La responsable de catástrofes del Reina Sofía de Córdoba: “Lo peor es la impotencia”

Carmen Moreno apenas ha descansado desde el domingo por la noche. Desde el primer momento, fue consciente de “la catástrofe”. Atiende a Artículo14 cuatro días después del accidente

Carmen Moreno es responsable del plan de Catástrofes del  Urgencias del Hospital Reina Sofía (Córdoba), donde han atendido a la mayoría de los heridos a consecuencia del mortal choque de trenes en Adamuz del pasado domingo. Atiende a Artículo14 cuatro días después de la peor tragedia. Aún asimila lo vivido, tras jornadas muy duras, frenéticas. “De esta magnitud no habíamos tenido ninguna catástrofe salvo el Covid”, reconoce.

El domingo 18 de enero, Carmen Moreno estaba descansando. Se encontraba en casa, con sus pequeños. Y recibió la llamada. Desde el hospital le informan de que un tren ha descarrilado y ha chocado con otro en el término de Adamuz. Es el momento de activar el plan de catástrofes y de emergencias. Sin tener más datos sobre el número de heridos o fallecidos en la tragedia, lo primero que piensa es que el accidente “ha sido muy grave” para tener que activar ese plan. El despliegue médico es inmediato.

Tarda tan solo diez minutos en llegar al hospital y de ahí no se ha movido en casi toda la emergencia, al margen de tiempos cortos para descansar. Tampoco ha faltado nadie en el Hospital Reina Sofía. Doctores, enfermeros, todos han sido movilizados. Nadie quiso marcharse en casa.

Ana, víctima de los trenes descarrilados en Adamuz y dueña de Boro

La presencia de Carmen allí es vital porque es la jefa de Emergencias . Un total de 62 de los 123 heridos del accidente han pasado por su hospital, por sus manos, directa o indirectamente. Antes de que llegara, todos los sanitarios estaban ya preparados, en sus puestos, tal y como rememora en la conversación con este periódico. El gabinete de crisis lo conforman especialistas, traumatólogos, cirujanos, anestesistas, enfermeras y el equipo de salud mental, entre otros.

Sobre las diez y media de la noche de ese domingo, Carmen se enfrenta al paciente número uno. Las heridas que muestra en todo el cuerpo son de “prioridad 1”. Esto es, con riesgo vital inminente, como paro cardiorrespiratorio, obstrucción de la vía aérea, hemorragias severas o grandes quemados. Estos pacientes tienen prioridad absoluta en cualquier escenario de emergencia porque necesitan estabilización rápida. “Nos dimos cuenta de que era una catástrofe”, relata.

Durante la intensa noche, Carmen y su equipo de más de 50 profesionales atienden a pacientes de todo tipo, más o menos graves. Quienes se se veían en mejor estado de salud pedían a los propios facultativos que atendieran a los heridos más graves, que aún estaban por llegar. Ellos habían estado en las vías y habían vivido en primera persona el terror del accidente.

“No nos atendáis a nosotros, ni nos miréis, centraros en los que están más graves, por favor”, recuerda Carmen que decían los pacientes cuya vida no corría riesgo. Es a las cuatro de la mañana cuando Urgencias da por controlada la situación.

Una de las víctimas de los trenes descarrilados en Adamuz, entrevistada en 'El programa de Ana Rosa'
Una de las víctimas de los trenes descarrilados en Adamuz, entrevistada en ‘El programa de Ana Rosa’

Los profesionales estaban preparados para este tipo de emergencias ya que “entrenan” con simulacros. A la hora de actuar, dice, hay que seguir el protocolo a rajatabla. “No te puedes salir de él”. Aunque reconoce que la situación era límite, en esos momentos de “caos” no hacen diferencias entre pacientes. “Los atendemos como un día más, con mucho más apoyo, eso sí”, explica.

Y es que, incide, la atención a estas víctimas tiene que ser la misma que a las personas que acuden a Urgencias tras sufrir un accidente de tráfico, por ejemplo. La gravedad del paciente, en ese caso, es igual independientemente de las circunstancias.

“Nos preguntaban, lloraban”

En su charla con Artículo14, Carmen recuerda los momentos de incertidumbre que vivían los pacientes que atendían o las familias que se acercaban al hospital. Aquellos que viajaban en familia y no habían vuelto a tener noticia de ellos desde el accidente en las vías. “Nos preguntaban, lloraban e intentábamos apoyarlos”, explica. Sobre los pacientes que van abandonando el hospital, reconoce que se palpa una mezcla de sentimientos encontrados. “Marchan contentos por una parte, al haber sobrevivido, aunque también sin olvidar de que podían haber sido ellos los fallecidos”, lamenta.

Hay una huella imborrable tras el accidente, también para ella y su equipo. De hecho, confiesa que están cansados, “agotados mentalmente”. “El impacto del dolor que han sufrido también nos afecta a nosotros. Aunque no sea un dolor nuestro, empatizamos y lo pasamos mal”. De la vivencia, asegura que lo peor ha sido la “impotencia de no poder hacer más”.

Eso sí, ahora les toca “seguir”, porque el resto de pacientes que cada día cruza la puerta del hospital se merece “que estemos al 100 por cien”, dice.

Los ingresados

Al cierre de esta edición, la cifra de pacientes dados de alta por el accidente de tren ascendía a 92, mientras que en los distintos hospitales siguen ingresadas 31 personas, 28 adultos y tres niños, según los datos aportados por el Servicio Andaluz de Salud a la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA).

El número de pacientes en la UCI ha bajado a seis, tres se encuentran en el hospital Reina Sofía de Córdoba (uno de ellos es un menor que permanece estable), uno en Cruz Roja y dos en el hospital San Juan de Dios. En planta hay ingresados 25 heridos: nueve en el Reina Sofía (entre ellos dos menores), tres en Cruz Roja, dos en Quirón Salud, seis en San Juan de Dios, dos en el hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, que han sido derivados en las últimas horas desde el Hospital Reina Sofía y del Quirón, y dos en el Hospital Infanta Elena de Huelva.

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