Tres mujeres entre 17 detenidos. Es el balance que deja en Bilbao la noche del lunes 26 de octubre, con contenedores y coches incendiados, comercios saqueados y cohetes y piedras contra la Ertzaintza. Todo arrancó con la protesta contra un acto de Vito Quiles en el barrio de Deusto, suspendido finalmente por el propio agitador después de que la Ertzaintza le comunicara que no podía trasladarlo a otro lugar. Los otros 14 detenidos son hombres, y entre los diez menores hay ocho chicos y dos chicas.
Los incidentes comenzaron en las inmediaciones de la Universidad de Deusto con un contenedor de obra incendiado en la calle Francesc Macià, y se desplazaron después a la plaza Euskadi, junto al puente de Deusto, y al centro de la ciudad, donde ardieron alrededor de media docena de vehículos y encapuchados saquearon comercios familiares . El alcalde, Juan Mari Aburto, los calificó de “espeluznantes” y dijo de sus autores que “no son antifascistas sino auténticos fascistas”.

Jóvenes y la mayoría hombres
El balance final de la Ertzaintza, que no recoge a todos los que participaron sino solo a quienes fueron detenidos, dibuja un perfil muy definido: ninguno de los arrestados supera los 25 años y ninguno había sido detenido antes por la Ertzaintza. El departamento de Seguridad sostiene que los alborotadores actuaron “de manera premeditada con la única intención de causar disturbios”. El reparto por sexos no es una excepción de Bilbao, porque en Barcelona, tras los incidentes del sábado 24, 122 de los 128 detenidos eran hombres y sólo seis mujeres.
Para Octavio Salazar, jurista, escritor y experto en masculinidades, la explicación está en cómo se educa a los hombres: “Estos fenómenos evidencian cómo la socialización de género de los hombres legitima y normaliza el uso de la violencia, no solo como forma de gestión de conflictos sino también como expresión de una identidad en la que, además, es clave el sentido de grupo, la validación de tus iguales, la demostración de tu hombría”.
Las imágenes de extrema violencia que hemos visto en Bilbao o Barcelona, recuerdan a las que hace no demasiado vivimos en España tras la agresión a un jubilado de 68 años por parte de un inmigrante en Torre-Pacheco. En todos estos escenarios (y prácticamente en todos en los que hay violencia) se repite el mismo patrón. En ninguno de estos grupos radicales y ultras conseguimos ubicar a las mujeres. “De ahí que en ejemplos como los recientes, o como con frecuencia pasa también por ejemplo con el fútbol, muchos hombres participen de unas manifestaciones violentas que les permiten expresar su rabia o frustración, al mismo tiempo que les hace sentir parte de una comunidad”, explica. A eso se suma, sobre todo entre los más jóvenes, “un componente de emocionalidad, de adrenalina” que “les permite hasta disfrutar de romper los límites, saltarse las normas o atentar contra el orden establecido”.

Un malestar generacional
Detrás hay, según el experto, un malestar generacional que, apunta, evidencian también fenómenos como la manosfera: “hay una generalizada sensación, sobre todo entre los jóvenes, de frustración, de rabia, de falta de confianza en un sistema que les hizo una serie de promesas que ahora ven incumplidas“. Estas explosiones colectivas, sostiene, expresan “cómo muchos se sienten en los márgenes y cómo, además, no confían en los mecanismos legales y democráticos”.
Salazar señala también el entorno digital, que se encarga de amplificar este contexto. “Favorece los discursos iracundos y violentos, el frentismo. Esa violencia, a otro nivel, la vemos ya en los parlamentos, en las redes, en las tertulias. Ese clima también alimenta lo que pasa en las calles. Y ahí muchos hombres encuentran una vía para dar salida a sus miedos y frustraciones“.

