Las obras de la calle Alfonso XI, a un paso de la Puerta de Alcalá, amenazan con imponerse a la conversación. Entre el ruido de la maquinaria y el trajín de una terraza madrileña, los cinco integrantes de Alcalá Norte encuentran un hueco para sentarse a hablar. Acaban de salir de la radio y después les espera otra grabación en el Museo Lázaro Galdiano. La agenda es apretada, pero ellos se prestan al intercambio con una naturalidad que acaba por imponerse al estruendo.
El lugar tiene algo de ironía geográfica. Una banda que tomó prestado su nombre de un centro comercial de Ciudad Lineal conversa ahora a pocos metros de la Puerta de Alcalá, en el Madrid monumental, bastante lejos del barrio que ha convertido en una mitología propia. Desde la publicación de su debut homónimo en 2024, y especialmente desde el éxito de “La vida cañón”, Alcalá Norte se ha consolidado como uno de los nombres más reconocibles del nuevo rock español. Pero el salto de las salas a los grandes festivales no parece haberles hecho perder el gusto por lo insólito: sus canciones siguen encontrando inspiración en filósofos, pintores, urbanistas y personajes de dudosa reputación.
Su segundo álbum, Dejémoslo como estaba, llega el 4 de noviembre con once canciones y una portada de Carle Naide que reinterpreta un dibujo de Goya: tres monjes contemplan a un Arturo Soria desnudo y raquítico que trepa por un monolito en mitad del desierto. La imagen es, a su manera, una declaración de intenciones. En Alcalá Norte, la erudición convive con el chiste privado y la ambición artística con el cachondeo. Hablan de música como quien discute sobre los grandes misterios de la humanidad, pero nunca tardan demasiado en encontrar un motivo para reírse de sí mismos. Tal vez sea esa contradicción, más que cualquier etiqueta musical, lo que mejor los define.
Habéis dicho que Dejémoslo como estaba no supone una ruptura con el primer disco, pero sí una ampliación de vuestro universo musical. ¿Dónde creéis que más se nota esa evolución? ¿Hay algo que ahora os atrevéis a hacer y antes no?
Jaime Barbosa: No es una cuestión de atrevimiento, sino de explorar nuestro universo, de intentar seguir haciendo lo mismo, pero dándole un toque de directo, de potencia, de profundidad y de grosor muscular, como decía Laura.
Álvaro Rivas: A nivel musical, la gran diferencia es Laura. Laura no estaba antes, y saber desde el comienzo que cuando tienes una semillita, la primera capa que le pones encima son esos mimosos sintetizadores que acompañan el crecimiento hace que las canciones acaben siendo completamente distintas. Siempre tuvimos claro que queríamos sintetizadores que mandasen melódicamente en muchísimas canciones, pero Laura traía, por su formación y seguramente también por sus intereses, otra manera de construir con ellos. Eso es lo que más difiere del primero. ¿En qué nos ha venido bien? Nos ha venido de puta madre para lograr la épica en las canciones. Al terminarlas, muchas nos recordaban a momentos concretos de bandas sonoras que acompañan escenas épicas. Por algún motivo, el inconsciente del siglo XXI entiende la epicidad de una manera que se nos ha colado a través de los sintetizadores.

Los tres adelantos son bastante distintos entre sí: “El hombre planeta”, “Los llamados pitagóricos” y “El Endemoniado”.
Barbosa: “Endemoniao”. Es como “bacalao” y “Bilbao”. Bacalao, Bilbao y Endemoniao. Esos tres, el tridente.
Laura de Diego: Y Cola Cao.
Barbosa: Y Cola Cao también.
¿Son representativos de lo que vamos a escuchar en el disco o quedan sorpresas que todavía no hemos visto?
Barbosa: La idea fue sacar primero “El hombre planeta”, que veíamos como la más accesible, más popera. Luego, “Los llamados pitagóricos”, quizá la más oscura, la más original en cierto sentido…
Rivas: Cucarachera, dilo claro.
Barbosa: Cucarachera. Pensábamos, y creo que acertamos, que era la canción que esperaba la gente a la que le gustamos desde hace más tiempo, la que espera que no nos achantemos. Y la tercera, “El endemoniao”, consideramos que es una mezcla de las dos. Así que tenemos un tipo de canción, otro y una combinación de ambos. Es una buena síntesis de lo que hay en el disco.
Rivas: Aunque esas tres canciones sean una muestra representativa, en el disco hay muchos matices que se escapan de los adelantos.
Carlos Elías: Hay muchos recovecos. Toda esa épica que acabamos de describir se desarrolla a lo largo del disco, pero hay canciones con matices propios que de repente te encuentras y dices: “Bueno, ¿y por qué salen por aquí?”. Y luego se resuelven por otro lado. Es un disco divertido de escuchar entero precisamente por esos matices.
