La salida de Javier Ortega Smith de Vox deja a el presidente de la formación, Santiago Abascal, como el único de los fundadores que permanece en la dirección nacional, tras años de salidas y ceses que han ido reduciendo el núcleo original del partido.
Su expulsión fue motivada por su negativa a acatar el cese como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. Desde la dirección se argumenta que el aún concejal y diputado nacional desobedeció una orden directa del Comité Ejecutivo Nacional, lo que constituye una falta grave susceptible de expulsión definitiva. Sin embargo, el choque no es un hecho aislado, sino el desenlace de una relación deteriorada durante años.
Las purgas en Vox, Caídos por Dios y por España…. pic.twitter.com/KVgbFfkV7X
— L.Bernaldo de Quirós (@BernaldoDQuiros) November 5, 2025
Ortega Smith había sido uno de los rostros más visibles de Vox desde su fundación y uno de los cuatro pilares que impulsaron el partido en su salto a la primera línea política en 2018. No obstante, su caída fue progresiva. En 2022 fue cesado como secretario general, cargo que ocupaba desde 2016. En 2024 perdió la vicepresidencia del partido y, en enero de 2025, quedó relegado a vocal. A finales de ese mismo año ya estaba fuera de la dirección.
En paralelo, fue apartado como portavoz adjunto en el Congreso, perdió la titularidad en comisiones clave y cambió su ubicación en el hemiciclo, desplazado a los escaños del fondo, lejos del liderazgo.
Las tensiones no eran nuevas. Ortega Smith había criticado públicamente la “democracia interna” del partido, calificándola de “manifiestamente mejorable”, y denunciado un trato “injusto” y “arbitrario” por parte de la dirección. En su entorno se percibía un alejamiento del proyecto original, con reproches hacia lo que consideraba una estructura excesivamente centralizada.

En su primera intervención tras la apertura del expediente de suspensión cautelar, el propio Ortega Smith aseguró que tiene “la conciencia muy tranquila” y defendió que ha actuado “con honradez, con lealtad, con patriotismo, con coherencia” desde la fundación del partido. Acusó a la dirección de inventar “mentiras” y “excusas” para justificar ceses “injustificados” y advirtió de que recurrirá a los mecanismos internos y, si fuera necesario, a la jurisdicción ordinaria porque su “honorabilidad no está en venta”.
Más salidas: De Olona a Ruben Manso
La caída de Ortega Smith no es un caso aislado. Antes que él, otros dirigentes destacados fueron apartados o abandonaron el partido en medio de críticas. Iván Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Rocío Monasterio o Víctor Sánchez del Real figuran entre los nombres más conocidos. También Juan Luis Steegmann denunció en su carta de dimisión una deriva “antiliberal y neofalangista” en la formación. A ellos se suman otros perfiles relevantes de los primeros años, como Mazaly Aguilar, Juan García Gallardo o Rubén Manso.
Macarena Olona fue una de las primeras en verbalizar públicamente la falta de democracia interna. Afirmó que la crítica se equiparaba a la deslealtad y que se activaba “todo un aparato” contra quien discrepaba. Rubén Manso, por su parte, habló de una facción de corte más duro que habría tomado el control del partido. Rocío Monasterio, tras su destitución como portavoz en la Asamblea de Madrid, denunció igualmente la falta de democracia interna y dejó su acta.
En este contexto, la dirección de Vox se ha ido consolidando en torno a figuras leales a Abascal, como Ignacio Garriga y Jorge Buxadé, junto a otros vicesecretarios de confianza. La estructura actual refleja una reorganización que, según sus críticos, ha reducido los espacios de discrepancia. Abascal, por su parte, ha respondido a la expulsión de Ortega Smith con firmeza. “La dirección toma las decisiones y es la dirección la que manda. Y eso va a seguir siendo así”, afirmó al ser cuestionado por el caso.
Abascal, preguntado por la posibilidad de que el exsecretario general no entregue su acta, fue tajante: “No temo a nada ni a nadie”. Con estas palabras, el líder de Vox quiso transmitir una imagen de control absoluto y continuidad del proyecto. Desde 2018 hasta hoy, los fundadores y primeros espadas han ido abandonando la primera línea, voluntaria o forzosamente, en medio de tensiones sobre el rumbo estratégico y la gestión interna. Con la salida de Ortega Smith, desaparece el último referente fundacional que mantenía un perfil crítico desde dentro.
