Acotar los episodios de violencia en Barcelona y Bilbao y perimetrarlos únicamente en estos territorios. El Gobierno y el PSOE se aferran a su hoja de ruta para las elecciones generales del 29-N, y aspiran a que los disturbios y saqueos en Cataluña y Euskadi no impregnen la campaña de su candidato, Pedro Sánchez.
El Ejecutivo muestra su preocupación por la actuación de PP y Vox tras estos episodios de violencia; culpan abiertamente y sin pruebas al presidente del Gobierno. Fuentes de Moncloa reconocen su malestar por estas acusaciones, porque creen que persiguen alterar el clima de precampaña: “Tememos que eso es lo que pretende la ultraderecha, que ahora mismo incluye a PP y a Vox”.
“Tiene que haber líneas rojas”, sostienen, y las declaraciones de estos partidos “no contribuyen a contener y controlar la violencia”. “Es una barbaridad, es pasar todas las líneas, acusar al presidente de instigar la violencia”, afirma un segundo interlocutor del Ejecutivo. “[Alberto Núñez] Feijóo se califica sólo”, inciden.
Perciben a sus rivales “nerviosos”, y contraponen “la alegría y la esperanza” de su campaña al “odio, miedo, oscuridad y violencia” que sitúan como ejes del discurso de estos partidos. Hoy aventuran que los caminos de la campaña no discurrirán por estos derroteros -“no se lo va a permitir la ciudadanía”-, y que estos disturbios no se mezclarán con las protestas ciudadanas legítimas que estas semanas han vuelto a cobrar protagonismo. Entienden que este es el objetivo de las formaciones de derechas.
Por más que les preocupe este “fenómeno”, se niegan a “comprar” la premisa de que estos actos cambien las perspectivas de cara a la huelga general del 11 de noviembre, centrada en las dificultades para acceder a la vivienda. Como admiten en el Ejecutivo, la huelga “condiciona” la celebración de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, en la que se votarán los decretos de vivienda pendientes -tienen de plazo hasta el 12 de noviembre-. Y les ayudará a mantener las políticas de vivienda en el centro del debate público.
También dicen estar “convencidos” de que esta protesta discurrirá “con toda la normalidad y el civismo”. Y advierten de que, si en paralelo se promueven “convocatorias de violentos y delincuentes”, las fuerzas y cuerpos de seguridad “intervendrán”. Que la seguridad y el orden público se conviertan en ejes clave de la campaña es una opción que hoy no quieren contemplar, porque saben que es un terreno en el que PP y Vox se mueven más cómodos.
Marlaska, sin agenda desde el jueves
Los disturbios en Barcelona se registraron el sábado; los de Bilbao, el lunes. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no ha tenido agenda pública desde el jueves de la semana anterior, ni tiene ninguna previsión para este miércoles. Tampoco el presidente o sus primeros espadas han visitado el epicentro de los disturbios para conocer los daños sobre el terreno, como sí prevé hacer el candidato del PP, que ha movido su agenda de precampaña a Barcelona este miércoles.
En lo que toca a Cataluña, distintas voces del Gobierno se remiten a las explicaciones de la Generalitat de Salvador Illa (PSC), que además comanda a los Mossos d’Esquadra. En Euskadi, donde los socialistas gobiernan con el PNV, ponen el foco en el Ejecutivo vasco y la Ertzainza. “Los Mossos y la Ertzainza han hecho declaraciones sobre cómo se están mirando [investigando] las redes”. “Han pasado hace horas los hechos”. Y destacan que quienes investigan, de momento, son ambas policías autonómicas.

El portavoz parlamentario socialista, Patxi López, también protagonizó entrevistas este martes en su región natal. Poco después, en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, en Madrid, la ministra Elma Saiz insistió en que los hechos se están investigando, y cargó contra las formaciones de derechas por intentar pasar la factura política de estos hechos al Ejecutivo.
Desde el Gobierno recuerdan que en Barcelona inicialmente había prevista una protesta por la educación, y que por tanto se proyectó un despliegue policial adecuado a este escenario; en Bilbao estos disturbios estallaron después de otra acción reivindicativa contra la presencia del agitador Vito Quiles. Las dos convocatorias han dejado rastro en grupos de mensajería y redes sociales, y en el Gobierno destacan que ambas tienen un carácter distinto a las movilizaciones pacíficas y legítimas de unas horas antes.
El malestar en Moncloa con los conservadores es considerable. En una campaña en las que creen que no están siendo capaces de marcar su propio ritmo y discurso, les afean que incluso pusieran en duda que el Ejecutivo rechaza estos actos de violencia. “¿Cómo se puede dudar de que el Gobierno de España condena la violencia?”.

El comodín Lula
El martes, el PSOE no había previsto actos de precampaña de Sánchez, por lo que el candidato socialista se quedó sin responder desde un atril al líder del PP. En sus filas insisten en que no van a salirse del guion, que reconocen manejar con secretismo –“el elemento sorpresa es importante”-. Y por eso miden con cautela cómo abordar este frente abierto. Como hacen, también, ante cualquier mención a la corrupción, que hoy perciben como su talón de aquiles por las causas judiciales abiertas.
Con la vista puesta en el resultado de las elecciones en Israel (la madrugada del miércoles) para coger algo de impulso, en el Ejecutivo reconocen que el escenario internacional sigue siendo clave para convencer de su capacidad de remontar en las encuestas.
En este punto, la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones brasileñas del domingo fue un pequeño balón de oxígeno para los socialistas. Hoy incluso se abren a aprovechar la previsible presencia del presidente electo en la XXX Cumbre Iberoamericana de la próxima semana, en Madrid, para aferrarse a su caso como ejemplo de que esta remontada es posible. Un mitin Lula-Sánchez, dos líderes que ya han mostrado previamente su sintonía, tampoco se descarta, aunque son pocos los interlocutores con conocimiento de la estrategia del presidente que están dispuestos a avanzar alguno de sus pasos.

