El Gobierno británico ha dado otro paso en su estrategia para lograr una “generación libre de humo” en 2030 al reconocer abiertamente que las bolsas de nicotina son menos perjudiciales que fumar, y que deben considerarse en una categoría distinta a los cigarrillos. En palabras recogidas en los medios ingleses, “estas importantes condiciones hacen que el gobierno acepte que las bolsas de nicotina tienen menor riesgo que fumar, que están en una categoría separada de los cigarrillos y que restricciones torpes podrían aumentar las tasas de tabaquismo en adultos”.
Ahora el Reino Unido propone un límite máximo de 20 miligramos por bolsa, superior al rango habitual en Europa (entre 12 y 16 miligramos, como en Italia, Portugal y Grecia). El objetivo del gobierno británico es garantizar que estos productos sean eficaces para fumadores adultos sin incentivar el consumo juvenil. Por ello, también se estudian medidas como etiquetado claro, control estricto de edad y consultas públicas sobre sabores.
Con esta medida, el gobierno británico se centra en medidas no prohibicionistas para acabar con el cigarro y aunque las bolsas de nicotina son vistas como una medida para abandonar el tabaquismo, las autoridades vigilarán la venta de productos con excesiva cantidad de nicotina “para evitar crear dependencia”, por lo que la regulación busca un equilibrio entre reducción de daño y prevención.
Reino Unido se fija en Suecia
Este movimiento británico se suma al caso de éxito de Suecia, que gracias a la adopción masiva de bolsas de nicotina y productos sin combustión ha logrado reducir en un 40% las tasas de cáncer de pulmón respecto a la media europea. Además, el país escandinavo ha conseguido disminuir la presión hospitalaria por enfermedades crónicas asociadas al tabaquismo, consolidándose como el primer país de la UE en alcanzar niveles cercanos a la erradicación del consumo de cigarrillos tradicionales. Este modelo es citado por expertos como prueba de que la reducción de daño funciona cuando se regula con criterios científicos.
Diferencias con España
Mientras tanto, España avanza con un Real Decreto que fija un límite de 0,99 mg por bolsa, prohíbe sabores y exige empaquetado genérico. Expertos y organismos europeos consideran que esta medida supone una prohibición de facto, que haría inviable el negocio y limitaría las opciones para quienes buscan dejar de fumar. La propuesta española ha recibido críticas en varios países de la UE por falta de proporcionalidad y por ignorar la evidencia internacional sobre reducción de daño.
El contraste es evidente: Reino Unido apuesta por una regulación que reconoce el menor riesgo y busca evitar que los fumadores vuelvan al cigarrillo, mientras España opta por la restricción absoluta.


