La decisión ya está comunicada y llega en forma de carta política, personal y programática. Yolanda Díaz ha anunciado que no será candidata en las próximas elecciones generales de 2027 y que tampoco encabezará el próximo ciclo del espacio que suceda a Sumar, al menos en términos de candidatura. Lo hace con un mensaje en el que mezcla balance de gestión, defensa del Gobierno de coalición y una retirada parcial del foco electoral para “acompañar” lo que venga después.
La frase que resume el movimiento político de Yolanda Díaz es también la que da sentido a su mensaje: “Quiero también dar espacio y tiempo para que lo que está naciendo corra con la fuerza que merece, y acompañarlo, cuidarlo, impulsarlo con toda mi energía y con la fuerza que me da la convicción”. En ese mismo párrafo añade otra clave estratégica: “Y quiero cuidar también el Gobierno de coalición progresista, porque es cuidar la mejor herramienta que tenemos para seguir ganando derechos”. Es decir, se aparta de una futura candidatura, pero no de la acción política ni del sostén del Ejecutivo.
El anuncio más importante: no será candidata en 2027
La declaración más rotunda de Yolanda Díaz aparece en la parte central de la carta y despeja cualquier ambigüedad sobre su futuro electoral inmediato. Lo escribe de manera directa: “Voy a seguir haciéndolo, pero hoy quiero anunciaros que no seré candidata a las próximas elecciones generales de 2027. Es una decisión muy meditada y que he comunicado a mis seres queridos, al conjunto de mi espacio político y al presidente del Gobierno”. La formulación es relevante porque subraya tres cosas al mismo tiempo: continuidad institucional, cierre electoral y coordinación previa con su entorno político y con Pedro Sánchez.

Antes de ese anuncio, Yolanda Díaz reconoce además una incomodidad que ya había asomado en otras etapas de su trayectoria. “Siempre tuve muchas reticencias ante la idea de ser candidata. La política es dura, especialmente para las mujeres, pero no me arrepiento de haber dado el paso”, escribe. Esa frase introduce una lectura personal del desgaste político y, a la vez, una reivindicación del camino recorrido. No presenta su decisión como una ruptura traumática, sino como una transición deliberada.
Balance de gestión y defensa del ciclo político
La carta no es solo una despedida de la primera línea electoral. También es un balance de etapa. Yolanda Díaz enumera logros de su acción de gobierno y sitúa esos avances como parte de la legitimidad desde la que toma la palabra. En el texto recuerda que “hemos alcanzado una tasa de paro por debajo del 10%”, que “hemos subido el salario mínimo un 66% hasta los 1221 euros”, que se protegió “al tejido productivo con los ERTE” y que “la desigualdad se ha reducido también a mínimos de la serie histórica”, mientras España “crece al 2,8%, el doble que la media europea”. Todo ese bloque busca fijar relato: la decisión personal no supone una enmienda al proyecto político desarrollado desde el Gobierno.
En la misma línea, Yolanda Díaz reivindica medidas vinculadas a derechos sociales y laborales, con especial énfasis en mujeres y colectivo LGTBIQ+. La carta menciona el reconocimiento de derechos de las trabajadoras del hogar, la legislación laboral para personas LGTBIQ+ y la ampliación de permisos de nacimiento y cuidado. También sitúa entre los próximos pasos “el Estatuto de las personas becarias” y el “control horario”. El mensaje, por tanto, no está escrito en clave de retirada total, sino en clave de continuidad gubernamental y de legado en construcción.
Sumar, el relevo y el nuevo espacio progresista
Uno de los puntos más delicados del texto es cómo habla Yolanda Díaz del futuro del espacio político a la izquierda del PSOE. No hay una renuncia a su universo político, sino una invitación a una nueva fase. “Di el paso para encabezar Sumar en 2023 pensando en el enorme abrazo de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país”, recuerda. Y añade una frase que funciona como reivindicación de aquel momento: “Dijimos entonces que sin Sumar no habría gobierno de coalición y logramos revalidar un gobierno que todas las encuestas daban por perdido”.

A partir de ahí, Yolanda Díaz desplaza el foco hacia lo que llama un proceso naciente. Habla de “nuevos caminos para insuflar de vida e ilusión al espacio progresista” y menciona expresamente el debate abierto por Gabriel Rufián el 18 de febrero, además de la “confirmación” del 21 de febrero de que el espacio impulsado por Sumar “sigue con fuerza, vocación de mayorías y voluntad de acuerdo y avance social”. Con estas referencias, la carta no solo informa de una decisión personal: intenta ordenar políticamente el relevo y legitimar el debate sobre la reconfiguración del bloque progresista.
Una despedida electoral, no política
El tramo final de la carta introduce un tono más íntimo y simbólico, con referencias a su casa, Galicia y el gallego, pero sin abandonar del todo el mensaje político. Yolanda Díaz escribe que la política “ha sido el aire que respiré en mi casa” y remata con una idea de país plural y resistente: “Tenemos un país hermoso y diverso, construido de muchas piezas, de muchas historias cruzadas. Un país que no va a permitir que le tuerzan el futuro. Que no va a dejar que le borren las ganas”.
La última frase, en realidad, vuelve a cerrar el círculo de la carta: orgullo por lo hecho y conciencia de tarea pendiente. “Me siento muy orgullosa de lo que hemos hecho, pero soy consciente de que queda mucho por hacer. La tarea pendiente es ganar el país. Con claridad, con cariño, con ternura, sin miedo. Como hasta ahora”. En otras palabras, Yolanda Díaz se aparta del papel de candidata, pero no de la disputa política ni del relato del futuro progresista. Ese es, probablemente, el mensaje más importante de una carta que funciona al mismo tiempo como balance, renuncia electoral y intento de abrir una nueva etapa.
