Al otro lado del teléfono, la voz de Francisca “Paca” Sauquillo (Madrid, 1943) suena tan firme como aquel histórico “no” que defendió en el referéndum del 12 de marzo de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN. “Mantener una postura contraria a la Alianza Atlántica siendo senadora socialista supuso un momento de mucha tensión”, dice esta abogada, política y activista madrileña nacida en 1943.
El Gobierno de Felipe González promovía el “Sí”, y Sauquillo se situó en el ala pacifista y crítica del partido. “Fue un acto de integridad. Aunque supusiera un riesgo dentro del PSOE, era imposible callar frente a la militarización y el peligro nuclear”, recuerda Sauquillo. “Con los años, supe que el propio González elogió mi coherencia”.

Su posición le supuso tirantez interna y aislamiento en ciertos círculos, pero también consolidó su reputación ética y fortaleció sus lazos con colectivos ecologistas, feministas y pacifistas que valoraban la coherencia por encima de la disciplina partidaria.
Una vida defendiendo la justicia
La trayectoria de Sauquillo está ligada a la lucha contra la injusticia y la defensa de los derechos humanos. Durante la dictadura participó en el movimiento laboralista y vecinal, y sufrió la pérdida de su hermano y su cuñada en el atentado de Atocha en 1977, un episodio que dejó una dolorosa herida en su vida y en la historia de España.
Tras la transición, Sauquillo presidió el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL) y formó parte de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas (CEOP), plataformas que unieron a sindicatos, partidos de izquierda y grupos emergentes como ecologistas y feministas para impulsar el “No” a la OTAN. “El pacifismo español estaba tomando forma, y las mujeres ocupábamos un espacio central como promotoras de la paz y un bienestar social basado en valores”, comenta.
Olof Palme y la neutralidad activa
El pensamiento de Sauquillo se vio influido por líderes internacionales como Olof Palme, primer ministro de Suecia. “Él era defensor de la neutralidad activa, el desarme nuclear y la distensión entre bloques militares”. Todavía hoy mantiene en pie las ideas que compartió con el líder sueco. “La paz no se garantiza con armas ni alianzas militares, sino con principios claros. La paz depende de la coherencia ética de los Estados y de la sociedad civil. Su ejemplo me acompañó en la campaña del ‘No’ y sigue inspirando mi activismo”, asegura.

Como diputada, senadora, eurodiputada y presidenta del MPDL, a lo largo de su carrera, Sauquillo ha mostrado el mismo interés por la política institucional que por la acción humanitaria. Ha liderado proyectos de cooperación internacional y asistencia a víctimas de conflictos armados. Entre ellos destacan iniciativas como “Los niños rotos”, que proporcionaba prótesis a menores mutilados por minas antipersona en El Salvador, y programas de acogida y asesoría jurídica para personas migrantes y solicitantes de asilo en España.
Durante la guerra de la ex Yugoslavia, participó en la Caravana por la Paz, y trabajó directamente con víctimas en Croacia, Bosnia y Serbia. También formó parte de tribunales que reconocieron la violación como arma de guerra. “Estos avances internacionales en derechos de las mujeres están retrocediendo en regiones como Ucrania y Gaza a causa de las guerras”, advierte con tristeza.
Sauquillo: “Solo veo división”
Hoy, a sus 82 años, Sauquillo reflexiona sobre la paz en un mundo cada vez más complejo. Frente a la escalada de conflictos en Oriente Próximo, Asia Central o América Latina, denuncia que la OTAN no promueve el bienestar ni una paz real. “En todos estos años se han sumado países, pero no ha sido capaz de avanzar en una educación en valores que sostengan el estado de bienestar. No existe tampoco un movimiento pacifista a nivel global como sí hubo en los ochenta. Solo veo división”.

Durante la conversación, recalca el papel crucial de la sociedad civil y de las mujeres en la prevención de la violencia y la construcción de la paz: “Somos nosotras quienes sostenemos la vida, cuidamos, protegemos y prevenimos la violencia en nuestras comunidades. Las mujeres iraníes tienen un papel activo y me apena lo que está sucediendo. Ellas han manifestado que la defensa de sus derechos no se consigue con guerra, que la violencia solo trae violencia”.
“La paz es mucho más que la ausencia de guerra”
Sauquillo no puede ocultar su indignación por los ataques a escuelas en Irán y por el sufrimiento de la población civil en Gaza e insiste en que las guerras afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas. “La paz es mucho más que la ausencia de guerra. Incluye respeto, defensa de los derechos y sociedades libres, diversas e inclusivas. Esa es la tarea que tenemos por delante, y no podemos dejarla solo en manos de los gobiernos ni de las instituciones internacionales. Todos y todas debemos construirla”.
Ha trabajado en muchas zonas de conflicto y está convencida de la importancia del liderazgo femenino en la paz. Las mujeres, dice, a menudo cargan con los impactos más directos de la violencia, pero también ejercen un rol transformador en la reconstrucción social y la mediación local. Desde la negociación de corredores humanitarios hasta la creación de redes de apoyo comunitario, las mujeres desempeñan un papel central en prevenir la escalada de conflictos.

“No habrá paz mientras una sola mujer sea víctima de violencia de cualquier Estado o de violencia machista en contextos de guerra”, expresa con firmeza. Apela, además, a la resolución 1.325, que marcó un hito al reconocer el papel de las mujeres en la prevención de conflictos, las negociaciones de paz y la reconstrucción posterior a las guerras. “No se aplica. A los señores de la guerra solo les interesa el dinero y el territorio. Desde esa perspectiva, las mujeres y los niños son los más vulnerables”.
A lo largo de más de cinco décadas, Sauquillo ha demostrado que la coherencia ética y la acción social pueden caminar de la mano. Desde la campaña del “No” a la OTAN hasta su trabajo con refugiados, víctimas de guerra y comunidades vulnerables, ha mantenido un compromiso constante con la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz. “Es un bien común. Me gusta ser optimista, pero, cuarenta años después de aquel referéndum, estoy muy preocupada. La guerra no libera a las mujeres de su opresión. Es una vuelta atrás”, concluye.