Rivas: La épica, que es una de las primeras palabras que hemos utilizado para hablar de los sencillos, no está tan presente en ellos. En “Los llamados pitagóricos” hay un poco, pero…
Barbosa: Hombre, “El hombre planeta” también tiene su subidita épica. Quizá haya otros temas que la tengan más marcada, pero, siendo una canción más popera, es más jodido meterle épica. Y aun así creo que la tiene.
Vuestras canciones parten a menudo de personajes históricos, referencias filosóficas o historias aparentemente ajenas a vuestra experiencia cotidiana. ¿Qué tiene que tener una historia para que penséis que puede convertirse en una canción de Alcalá Norte?
Barbosa: A nivel letrístico, Rivas busca entre sus libros y las cosas que le interesan, nos lo cuenta y yo le digo si le paso la censura. Generalmente, cuando hace las cosas como hay que hacerlas, estoy encantado. Cuando no, le digo: “Esto no le interesa a nadie, no digas esto”. Y entonces ya hace sus movidas.
Rivas: Realmente es él quien puede responder mejor a esa pregunta, porque he aprendido a depurar las temáticas según pienso si le van a gustar a Barbosa o no. Normalmente mandan las propias historias. Me cruzo con una historia, ya sea en forma de cuadro, como con “La venta nueva”, o, más fácilmente, con un texto delante, y ahí la propia canción resalta sobre el texto en otro color. Van saliendo los versos, las estrofas. Si veo que contiene estructuras tradicionales de los cuentos, como personajes y desenlaces, o buenos estribillos, y se puede hablar de la canción y no tanto de su autor, sé que a Barbosa le va a molar.

¿Cómo funciona realmente la composición entre los cinco? ¿Llegan las canciones con una identidad bastante definida o cambian mucho cuando empezáis a trabajarlas juntos?
Rivas: Cada una nace de una manera. El escenario ideal es que todo ocurra en la sala de ensayo. Las letras llegan escritas, pero muchas veces vienen con una melodía y traigo la canción tal como pretendo cantarla, ordenada de principio a fin. Otras veces son sencillamente esbozos. Me gusta cuando logro conectarlos con líneas que han ido surgiendo, con armonías que se han generado después de llevar quince minutos tocando y yéndose hacia lados concretos. Componemos de mil maneras distintas; cada canción tiene un origen.
En la portada, tres monjes contemplan a un Arturo Soria desnudo y raquítico que trepa por un monolito en mitad del desierto. ¿Cómo surgió esta escena y qué interpretación hacéis de ella?
Rivas: Es Carlos [Carle Naide] quien ha decidido cómo plasmar todas esas movidas. Nosotros no podemos explicar muy bien la imagen ni ligarla directamente al disco. Está claro que Arturo Soria está ahí como un estilita subido a una atalaya en medio del desierto. Y los tres monjes no se sabe muy bien si van a cobrarle una deuda, a venerarlo o a pasar revista al monstruo del desierto, a ver cómo está.
Barbosa: Han ido a pillar.
Rivas: Igual han ido a pillar. Y Arturo Soria está subiendo porque lo guarda ahí arriba, en el monolito.
Barbosa: Lo bueno de la portada es que puede querer decir muchas cosas. Originalmente había un tío subiendo y yo dije: “Joder, tiene que ser Arturo Soria y, además, tiene que estar en pelotas”. Luego decidimos que tenía que estar todavía más raquítico, que se le vieran las costillitas. Cada uno debería pensar lo que quiera, igual que con las letras. Que Arturo Soria se está aferrando a sus ideas y los otros quieren matarlo, o que lo están venerando… Da igual. Puede significar muchas cosas.
Rivas: Antes de que esa figura que trepaba el monolito fuera Arturo Soria, Carlos nos había presentado a un señor neutro: “Aquí tenéis a un señor subiendo. Decidme quién es”. Y antes de eso había propuesto un monstruo concreto de Goya, una cara muy particular que estaba guapa. Pero Arturo Soria cerraba el círculo. El círculo de la Ciudad Lineal.

Esta semana Álvaro ha tenido ocasión de ver en persona el dibujo original de Goya en el Museo del Prado. ¿Cómo fue encontrarse delante de una obra que ha terminado dando título a vuestro disco? ¿Cambió vuestra percepción de ella al verla?
Rivas: Sí, lo que vi fue el original del monje que sostiene el libro en la portada. Es el que da título al cuadro de Carlos.
Laura: Pero esto fue cuando el cuadro ya estaba pintado. La primera inspiración fue en el monasterio de El Escorial.
Rivas: Ese dibujo no está expuesto. Hace unos seis años lo enseñaron y creo que el año que viene lo van a volver a sacar. Sacarán cosas del Cuaderno C. Ojalá se la marquen y saquen el nuestro.
