“Es normal, ya se te pasará”. “Aguanta un poco más”. “Todas las madres pasan por eso”. Estas frases se repiten con frecuencia cuando una mujer expresa que dar el pecho le duele. Sin embargo, el dolor durante la lactancia no debería asumirse como parte inevitable de la maternidad. Aunque es habitual que exista sensibilidad los primeros días, el dolor persistente es una señal de alerta que muchas veces se minimiza desde el entorno familiar e incluso sanitario.
En 2026, con mayor acceso a información y apoyo especializado, cada vez más profesionales insisten en un mensaje claro: la lactancia no debería doler. Cuando duele, suele haber una causa concreta que conviene identificar cuanto antes para evitar el abandono precoz de la lactancia y el sufrimiento innecesario de la madre.
El mito del dolor “normal” en la lactancia
Durante décadas se ha transmitido la idea de que el dolor es parte del proceso de amamantar, especialmente en mujeres primerizas. Esta normalización ha provocado que muchas madres continúen dando el pecho pese a grietas, sangrado o molestias intensas, creyendo que es un sacrificio inevitable.
Los especialistas coinciden en que una leve molestia inicial puede ser habitual, pero nunca un dolor que persiste, empeora o aparece en cada toma. En esos casos, algo no está funcionando correctamente.
Un mal agarre: la causa más frecuente
La causa más común del dolor al dar el pecho es un agarre incorrecto del bebé. Cuando el bebé no abarca suficiente parte de la areola o su posición no es adecuada, el pezón sufre fricción constante. Esto puede provocar grietas, inflamación e incluso heridas abiertas.
A menudo, el entorno resta importancia a este problema con frases como “ya aprenderá” o “es cuestión de tiempo”. Sin embargo, corregir el agarre desde el inicio puede marcar la diferencia entre una lactancia placentera y una experiencia dolorosa.
Frenillo lingual y otras dificultades del bebé
Otra causa frecuentemente ignorada es el frenillo lingual corto, una condición que limita el movimiento de la lengua del bebé. Esto dificulta una succión eficaz y provoca que el bebé muerda o comprima el pezón en lugar de extraer la leche correctamente.
Este problema suele pasar desapercibido o minimizarse, pese a que puede generar dolor intenso en la madre, tomas muy largas y un aumento insuficiente de peso en el bebé. Su detección temprana es clave.
Grietas, infecciones y mastitis
Las grietas en el pezón no son normales ni deben asumirse como inevitables. Suelen ser consecuencia de un mal agarre o de una succión ineficaz. Si no se tratan, pueden convertirse en la puerta de entrada a infecciones.
La mastitis, caracterizada por dolor localizado, enrojecimiento, fiebre y malestar general, es otra causa importante de dolor que a veces se trivializa. Muchas mujeres continúan dando el pecho con dolor intenso sin saber que necesitan atención médica.
Candidiasis mamaria: el dolor invisible
Menos conocida, pero frecuente, es la candidiasis mamaria, una infección por hongos que provoca dolor punzante o en forma de quemazón, incluso después de la toma. A menudo se confunde con “sensibilidad normal” o se atribuye al cansancio.
El dolor suele irradiarse hacia el interior del pecho y no mejora con el paso de los días, lo que debería encender las alarmas.
Presión emocional y silencio
Además del dolor físico, muchas madres cargan con una fuerte presión emocional. El miedo a “no hacerlo bien” o a ser juzgadas provoca que silencien su malestar. Cuando el entorno minimiza el dolor, la madre puede sentirse culpable por no soportarlo.
Este silencio tiene consecuencias: abandono precoz de la lactancia, ansiedad y una vivencia negativa del posparto.
Escuchar el dolor también es cuidar
Reconocer que dar el pecho no debería doler es el primer paso para ofrecer apoyo real a las madres. La información, el acompañamiento de profesionales especializados y la validación del malestar son claves para una lactancia saludable. El dolor no es una prueba de amor ni de fortaleza. Es un mensaje del cuerpo que merece ser escuchado. Ignorarlo, como durante años se ha hecho, no beneficia ni a la madre ni al bebé.


