El calendario litúrgico católico marca el inicio del año con una de las celebraciones más significativas del cristianismo: la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Cada 1 de enero, con independencia del día de la semana en que coincida, la Iglesia dedica esta jornada a honrar a María bajo este título, que encierra un profundo significado teológico y espiritual para millones de fieles en todo el mundo.
A diferencia de otras fechas del santoral, en las que se recuerda a santos concretos por su martirio o su vida ejemplar, el primer día del año pone el acento en un dogma central de la fe cristiana, estrechamente vinculado al misterio de la Navidad y a la identidad de Jesucristo.
El origen de la solemnidad
La proclamación de María como Madre de Dios se remonta al Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431. En este encuentro, la Iglesia afirmó oficialmente que María podía ser llamada Theotokos —término griego que significa “la que da a luz a Dios”— porque su hijo, Jesucristo, es verdadero Dios y verdadero hombre.
Este dogma no pretende exaltar únicamente a María, sino defender la unidad de la persona de Cristo, uno de los pilares del cristianismo. Al reconocer a María como Madre de Dios, se reafirma que Jesús no es solo un hombre excepcional, sino el Hijo de Dios hecho carne.
El vínculo con la Navidad
La elección del 1 de enero para esta solemnidad no es casual. La fecha se sitúa ocho días después de la Navidad, cerrando la llamada octava navideña. En la tradición judía, el octavo día tras el nacimiento era cuando el niño era circuncidado y recibía su nombre, un hecho que durante siglos también tuvo reflejo en la liturgia cristiana.
De hecho, durante mucho tiempo esta jornada fue conocida como la Fiesta de la Circuncisión del Señor. Sin embargo, con la renovación litúrgica del siglo XX, la Iglesia quiso recuperar el protagonismo de María en este día, destacando su papel en el misterio de la encarnación.
María y la Jornada Mundial de la Paz
Además de su significado religioso, el 1 de enero tiene una importante dimensión social. Desde 1967, por iniciativa del papa Pablo VI, esta fecha se celebra también como la Jornada Mundial de la Paz. Cada año, el Papa dirige un mensaje centrado en temas como la justicia, la solidaridad, los derechos humanos y la convivencia entre los pueblos.
María es presentada en este contexto como un símbolo de paz y esperanza, una mujer que supo acoger, escuchar y confiar incluso en medio de la incertidumbre, valores que cobran especial relevancia al comienzo de un nuevo año.
Una fiesta universal en el mundo católico
En numerosos países de tradición católica, la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, es día festivo. Se celebran misas solemnes en catedrales y parroquias, y las homilías suelen invitar a los fieles a comenzar el año bajo la protección de María.
Aunque socialmente el protagonismo lo tienen las celebraciones de Año Nuevo, esta fiesta religiosa sigue teniendo un peso importante en la vida de muchas comunidades y familias.
Un inicio de año con sentido espiritual
Conviene recordar que María ocupa un lugar único en el santoral. No es una santa más, sino la figura más venerada del cristianismo después de Jesucristo. Por ello, aunque a lo largo del año se celebran numerosas advocaciones marianas, la del 1 de enero destaca por su carácter universal y solemne.


