Hay días que parecen escritos por un guionista con gusto por las simetrías. El 17 de febrero de 2026 es uno de ellos. En el mismo martes confluyen el Año Nuevo Chino, el Carnaval en su jornada más icónica (el Fat Tuesday anglosajón) y el umbral del Ramadán, cuya entrada depende del avistamiento de la Luna creciente.
No es una fusión espiritual de calendarios. Es algo más frío y, por eso mismo, más fascinante: la aritmética lunar haciendo de las suyas en el calendario gregoriano.
La coincidencia impresiona porque junta tres mundos que, en teoría, se mueven a ritmos distintos.
- El Año Nuevo Chino se fija por un calendario lunisolar y, en 2026, cae el 17 de febrero, dando paso al Año del Caballo, descrito en muchas fuentes como Caballo de Fuego dentro del ciclo sexagenario (Bingwu).
- El Carnaval llega ese mismo día a su última gran bocanada antes de la austeridad del Miércoles de Ceniza, que en 2026 cae el 18 de febrero.
- Y el Ramadán, regido por un calendario estrictamente lunar y por la observación del creciente, se asoma precisamente esa tarde-noche: en La Meca se contempla que el primer día de ayuno pueda quedar en el 18 o en el 19, según el criterio adoptado.
La noche en que cambian tres relojes
Para entender por qué el Ramadán puede “empezar” en el borde del 17 de febrero hay que recordar un detalle que a menudo se olvida en Occidente: en el calendario islámico el mes arranca con el creciente lunar, y eso se decide tras la puesta de sol. De ahí que, mientras el Carnaval apura el confeti, muchas comunidades miren al cielo buscando una línea finísima de luz que cambia el calendario y, con él, el ritmo de vida de millones de personas.

El Carnaval, por su parte, no es una fiesta lunar en sentido estricto, pero sí una fiesta “lunar por delegación”. Depende de la Pascua, y la Pascua se fija por una regla que combina estación y Luna. Por eso el Martes de Carnaval puede caer entre principios de febrero y primeros de marzo, y por eso, algunos años, se mete justo en la ventana en la que también puede caer el Año Nuevo Chino. En 2026, esa ventana se cierra con una precisión casi perfecta: Martes de Carnaval, 17; Ceniza, 18.
Y luego está el Año Nuevo Chino, el más estable de los tres dentro de su aparente volatilidad: suele moverse entre finales de enero y la tercera semana de febrero. En 2026, ese primer día del año lunar cae el 17 de febrero, inaugurando el Año del Caballo. La etiqueta “Caballo de Fuego” remite a la combinación del animal con el elemento dentro del ciclo tradicional de 60 años.
No es la primera vez, pero sí es una carambola rara
La sensación de hecho histórico tiene una base real: la triple foto no es frecuente, pero las coincidencias parciales tienen precedentes. El ejemplo más claro es el cruce entre Año Nuevo Chino y Carnaval. En 1958, el Mardi Gras (Martes de Carnaval) cayó el 18 de febrero; y el calendario lunar situó ese mismo 18 de febrero como inicio del año nuevo chino de aquel ciclo.
En 1972 volvió a ocurrir: el Mardi Gras fue el 15 de febrero y el Año Nuevo chino también arrancó el 15 de febrero (año del Ratón en la cuenta zodiacal).

También hay un precedente llamativo de solape entre Ramadán y Carnaval. En 1993, varias tablas de calendario sitúan el Martes de Carnaval el 23 de febrero, y en esas mismas fechas aparece el inicio de Ramadán (con el matiz habitual del avistamiento).
No demuestra que la triple coincidencia sea “común”, pero sí que el mecanismo que hoy te sorprende —una fiesta cristiana móvil, un mes islámico que se desplaza cada año y un año nuevo lunisolar con su propia ventana— ya ha producido empates notables otras veces.
