Mientras gran parte de las familias reales europeas se daba cita en Estocolmo para un encuentro de alto nivel, la reina Letizia ha decidido mantener su agenda orientada a la realidad social de España. Este jueves, la agenda real se ha trasladado al barrio de Vallecas, en Madrid. Allí, en la sede central de la Fundación Secretariado Gitano (FSG), la Reina ha reafirmado un compromiso personal que se remonta a sus primeros años en la institución.
Una apuesta por la educación y el empleo
Acompañada por el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, Doña Letizia participó en una mesa de diálogo en la que se abordaron temas relevantes de la actualidad para el pueblo gitano. Bajo la moderación de Celia Gabarri, ocho mujeres gitanas compartieron sus historias de vida, que son, en esencia, la historia de una España en transformación.
El encuentro permitió visibilizar perfiles opuestos pero unidos por el mismo hilo conductor: la superación del estigma. Desde testimonios de mujeres que comenzaron en la venta ambulante a los trece años hasta la realidad de Nazaret Borja, una joven programadora informática que representa la nueva generación de profesionales gitanas cualificadas. Durante la charla, la reina subrayó que la educación es la herramienta definitiva para romper las barreras de la desigualdad de género y de la exclusión que todavía afectan a más de 700.000 personas en nuestro país.
Diecinueve años de “caminar juntas”
Para entender la importancia de este encuentro, es necesario mirar hacia atrás. La relación de Letizia con el pueblo gitano no es una estrategia de comunicación reciente. La reina comenzó este vínculo en 2006, durante una audiencia en Zarzuela cuando aún era princesa de Asturias. Desde entonces, ha mantenido un contacto directo con la FSG, incluyendo llamadas personales durante los meses más duros de la pandemia para conocer el impacto de la crisis en las familias más vulnerables.

Sara Giménez, directora de la FSG, destacó el agradecimiento del colectivo: “La sentimos cerca“, afirmó, reconociendo que el apoyo de la Corona es un altavoz fundamental para denunciar que el 60% de las mujeres gitanas se encuentran actualmente en situación de desempleo, una cifra que contrasta con los “grandes avances” logrados en materia de acceso a la vivienda y derechos sociales.
Un cierre cargado de simbolismo
La visita concluyó con un café gitano, un espacio distendido donde la rigidez del protocolo se diluyó entre charlas y música. El broche de oro lo pusieron Sonia Cortés y Basilio Escámez, quienes interpretaron “Sin miedo a la libertad“, una pieza de Antonio Remache que se ha convertido en el himno oficioso de la mujer gitana.
Antes de marchar, la reina recibió una placa con el mensaje “Latcho Drom” (buen viaje en caló). Con este acto, Letizia no solo cierra su agenda semanal, sino que envía un mensaje claro: en el 600 aniversario de la llegada del pueblo gitano a España, la Corona apuesta por una inclusión que no sea solo una declaración de intenciones, sino una realidad basada en el derecho a un empleo digno y en la visibilidad cultural.
