A primera hora, cuando Madrid todavía se despereza y el hormigón de la estación parece contener el eco de miles de trayectos anónimos, en Chamartín ocurrió algo que no cabe en los paneles de salidas ni en la megafonía automática. Un grupo de maquinistas se congregó junto a las vías para rendir homenaje a su compañero fallecido en el accidente de Adamuz (Córdoba). No hubo discursos. Hubo lo que, en el lenguaje del ferrocarril, mejor se entiende: la presencia. Y un sonido sostenido, grave, reconocible, que atravesó la mañana como un duelo compartido: los pitidos —las bocinas— de los trenes como despedida, a modo de salvas modernas.
El acto se produjo en un momento de especial conmoción en el sector ferroviario, después de que la colisión entre dos convoyes en el término municipal de Adamuz se saldara con decenas de fallecidos. El siniestro ocurrió cuando un tren Alvia operado por Renfe impactó contra un convoy de Iryo que había descarrilado previamente. La diferencia de tiempo entre la salida de vía del primer tren y la llegada del segundo fue, según las primeras reconstrucciones, de apenas unos segundos, lo que convirtió el choque en inevitable.
Sobran las palabras.
Por nuestro compañero. pic.twitter.com/CcPpdUpQHe— Maikel! (@pido_hablar) January 20, 2026
Pablo B. conducía el tren de Renfe y falleció en el acto. La compañía intentó contactar con él telefónicamente durante cerca de media hora tras el accidente, sin respuesta. Posteriormente, los equipos de rescate hallaron su cuerpo sin vida en las inmediaciones del convoy. Su muerte ha sido especialmente sentida entre compañeros y profesionales del ferrocarril, al tratarse de un maquinista joven, con experiencia y con una trayectoria considerada sólida en la conducción de trenes.
Según la información difundida sobre su perfil, Pablo era vecino de Alcorcón y formaba parte de una generación de maquinistas altamente cualificados. Antes de acceder a la conducción de trenes, cursó estudios universitarios de Ingeniería Informática en la Universidad Carlos III de Madrid, donde se formó en programación y desarrollo de software, y posteriormente completó la formación específica como maquinista en Cetren, el centro de Adif dedicado a la preparación, pruebas y simulación de conducción. Obtuvo la licencia y el diploma entre 2019 y 2020 y se incorporó después a Renfe como maquinista a jornada completa. Había acumulado más de cinco años de experiencia en cabina.

En paralelo a su trabajo ferroviario, desarrolló una faceta creativa ligada a la fotografía. Diseñó y programó su propia página web para mostrar su trabajo y ofrecer servicios. En ella, su obra se estructuraba en torno a la naturaleza —con especial interés por la macrofotografía, insectos y detalles vegetales— y también una vertiente urbana construida a partir de contraluces y composiciones geométricas. En los textos de presentación, explicaba que su interés por la fotografía comenzó en la infancia y que dio el salto definitivo en 2014 con su primera cámara réflex, aprendiendo de forma autodidacta.
Además, según el entorno, mantenía aficiones vinculadas a la tecnología y la cultura digital: videojuegos, edición de vídeo, ajedrez y geocaching, un juego de búsqueda de objetos guiado por coordenadas GPS.
La reacción institucional en Alcorcón fue inmediata. El Ayuntamiento expresó públicamente sus condolencias, decretó tres días de luto oficial y anunció medidas como banderas a media asta y suspensión de la agenda pública. En la jornada del lunes, la localidad guardó cinco minutos de silencio en recuerdo del maquinista y del resto de víctimas del accidente.

Mientras avanza la investigación para determinar las causas exactas del choque, el homenaje en Chamartín tuvo un carácter simbólico y profesional. La activación de bocinas —uno de los elementos sonoros más reconocibles del entorno ferroviario— sirvió como gesto común entre quienes comparten un oficio marcado por procedimientos estrictos de seguridad y coordinación. Fuentes del sector explican que este tipo de actos se utilizan como señal colectiva de despedida cuando fallece un compañero.
La imagen de los maquinistas reunidos en la estación madrileña se suma a otras muestras de respeto y condolencia que se han sucedido desde el domingo, tanto en el ámbito institucional como en el profesional. En un contexto de duelo nacional por un accidente de gran magnitud, el recuerdo de Pablo B. se ha convertido también en uno de los rostros concretos de la tragedia: un joven trabajador, con formación técnica y trayectoria en el ferrocarril, cuya vida quedó truncada en el siniestro de Adamuz.

