estado a la altura a la hora de comparecer en nuestra cita con la historia” (Mónica García, Más Madrid); “Muchas gracias por hacer posible lo imposible y defender como nadie los derechos de la mayoría trabajadora” (Pablo Bustinduy, sin carnet de partido); “Nos queda mucho por hacer. Siempre contigo, compañera” (Ernest Urtasun, Comunes-Movimiento Sumar); “Gracias, Yolanda, por poner a las personas trabajadoras de este país por delante”, Sira Rego (IU).
Fuera de cámara, los suyos también bendicen este gesto: “Humanamente lo entiendo, políticamente lo agradezco”, afirma una dirigente de su espacio. La misma que destaca su “premura”. Y que haya comunicado sus intenciones de la manera “más decente, transparente y rápida posible”. Entiende que así demuestra que no tiene apego al sillón, y facilita “despejar dudas” sobre el futuro del nuevo proyecto. “Seguirá acompañándonos en todo”, vaticina.
Díaz lleva tiempo meditando esta decisión, aunque dejando “migas de pan” que conducían directamente a este desenlace, como señala otro dirigente. La publicación de una foto junto a su hija en redes sociales, hace dos fines de semana, encendía las alertas de otro cuadro de Sumar: “Se vuelven a Galicia”, anticipaba.
Por entonces, ni él ni la inmensa mayoría de mandos de su espacio conocían sus intenciones. Tampoco su equipo en Trabajo. Hay dirigentes con galones y cargos de peso en los Ministerios que reconocen haberse enterado esta misma mañana. Algunos, después de que la decisión fuera voxpopuli.
La propia Díaz informó con un mensaje a la cúpula de su partido después de que los medios se hicieran eco de la noticia, disculpándose por su discreción. Hace apenas dos semanas, desde su entorno afirmaban que aún no tenía claros sus pasos, y hasta que no descartaba ningún escenario.
Ella no ha aclarado cuándo resolvió no dar esta batalla. Pero la dureza de una legislatura de discontinua mayoría parlamentaria, la incapacidad para aprobar la reducción de la jornada laboral -su propuesta estrella-, o los golpes en el plano personal, han hecho mella en la vicepresidenta.
La muerte de su padre, Suso Díaz, con el que tenía una estrechísima relación, no le impidió estar presente en el Congreso un día después (9 de julio), durante una comparecencia del presidente del Gobierno. Se emocionó al recibir numerosos gestos de empatía. Y, aunque les restaba importancia, los ataques de Podemos no han cesado desde octubre de 2022, cuando diagnosticaron que no respetaría las lindes del camino que habían trazado para ella.
“No queríamos una guerra civil por la candidatura”
Más allá de honrar a la mujer que encabezó las listas de Sumar el 23-F, cuando lograron los votos necesarios para revalidar el Ejecutivo de coalición, hay alivio entre dirigentes porque Díaz haya optado por dar este paso. Las presiones para que se descartase a futuro eran más que evidentes, y llegaban desde distintos frentes.
“No queríamos una guerra civil por la candidatura”, explica un dirigente. El mismo que considera una “buena noticia” el movimiento de la vicepresidenta. “La persona que venga no tiene que dar un codazo para entrar, el hueco está abierto”, abunda. Desde hace meses, la incógnita sobre la voluntad de Díaz era el elefante en la habitación de su espacio político.

De hecho, si hubiera optado por intentar revalidar el liderazgo, lo habría hecho sin ninguna garantía de éxito, como reconocen en sus filas. La lectura de que esto favorece al proceso de reconstrucción es común. Tanto como los aplausos a la vicepresidenta por la reforma laboral, los ERTE desplegados durante la pandemia o las reiteradas subidas del SMI, que ella ha capitalizado.
No hay un claro candidato a relevarla, “todavía”. “Ni siquiera una liga de posibles”, explican. El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, es quien suena desde hace meses como potencial sucesor.
Figuras de todos los partidos de Sumar coinciden en que es quien mejor ha sabido aprovechar sus competencias, quien enarbola un mejor discurso y una de las mentes más lúcidas de la izquierda. Gozaría del respaldo mayoritario, aunque él mismo se ha descartado en varias ocasiones. Como apostilla un dirigente, fue antes de que Díaz renunciara a dar esta batalla. Cuando el camino aún no estaba despejado.
“Yolanda ya había dado un paso al lado”
En el corto plazo, la decisión de Díaz no necesariamente implica cambios de calado a la interna. Un dirigente recuerda que ya había dado “un paso al lado” en Movimiento Sumar, el partido que aspiraba a aglutinar al resto de formaciones bajo las siglas Sumar, y que finalmente se ha convertido en uno más en sus filas.
Con la diferencia de que prácticamente no tiene implantación territorial, más allá de territorios como Euskadi. Díaz soltó las riendas -de forma testimonial- después del fiasco de las elecciones europeas de 2024, cuando dimitió como coordinadora tres meses después de haber accedido oficialmente al cargo.
Tampoco estaba en la mesa de negociación de los partidos políticos, y ni siquiera participó en el acto de presentación del embrión de candidatura para las próximas generales, el sábado. Hubo quien interpretó este gesto como una renuncia a seguir postulándose.
Y hasta quienes, escasos días antes de este evento, destacaban la “desastrosa” gestión interna de la vicepresidenta. Su mal desempeño como líder orgánica. Se había refugiado en las tareas de Gobierno. Huía de cualquier cuestión relacionada con los partidos, y siempre potenciaba su faceta gestora e institucional. Los suyos se lo afeaban, pero este miércoles han optado por poner el foco en lo positivo. Rubalcaba dixit.