En vuestro trabajo conviven Goya, Tolkien, Nietzsche, Dostoyevski y Arturo Soria, entre muchas otras referencias. ¿Os interesa que el público las descifre o preferís que cada uno encuentre su propia interpretación, incluso aunque no entienda todas las alusiones?
Rivas: Muchas veces coloco frases adrede para que evoquen varios significados. Siempre nos gusta que se interpreten. A mí me encantaría coger la misma letra dentro de diez años y justificarla desde otro ángulo completamente distinto, diciendo: “Sí, sí, esto estaba así desde el comienzo”. Ojalá me pase. Y, por supuesto, también nos gusta que nuestras canciones sigan en Wikipedia. Escuchas una y piensas: “Vale, ¿pero por qué dice esto?”. Lo buscas en Wikipedia y dices: “Ostras, qué guapo. Igual tiene que ver con lo que decía dos versos antes, que había entendido de otra manera”.

La portada, las letras, vuestra página web y hasta el vinilo especial de 1.001 copias parecen formar parte de un mismo universo narrativo. ¿Hasta qué punto construís conscientemente esa mitología alrededor de Alcalá Norte y cuánto surge de forma espontánea?
Rivas: Ahora mismo el primero y el segundo disco van sobre lo mismo: Alcalá Norte. De repente, el cuarto puede ser una locura concreta sobre una historia que sucede en una nave espacial. Pero, de momento, seguimos en el universo de Ciudad Li: mismo mapa, nuevos territorios, mejores gráficos.
Laura: Es espontáneo porque, como dice Barbosa, son las mismas referencias de siempre, cosas que nos gustan desde hace mucho tiempo. De pronto van encajando las nuevas lecturas de Rivas, las bromas que van surgiendo… Pero cuando llega el momento de plasmarlo en el disco, sí buscamos la forma de conectar todos esos puntos. Esa parte es consciente. Con Goya, por ejemplo, dijimos: “Vamos a hacer algo con esto, que mola mucho y tiene relación con nuestras canciones”. No es tanto buscar un lore porque sí, sino darle forma a algo que nace espontáneamente.
Rivas: Hay una cosa que a mí me mola. Me flipa The KLF, una banda burrera de finales de los ochenta que se puso a hacer música electrónica hegemónica para vender mucho y desarrollar un proyecto artístico muy raro alrededor de vender música y reírse de ello. Hay un libro sobre su historia que utiliza como antecedente la serie Doctor Who, que yo no he visto. Decía que Doctor Who mola porque, a partir de la temporada veinte, los guionistas eran niños que habían crecido viendo Doctor Who. Y el autor relacionaba eso con The KLF. The KLF siempre ha sido la manera en la que yo he querido hacer mi banda. Me gusta, por ejemplo, que Alcalá Norte me coloque en determinadas situaciones: voy a tocar en el Palacio de El Escorial para que me graben un vídeo del Mad Cool y acabo calentando la voz delante de un tapiz de Goya que me sugiere un verso. Alcalá Norte me está dando una canción de Goya, me está diciendo: “Tira por aquí”. Yo ya me borro casi de la agencia. Manda la criatura sola. A mí me gusta mucho sentirme a lomos del dragón.
¿The KLF era el grupo que había quemado el dinero?
Barbosa: Sí.
Rivas: Eso fue una cagada para mí. Y el tío que cuenta su historia también lo considera una cagada. Ellos hicieron la genialidad de poner ese mismo millón de libras enmarcado a la venta por 500.000 libras. La subasta quedó desierta porque la gente decía: “Aquí hay algún lío”. Nadie se lo compró. Para mí ese fue el acierto. Después de eso, deberían haberse comprado una casita cada uno, de puta madre, y haber hecho lo que quisieran con el resto del dinero. Pero decidieron quemarlo.
Arturo Soria quería transformar la ciudad para cambiar la forma de vivir de sus habitantes. Vosotros reivindicáis continuamente Ciudad Lineal, pero en el disco también aparecen cuestiones como los alquileres y la vivienda. ¿Qué relación hay entre esa idea original de ciudad y el Madrid que conocéis hoy?
Rivas: A nosotros nos gusta mucho lo que ha sobrevivido ciento y pico años después. El lema mola mazo: “A cada familia un hogar y en cada hogar una huerta y un jardín”. Pero no se trata solamente de pedir techo para todos. Hay un barrio que vive, en el que vemos cómo cierran tiendas y pasan las generaciones, pero también cómo los chavales quieren quedarse y sacarlo adelante. Es un barrio que aguanta. Ciento y pico años después, lo que ha surgido en los terrenos que quiso urbanizar Arturo Soria es un barrio en el que está chulo vivir. Nos encantaría que todo el mundo viviese como nosotros, que vivimos de puta madre. [Señala a Carlos]. Este vive en el centro y yo no sé cómo aguanta.
