Gafas violetas

‘Los juegos del hambre’: una heroína obligada a gustar para sobrevivir

Ante el estreno de 'Amanecer en la cosecha', revisamos cómo la primera película convirtió la belleza, la simpatía y el romance en exigencias para una protagonista que ya sabía defenderse

La distopía 'Los juegos del hambre'
La distopía 'Los juegos del hambre'

Katniss Everdeen sabe cazar, encontrar comida y mantener con vida a su familia. Pero cuando llega al Capitolio, las personas encargadas de prepararla para los Juegos consideran que necesita una transformación. La depilan, la maquillan, le diseñan un vestuario y le enseñan a presentarse ante las cámaras. Sus habilidades pueden salvarla dentro de la arena; para conseguir patrocinadores que le envíen alimentos o medicinas, tendrá que conquistar antes a los espectadores. Tiene dieciséis años y acaba de ofrecerse para morir en lugar de su hermana. Ahora le toca estar guapa.

El estreno de Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha, previsto para el 20 de noviembre, invita a recuperar la película con la que comenzó la saga cinematográfica en 2012. Dirigida por Gary Ross a partir de la novela de Suzanne Collins, aquella primera entrega ofrecía una protagonista cuya capacidad de acción convivía con una vigilancia constante sobre su aspecto, su carácter y sus afectos. Vista con gafas violetas, resulta especialmente interesante por la distancia entre lo que Katniss necesita hacer y lo que los demás necesitan que represente.

Jennifer Lawrence como Katniss Everdeen en su presentación ante el Capitolio en 'Los Juegos del Hambre'
Jennifer Lawrence como Katniss Everdeen en su presentación ante el Capitolio en ‘Los Juegos del Hambre’

Jennifer Lawrence construye una adolescente poco complaciente. Katniss observa, desconfía y responde con una brusquedad que incomoda a quienes intentan promocionarla. No posee la facilidad de Peeta para conversar ante las cámaras. Tampoco parece dispuesta a agradecer las atenciones de una sociedad que convierte la muerte de los jóvenes de los distritos en entretenimiento. Su dificultad para resultar simpática constituye un problema práctico: en Panem, despertar afecto puede proporcionar una ventaja decisiva.

La entrevista con Caesar Flickerman condensa esa exigencia. Katniss aparece con un vestido rojo que despliega un efecto de llamas al girar. El público celebra la transformación de la muchacha del Distrito 12 en una figura espectacular. Cinna, su estilista, la acompaña con una delicadeza que lo distingue de otros representantes del Capitolio, pero su trabajo también responde a las reglas del espectáculo: conseguir que todos la miren. La película permite apreciar el apoyo que le ofrece sin olvidar por qué necesita ese vestido.

Los chicos también participan en esta exhibición. Peeta debe entrenarse, vestirse y vender una personalidad atractiva. Sin embargo, en Katniss adquiere un peso particular la combinación de belleza, vulnerabilidad y disponibilidad romántica. Puede ser hábil y peligrosa, siempre que el público encuentre una manera de incorporarla a una historia sentimental reconocible.

Fotograma de la segunda parte de 'Los juegos del hambre'
Fotograma de la segunda parte de ‘Los juegos del hambre’

Esa historia empieza a escribirse sin consultarla. Cuando Peeta declara en televisión que está enamorado de ella, modifica la imagen pública de ambos. Katniss reacciona con enfado; Haymitch interpreta la confesión como una ventaja. A partir de entonces, sus gestos hacia el compañero podrán convertirse en recursos para sobrevivir. El cuidado, la atracción y la estrategia se mezclan bajo unas cámaras que no les conceden intimidad.

La secuencia de la cueva desarrolla esa ambigüedad. Katniss atiende a Peeta, herido, mientras aprende a reconocer qué esperan los espectadores de ellos. Los patrocinadores pueden premiar la cercanía amorosa. El relato deja espacio para el afecto, pero lo sitúa dentro de unas condiciones que impiden expresarlo libremente. Hasta un beso tiene consecuencias materiales. Para una adolescente que intenta conservar el control sobre su vida, la obligación de hacer legibles sus sentimientos constituye otra forma de presión.

Katniss y Peeta en un fotograma de 'Los juegos del hambre'
Katniss y Peeta en un fotograma de ‘Los juegos del hambre’

La película supera el test de Bechdel: aparecen mujeres con nombre que hablan entre sí de asuntos distintos de los hombres. Katniss y Prim conversan sobre el miedo; Katniss y Rue, sobre cómo sobrevivir. El resultado importa porque muestra una vida femenina que desborda la pareja, aunque ese criterio, por sí solo, no determine el alcance feminista de una obra.

De hecho, las relaciones con otras niñas sostienen las decisiones fundamentales de la protagonista. Se presenta voluntaria para proteger a Prim y establece con Rue una alianza que interrumpe la lógica de competencia de los Juegos. La pequeña del Distrito 11 aporta conocimientos, la ayuda y participa en un plan común. Entre ambas circula una confianza que el sistema procura hacer imposible.

Cuando Rue muere, Katniss rodea su cuerpo de flores. Dedica tiempo a despedirla dentro de un espectáculo que exige pasar rápidamente a la siguiente muerte. El gesto permite reconocer a la niña más allá de su condición de concursante y convierte el duelo en un acto público. La capacidad de cuidar ocupa así un lugar central en la construcción de la heroína.

El desenlace conserva estas tensiones. Al sacar las bayas venenosas, Katniss obliga a los organizadores a elegir entre permitir dos vencedores o quedarse sin ninguno. Después deberá explicar ese desafío como una reacción amorosa. La muchacha que acaba de alterar las reglas vuelve a sentarse ante las cámaras con Peeta. Su supervivencia todavía depende de que el público crea una versión aceptable de lo que ha hecho.

Tras la victoria, Haymitch le advierte de que el Capitolio no le perdonará el desafío de las bayas. Katniss tendrá que convencer a todos de que actuó por amor a Peeta, incapaz de imaginar una vida sin él. Esa explicación permite a los organizadores disimular que una adolescente los ha obligado a cambiar las reglas. En la última entrevista, cada gesto de la vencedora debe sostener el romance. Ha salido de la arena, pero todavía no puede contar cómo consiguió hacerlo.

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