La oceanógrafa valenciana Aitana Forcén, una de las 14 personas españolas repatriadas tras el brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius, ha comenzado su cuarentena en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid. Desde allí, y también durante los días previos a bordo del buque, ha utilizado sus redes sociales para mostrar cómo está viviendo una situación marcada por el aislamiento, la incertidumbre sanitaria y la necesidad de adaptarse a unas circunstancias excepcionales.
Forcén, científica y coach, formaba parte de la tripulación del MV Hondius, un buque de expedición polar operado por Oceanwide Expeditions que había partido desde Ushuaia, en Argentina. La embarcación, con 149 personas de 23 nacionalidades a bordo, tenía como objetivo recorrer zonas remotas para la observación de fauna y naturaleza. Sin embargo, el viaje quedó condicionado por la aparición de un brote de hantavirus que, según la información disponible, causó la muerte de tres pasajeros y dejó nueve contagiados.

“Haz lo que puedas con lo que tengas”
En medio de la preocupación generada por el caso, la valenciana recurrió a sus perfiles públicos para trasladar tranquilidad. Agradeció los mensajes recibidos y aseguró que se encontraba bien. También explicó que los pacientes habían sido evacuados y que en el barco se estaban aplicando las medidas indicadas para proteger la salud y el bienestar de las personas que continuaban a bordo.
Su mensaje insistía en una idea: pese a la gravedad del contexto, el clima entre la tripulación y los pasajeros seguía siendo positivo y había un esfuerzo colectivo por cuidarse unos a otros.
Esa forma de afrontar la situación también ha quedado reflejada. Forcén ha compartido pequeños momentos de su rutina. En una de sus publicaciones aparece escuchando música después de hacer ejercicio, una actividad que ella misma relaciona con la dificultad física y mental de permanecer durante semanas en un barco sin pisar tierra. En otra imagen, ya desde el hospital madrileño, mostró cómo se las había arreglado para entrenar dentro de la habitación: unas toallas del centro sanitario hacían de esterilla y unas gomas le servían para realizar estiramientos y ejercicios de fuerza. Junto a las fotografías escribe frases breves pero muy positivas: “Haz lo que puedas con lo que tengas”; “¡Vamos!”.

Sus redes sociales se han convertido así en una ventana a una cuarentena que no muestra desde el dramatismo, sino desde la adaptación. También publicó un vídeo haciendo punto junto a otras tripulantes durante los días de espera en el crucero, una escena que presentó con humor como una preparación “para el fin del mundo”, empezando por tejer. Son gestos cotidianos que, en un contexto extraordinario, ayudan a explicar la actitud con la que la oceanógrafa está tratando de atravesar el confinamiento.
Según ella cuenta, la valenciana tiene formación en Pedagogía Deportiva y Ciencias del Mar por la Universidad Católica de Valencia. Además, tiene experiencia como guía de expediciones en la Antártida e imparte charlas y sesiones de coaching sobre rendimiento, resiliencia y toma de decisiones bajo presión. En su página profesional también ha explicado su vínculo con el océano, una relación ligada a la navegación, la exploración y el deporte.
El hantavirus es una enfermedad viral potencialmente mortal cuya transmisión se asocia a la inhalación de partículas procedentes de orina, heces o saliva contaminada de roedores silvestres. Ese sería el origen señalado para el brote del MV Hondius. Tras la llegada de los españoles repatriados al Gómez Ulla, cada uno fue ubicado en una habitación individual para iniciar una cuarentena de seis semanas y recibir seguimiento médico específico ante la posible aparición de síntomas compatibles con la infección.
Por ahora, solo uno de los 14 españoles ha dado positivo en el virus. Mientras tanto, Aitana Forcén continúa mostrando fragmentos de una rutina construida con recursos mínimos: ejercicio, música, humor y mensajes de agradecimiento. Sus publicaciones no eliminan la gravedad del brote ni la dureza del aislamiento, pero sí ofrecen una lectura menos alarmista de la cuarentena.
