El miércoles, Chelo ya no pudo más. Vive en Málaga y en el grupo de WhatsApp que comparte con amigos el accidente de Adamuz se siguió minuto a minuto. Muchos de ellos viajan con frecuencia en tren, en esa misma línea, y la tragedia les tocó de cerca desde el primer momento.
Lo que empezó como miedo y necesidad de información se fue transformando en otra cosa. Mensajes contra el Gobierno, insultos a las noticias, bulos reenviados sin descanso. La conversación derivó en un torrente de enfado y rabia politizada que acabó desbordando el chat. Chelo se salió del grupo para protegerse del malestar que le provocaba tanta toxicidad. “No podía más”, explica.
La deriva no se queda en discusiones abstractas ni en chats que se rompen. En algunos casos, la hostilidad atraviesa la pantalla y se convierte en amenaza directa.
Ataques a supervivientes
Adri V., uno de los supervivientes del accidente, explicó este jueves en X que había decidido acudir a comisaría por primera vez tras recibir un mensaje privado. “Hoy va a ser la primera vez que voy a denunciar un mensaje a la Policía”, escribió, después de leer un texto que decía: “Perro asqueroso, ya te podría haber pasado algo a ti en el tren”.
Hola, Agustín, sé que me estás leyendo porque has borrado los mensajes al ver este tweet, pero tengo capturas certificadas (en imagen y vídeo). Procura estar operativo, que dentro de poco irán a visitarte. https://t.co/ArW7Z4ohMT pic.twitter.com/KsKYqn9qxd
— Adri Vélez 🦌🇵🇸 (@ibuprofeno600mg) January 22, 2026
Carmen, otra superviviente que ha contado su experiencia en redes desde los primeros minutos tras el accidente, relata situaciones similares. Ha tenido que bloquear a distintos usuarios que la insultaban. Ni Adri ni Carmen señalaban al Gobierno como responsable de lo ocurrido.
Esto solo es de las últimas 24h. De gente que viene a politizar el dolor, y en plena desgracia me escribe para hablar de la izquierda y no se qué. No seáis esa gentuza. pic.twitter.com/B9PnBDkpQC
— Carmen (@eleanorinthesky) January 19, 2026
En el extremo opuesto están otros supervivientes y familiares de fallecidos que sí exigen explicaciones al Ejecutivo. Algunos, ante lo que consideran una falta de respuestas, han convocado una manifestación para el mismo día del funeral, previsto para el próximo 31 de enero.
¿Estamos tan polarizados que incluso ante una tragedia somos incapaces de compartir un espacio común?
“No estamos solo ante un debate de ideas, sino ante una polarización emocional”
Esa pregunta atraviesa muchas de las conversaciones que se han abierto estos días. Para el psicólogo social José Antonio García Serrano, lo que está ocurriendo va más allá de un desacuerdo político puntual. “No estamos solo ante un debate de ideas, sino ante una polarización emocional”, señala. Un proceso en el que el miedo y el impacto de la tragedia acaban traduciéndose en confrontación.
Según explica, el accidente actúa como detonante en un contexto ya muy tensionado. Cuando el dolor se interpreta desde marcos ideológicos cerrados, las víctimas dejan de ser escuchadas por lo que han vivido y pasan a ser juzgadas por lo que dicen o por lo que no dicen.
La necesidad de tender puentes
Frente a esa lógica de bloques, García Serrano insiste en la necesidad de tender puentes, y advierte de que las respuestas deben darse en distintos niveles.
A nivel institucional, considera clave rebajar el ruido: combatir los bulos, reducir la sobreexposición a mensajes incendiarios y reforzar una información más objetiva. En ese sentido, los gestos de unidad —como las comparecencias conjuntas de responsables políticos de distintos signos— funcionan como mensajes conciliadores en momentos de fuerte impacto emocional.

En el plano comunitario, la intervención no debería limitarse a las víctimas directas. “Hay que acompañar también a la población cercana, a quienes están afectados aunque no estuvieran en el tren”, apunta. Comunicar con transparencia y ofrecer espacios de explicación y cuidado forma parte de evitar que el dolor derive en confrontación. Lo compara con lo que se hace tras un asesinato machista: si es necesario, se acude a un centro educativo para explicar lo ocurrido y proteger al entorno.
“No todo conflicto merece ser alimentado”
Y a nivel individual, añade, la responsabilidad también cuenta. “Cuidado con lo que compartimos, con los mensajes que lanzamos y con las guerras en las que decidimos entrar”. No todo conflicto merece ser alimentado. Aprender a respetar la diferencia implica, en ocasiones, saber esquivar determinadas discusiones para no convertir el dolor en munición.
Tender puentes, aprender a discutir y saber parar. Para el psicólogo, frenar la polarización no pasa por imponer un relato, sino por evitar que la tragedia termine rompiendo también los vínculos sociales que deberían sostener el duelo.


