Redondo elude culpas por los asesinatos machistas y señala a la ultraderecha y las redes sociales

La ministra de Igualdad apunta a factores externos mientras el sistema de protección ha fallado en casi la mitad de los casos

Trece mujeres, una niña de 12 años y un niño de 10 han sido asesinados en lo que va de año por violencia de género. Casi la mitad (cinco), había pedido ayuda y denunciado a sus asesinos. Lo que significa que el sistema falló, erró, no midió y las abandonó a su suerte.

A pesar de los evidentes errores con consecuencias letales del engranaje institucional, la ministra Ana Redondo, antes de presidir el Comité de Crisis que se celebra cuando hay un repunte de asesinatos, no hizo autocrítica. Más bien al contrario.

La ministra Ana Redondo atiende a los medios antes del Comité de crisis
EFE/ Rodrigo Jiménez

La ultraderecha y los pactos post electorales

En sus declaraciones y ante un dramático comienzo de año, Redondo señaló a la ultraderecha, “una fuerza negacionista de la violencia de género”, pidió que el PP explicara si sus pactos de gobierno en los distintos territorios van a suponer una merma para la seguridad y protección de las mujeres. Una petición lógica, pero que quizá no se tendría que haber hecho instantes antes de analizar unos asesinatos consumados en los que esas alianzas no han tenido nada que ver.

Violencia digital

También habló de otro tipo de violencia machista, la digital, casi como una explicación a ese repunte, alertando de los “discursos de odio” en redes sociales y de su relación con la violencia real. Una explicación difícil de sostener.

Las comunidades autónomas y la sociedad

De nuevo y sin un atisbo de autocrítica, volvió a apuntar, esta vez a las comunidades autónomas, a las que pidió una mayor implicación en la lucha contra la violencia de género. Y tras señalar a los gobiernos regionales, mentó a la sociedad en su conjunto, a la que apeló a reaccionar “con contundencia” frente al machismo y a implicarse en esta lucha.

“El sistema funciona y 100.000 hombres están monitorizados”

Como guinda de esas explicaciones, volvió a repetir, como es habitual, que el sistema funciona. No es cierto. Hay cinco familias que lo saben y para los que las palabras de la ministra podrían parecer hasta de mal gusto. “El sistema funciona y salva vidas a diario”, insistió.

La ministra de Igualdad, Ana Redondo durante el Comité de Crisis celebrado este martes
EFE/ Rodrigo Jiménez

Fue más allá. Dijo que más de cien mil hombres están monitorizados en el sistema VioGén y que se evitaban asesinatos todos los días. Lo que no explica, y no todo el mundo sabe, es en qué consiste ese seguimiento a los maltratadores que no es otra cosa, en la inmensa mayoría de los casos, que llamadas telefónicas donde se pregunta a la víctima si tiene noticias de su agresor.

Las mujeres, muchas veces, como nos han confirmado a Artículo 14 mienten a estos agentes. Ellos no comprueban la veracidad de esos seguimientos. Por ejemplo, un policía llama a una víctima y le pregunta si el maltratador se ha comunicado o acercado a ella. La mujer puede mentir y decir que no sabe nada de él, pero tenerlo sentado a su lado. Esa es la monitorización que se lleva a cabo. Por eso, en tantas ocasiones, el asesino convivía con la víctima, a pesar de la orden de alejamiento.

Uno tras otro, fue señalando responsables: la ultraderecha, las redes sociales, las comunidades autónomas y la propia sociedad. Todos menos ella misma y el ministerio que dirige. En ningún momento asumió responsabilidades por los fallos de un sistema que, pese a estar activo en algunos de los casos, no logró evitar los asesinatos porque, como repite siempre: “ningún sistema es perfecto”.

Y, pese a ello, elogió el sistema VioGén, del que dependen las medidas de protección a las víctimas y que había estado activo en cinco de los casos. El principal recurso del Estado para prevenir estos crímenes, que depende directamente del Gobierno, tampoco evitó los asesinatos.