Como era de esperar, el frente de guerra también se abrió en la frontera norte de Israel. Aunque en los primeros compases del conflicto Hizbulá se mantuvo al margen, el disparo de los primeros proyectiles y drones hacia el estado judío provocó una dura réplica israelí en Beirut y en el sur del Líbano, que provocaron más de una decena de muertos y la huida de miles de civiles.
Este martes, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron el despliegue de tropas más allá de las cinco bases que retiene en territorio libanés -desde la firma de la tregua en noviembre de 2024-, para “sostener una postura de defensa” ante los ataques del grupo chií proiraní. Durante la noche del lunes y la mañana del martes, Hizbulá siguió disparando proyectiles.
“La orden de Irán tardó en llegar”
A diferencia del conflicto abierto contra la milicia libanesa tras el ataque sorpresa de Hamás del 7 de octubre de 2023, en que los poblados israelíes fueron desalojados de la región fronteriza del norte, esta vez los civiles permanecen en sus casas. Sarit Zehavi, ex integrante de la inteligencia militar israelí y fundadora del Israel-Alma Center, vive a apenas nueve kilómetros del límite fronterizo. En una charla con corresponsales extranjeros, la analista de seguridad asegura que Hizbulá “estaba esperando la orden desde Irán, que tardo en llegar”.

“Hizbulá no solo recibió de Irán el dinero y el entrenamiento, sino también la ideología. Quería dedicar sus recursos a rehabilitar sus capacidades dañadas en la guerra anterior, pero era previsible que se activarían con la orden de Teherán”, prosigue. A la milicia-partido chií no le interesaba entrar en conflicto con el Ejército más poderoso de la región, pero está obligado a “devolver el favor” a su patrón iraní, que le financió desde su creación.
“El interés no es la única consideración al tomar decisiones, también influye la ideología religiosa. Si fuera por interés, no querrían meterse en la guerra, pero no podían permanecer al margen”, considera Zehavi. Y aunque “Israel ha mejorado sus defensas antiaéreas, no significa que debemos permitir que los monstruos crezcan en nuestras fronteras”. Lo resume con una metáfora: “será siempre un juego del gato y el ratón: mientras nosotros mejoramos, ellos también”.

La vida en las regiones fronterizas es distinta a la de la región central de Tel Aviv. En esta zona, cuando suenan las alarmas apenas cuentan con 15 segundos para correr a los bunkers, lo que “exige estar cerca de zonas protegidas todo el tiempo. Nadie puede ni debe vivir con esta amenaza”. Desde su casa, Zehavi podía “ver los puntos desde que se lanzaron los misiles durante la guerra y podía ver a los milicianos de Hizbulá en lo alto de un monte”.
Otros comentaristas israelíes reclaman que las FDI deben aprovechar esta oportunidad abierta par desmantelar definitivamente a Hizbulá. “Si un aeropuerto es usado por fines militares, se debe atacar. De lo contrario, no. Es muy simple. Esto no va de intimidación”, agrega. Zehavi insiste en que el estado libanés “no quiso enfrentarse a Hizbulá para desarmarlo, y el grupo chií tampoco lo hará. En el último año, solo las FDI operaron para intentar desarmarlos, pero no fue suficiente para evitar sus intentos de rehabilitarse”.

Tras los primeros bombardeos israelíes en Beirut, el presidente Joseph Aoun ordenó el desarme de Hizbulá, pero Zehavi desconfía. “Como israelí lo veo hace 20 años. Espero que no sean solo palabras. Si quiere implementar su poder y soberanía, debería hacerlo”, incide. La analista estima que el 80% de las capacidades militares del grupo proiraní fueron dañadas, pero aún retiene unos 25.000 cohetes y 1.000 drones.
El “anillo de fuego”
Pese al cambio de régimen en Siria, Irán todavía siguió contrabandeando armamento hacia Líbano por su territorio. Durante el mandato del dictador Bachar al Asad, Damasco fue parte central del “anillo de fuego” creado por Teherán alrededor del estado judío. A su vez, Hizbulá siguió manufacturando armamento de precisión y drones en territorio libanés tras la tregua de 2024. “No podemos aceptar que la República Islámica tenga miles de misiles junto a nuestra frontera”, avisa.
“Espero que el Gobierno libanés entienda que si no combate a Hizbulá, Hizbulá destruirá Líbano. Su propósito existencial es distribuir los valores de la Revolución Islámica en Líbano y la región, y parte de ellos es la destrucción de lo que llaman la entidad sionista”, prosigue Zehavi. En Líbano, las acciones de la milicia proiraní son rechazadas por buena parte de la población, harta de guerras y colapso económico.
“No sé cuándo Israel parará, puedo decir cuándo me gustaría: cuando la amenaza se elimine, cuando la mayoría de misiles desaparezcan y sean suficientemente débiles para que el gobierno libanés finalmente actúe”, desea la analista. Pero avisa: “No puedes matar una ideología. Hay muchos chiíes que los apoyan, y todos sus servicios sociales que dan a la gente -Ramadán es una excelente oportunidad para ello-, no desaparecerán”.
Zehavi también responsabiliza a UNIFIL, los cascos azules de la ONU, por su tibieza ante el rearme del grupo proiraní. Incide que no es necesaria una “desescalada”, ya que este concepto permitió a Hizbulá armarse durante 16 años -tras el fin de la guerra de 2006- y “estaban preparados para la invasión y la guerra. Tenían preparado lo mismo que Hamás en el 7 de octubre (2023), nunca lo ocultaron. Mientras haya terroristas al otro lado de la frontera, la desescalada solo les da más poder”.
