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¿Hasta qué punto los centros educativos estáis preparados para afrontar el acoso en las aulas?

Fortalecer a los alumnos más inseguros es clave. Darles herramientas corporales y emocionales para ocupar su lugar

Muchas madres y padres me preguntan qué hacer ante el acoso escolar. Cómo debe trabajarse en los centros educativos. Si existe una fórmula eficaz. Y la respuesta, aunque no es sencilla, sí es clara: el acoso no se improvisa, pero tampoco se improvisa su prevención.

Lo primero es comprender que en cualquier comunidad -también en la escuela- surgirán conflictos. Negarlo sería ingenuo. Las situaciones de conflicto y los malentendidos forman parte de la convivencia. El problema no es que aparezcan, sino cómo se gestionan. Cuando un conflicto no se resuelve adecuadamente, cuando se cronifica un desequilibrio de poder, cuando alguien queda aislado de manera repetida, hablamos de acoso.

Por eso en los colegios debemos asumir que estas situaciones pueden darse y que todos -docentes, familias y alumnado- tenemos la responsabilidad de estar atentos. La prevención no empieza cuando aparece el problema, empieza mucho antes.

Empieza en Infantil

Y empieza, muchas veces, sin necesidad de pronunciar la palabra “bullying”. Se trabaja a través de las relaciones, de las dinámicas de juego, de la manera en que los niños se miran, se tocan, se organizan y resuelven sus pequeños desencuentros. En este sentido, la práctica psicomotriz Aucouturier -desarrollada por Bernard Aucouturier- ofrece una herramienta valiosísima para observar las dinámicas grupales, detectar inseguridades, liderazgos mal encauzados o pulsiones que necesitan acompañamiento.

Fortalecer a los alumnos más inseguros es clave. Darles herramientas corporales y emocionales para ocupar su lugar en el grupo. Y, al mismo tiempo, acompañar a los más dominantes para que aprendan a ponerse en el lugar del otro. Desde edades muy tempranas. Se trata de transformar la pulsión más destructiva en energía constructiva. Y eso requiere tiempo. Presencia. Intencionalidad educativa.

No se trata solo de intervenir cuando hay daño, sino de construir cultura de buen trato.

Los maestros deben ser ejemplo constante. El alumnado observa cómo el adulto habla, escucha y resuelve las desigualdades. Cuando surge una situación injusta, el docente no puede minimizarla ni resolverla de manera superficial. Debe trabajar propuestas igualitarias, restaurativas, que enseñen a reparar.

También es fundamental mirar donde a veces no miramos, en los espacios menos estructurados. El patio, el comedor, el momento de la comida, las filas, los cambios de clase. Es en esos lugares donde con mayor frecuencia se gestan dinámicas de exclusión. Observarlos, acompañarlos e insistir en relaciones sanas es una tarea preventiva de primer orden.

Pero conviene ampliar aún más la mirada. Las dinámicas de exclusión no empiezan ni terminan en el aula. Empiezan también cuando se celebran cumpleaños y normalizamos que se invite a casi toda la clase dejando fuera a uno o dos compañeros. Cuando los adultos miramos hacia otro lado y aceptamos esas listas selectivas sin preguntarnos qué impacto tienen.

O invitamos a todos, o quizá sea mejor no hacerlo dentro del marco del grupo clase. Porque cuando la exclusión se hace visible y pública, el mensaje que recibe el niño que queda fuera es devastador. Y, sin quererlo, los adultos podemos convertirnos en cómplices de una dinámica que después lamentamos.

Pero la escuela no puede sola

La colaboración con las familias es imprescindible. Generar comunidad, compartir criterios, formar y escuchar. Cuando familia y centro educativo caminan en la misma dirección, el mensaje es coherente y el menor se siente sostenido. La prevención del acoso no es una responsabilidad individual, es una construcción colectiva.

Y, cuando a pesar de todo, aparece una situación grave, el centro debe contar con estructuras claras, por ejemplo, comisiones de convivencia activas, seguimiento de los conflictos y protocolos establecidos para actuar con rapidez y rigor si es necesario abrir un procedimiento formal.

El acoso no se combate solo con sanciones. Se combate con cultura de convivencia. Con prevención temprana. Con adultos atentos. Con comunidad.

La pregunta no es si puede ocurrir. La pregunta es: ¿estamos haciendo todo lo posible para que, si ocurre, nadie esté solo y todos sepamos cómo actuar?

*Si tienes alguna duda sobre la educación de tus hijas e hijos, puedes enviar tus preguntas a evamartin@reggio.es . Cada semana, Eva Martín responderá a una de las cuestiones planteadas por nuestros lectores.

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