MeToo

La otra víctima del DAO de la Policía: “Aquello parecía Sodoma y Gomorra”

No se conocían entre sí, pero cinco mujeres denuncian acoso -sexual o laboral- y coacciones por parte de comisarios. ¿Es un MeToo policial?

“Soy una víctima del DAO, quiero hablar contigo cuando puedas”. Es el escueto mensaje que recibió el abogado Jorge Piedrafita en el buzón de voz. No sabía a quién podría encontrarse al otro lado, a la vista de los vertiginosos acontecimientos. Cada día hay un nuevo titular, un nuevo giro. En una semana, ha dimitido el jefe de la Policía Nacional, han cesado al comisario que le servía de asesor y se ha producido un goteo de mujeres dispuestas a contar lo que aseguran callaron o les silenciaron. “Yo estoy convencida de que perdí mi trabajo por su culpa, aunque hasta verlo estos días en televisión no tenía ni idea de quién era ese hombre”, le ha confesado la que, de confirmarse su relato, sería la segunda víctima conocida del DAO. Ahora lo tiene plenamente identificado. El propio Piedrafita le ha preguntado varias veces si estaba cien por cien segura de que había reconocido a José Ángel González. Y todas ha recibido misma respuesta: sí, lo está, aunque en su momento solo pensó que su comportamiento se debía a que sería alguien tan poderoso como para “montar esas fiestas sin que nadie pudiera ni toserle”.

Ella se quejó y perdió su puesto de trabajo como vigilante de seguridad. De hecho, fue lo primero que pensó en cuanto la despidieron: que aquel policía había tenido algo que ver. Previo a eso, habían tenido varios roces y él la habría coaccionado. Asegura que guarda todavía los audios y fotos que así lo demuestran, en los que se ve y sobre todo se escucha al entonces DAO advirtiéndole de las posibles represalias por meterse en sus asuntos. “Por lo que me ha contado, aquello parecía Sodoma y Gomorra“, detalla un Piedrafita centrado ahora en recopilar toda esa información cuanto antes. De momento, tiene el relato de hechos: que ella vivía hace un tiempo no muy lejos de la Dirección General de la Policía y que un día empezó a ver trajín en la casa de enfrente, idas y venidas hasta las tantas de la noche, hombres acompañados… Pero que al encararse y pedir que se controlaran, la respuesta fue desmesurada: empezó a sentirse atosigada y coaccionada. Después llegaría su despido. Y, tras irse de allí, la presión acabó.

“Le gusta pensar que puede aplastar a la gente como a cucarachas”, le ha dicho la primera víctima del DAO cuando Piedrafita le ha hablado de esta última. Recluida en su casa y protegida por su entorno y una escolta policial, la inspectora sigue desde la distancia el goteo de mujeres que han se han puesto en contacto con su abogado para dar a conocer hechos similares dentro del Cuerpo. Pese a ser policías, ninguna sabía del resto, no se conocían entre sí. Dos denunciaron acoso laboral por el cauce interno y una tercera dio parte de un beso no consentido. Todas señalaron a altos mandos y todas han visto sus causas archivadas. Ahora las estudia Piedrafita.

“No sé si tienen algo que ver con eso que llamaron ‘braguetazogate‘ porque ninguna me ha dado esa referencia”, reconoce el abogado. Como tampoco le han dado los nombres de los comisarios a los que apuntarían tales acusaciones. Pero tiene la certeza de que pertenecen al círculo más cercano al DAO, del que exonera a las comisarias. Cree por ejemplo que la propia Gemma Barroso, actual DAO interina, no estaba al tanto de los modus operandi de sus colegas: “Se tapaban entre ellos, entre los hombres de confianza“, matiza Piedrafita. Más allá del posible lavado de imagen que pueda llevarse en la Policía, le preocupa especialmente el tipo de magistrado que se encontrará en el juzgado el 17 de marzo, el día de la declaración de víctima y acusado. “Si será un juez aséptico, inquisitorio o del tipo implicado y correcto”. En ese sentido, la incertidumbre mayor que el dar por hecho que la Fiscalía no llamará a su clienta, “como es lo habitual, igual que no lo hicieron el otro día con otra agredida a la que defendí, aunque le habían dejado la cara como un mapa”.

Las causas se le acumulan. Ayer respondió a la petición de la defensa de Íñigo Errejón de paralizar la causa por completo, a raíz de la intempestiva petición de Elisa Mouliáa hace dos semanas de la que luego se retractó. Confía en que el magistrado atienda a su recurso. Calcula que de ir todo según lo previsto, habrá juicio para 2027. Igual que augura una instrucción larga del caso DAO, por la casuística del mismo y por cómo están de sobrecargados los juzgados de Violencia contra la Mujer. “No sé cuántas víctimas más podrán atreverse, pero no será porque no me canso de comentar en cada entrevista que aquí estoy, que den el paso de denunciar”. A sabiendas de que no sea fácil. Lo ha comprobado estos meses mientras preparaba la querella, y más aún estos días. El impacto del tsunami en la inspectora denunciante ha sido tremendo: “Hoy ha llegado a su tope. Me ha agradecido saber que haya otras mujeres denunciando. Pero me ha reconocido que necesita silencio informativo, que todo esto la está removiendo mucho.”

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

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