Carlos: Porque tengo todas las salas de conciertos cerquita de casa, caminando.
Pablo Prieto: Quince minutos.
Carlos: Quince minutos es muy lejos, ¿eh? Las tengo todas entre cinco y diez minutos. Hay que ver música en directo en las salas, no solo ir a grandes recintos.
Pasasteis de ser una banda muy vinculada a un barrio concreto a llenar salas y tocar en grandes festivales. ¿Cómo ha cambiado vuestra relación con el público? ¿Sentís que el Alcalá Norte que vosotros conocéis es el mismo que perciben quienes os han descubierto con “La vida cañón”?
Rivas: Yo creo que quienes vinieron a vernos el 2 de mayo en la Casa de Campo, si habían estado antes en La Riviera o en la Joy Eslava, debieron de ver lo mismo. Ahora estamos preparando el Movistar Arena y el espectáculo se construye sobre lo que supuso tocar ante veintipico mil personas el 2 de mayo. En el Movistar Arena caben unas 10.000. Venid todos los que queráis, os necesitamos ahí dentro con nosotros, pero si ya ante 20.000 nos sentíamos como en casa, con 10.000 nos asustaremos todavía menos. Además, en el Movistar Arena vamos a tener muchísimo más control sobre todos los elementos que en aquel escenario del 2 de mayo, donde teníamos una pantalla y era salir a dar un bolazo. Y aun así metimos un buen teatro: vinieron los pitagóricos, se repartieron los flexidiscos… Estuvo guapo.

Una de las cosas más particulares de Alcalá Norte es que combináis referencias bastante eruditas con un humor muy directo y una actitud que no parece tomarse demasiado en serio a sí misma. ¿Ese contraste es algo que buscáis o simplemente refleja vuestra forma de ser?
Rivas: Yo creo que la banda tiene que tener algo de esa contradicción. Por un lado, cuando te tomas algo muy en serio con un colega, acabas llegando al círculo de las verdades últimas y parece que estáis arreglando el mundo. Pero, por otro, también tienes que decirle: “Vale, vale, ponte aquí con la guitarrita, que tampoco estás para tomarte tan en serio”. Hay una tensión guapa ahí. Creo que debe de ser la misma que existe entre la alta cultura y la baja cultura.
Álvaro ha comentado que ahora sois una empresa con cinco socios y que todos tenéis capacidad de decisión. ¿Es difícil conservar la espontaneidad y la amistad cuando hay una estructura profesional y tantas personas implicadas?
Rivas: Nos ayuda mucho el mánager. Por ejemplo, uno de esos proyectos de la amistad que teníamos clarísimo era que, si nos llamaba el Primavera Sound, íbamos a llevar un monolito de madera enorme para subirme al escenario. El mánager nos dijo: “Vale, lo vais a hacer, pero es mala idea. Y no nos lo vamos a llevar a ningún sitio más, ya veréis”. Le dijimos que se hacía igual. Lo tuvo en la entrada de su casa durante un año, hasta que un día se cayó al suelo, se rompió porque lo habíamos montado mal y se acabó el monolito.
Carlos: Es que pesaba doscientos kilos.
Barbosa: Lo pusimos en la puerta de La Riviera y el primer día vino un conocido vasco y empezó a manipularlo. Dijo: “Cago en Dios, esto está aquí, no hay luz, no se ve”. Lo intentó levantar; pesaba doscientos y pico kilos y se le fue. Estalló allí, en la puerta de La Riviera. Nuestra idea era hacer un videoclip y meterle fuego o algo así. Pero estalló antes.
Laura: Sin pena ni gloria. Nadie lo vio.
Barbosa: Y además no se grabó.
Pablo: Yo lo vi en directo.
Barbosa: ¡Él estaba cuando estalló! A mí también me pareció mágico, una representación de lo que somos: “Vamos a poner esto aquí” y, ¡plas!, revienta. Pues que estalle, ya está.
Pablo: Pasó en cámara lenta, además.

Barbosa: [Imita la escena a cámara lenta]. ¡Nooooo! ¡Plas! ¡Al carajo! Quedó hecho trizas. ¿Y esto de dónde venía?
Rivas: De si seguimos siendo los mismos. Que nuestro mánager nos ayuda…
Carlos: La gente, con todos los trozos en el suelo, empezó a hacerse fotos con los pedazos del monolito que encontraba en la puerta de La Riviera. Es increíble.
Barbosa: Yo creo que conservamos esa cosa porque es importante para nosotros. Nos gusta la gilipollez, nos gusta tomarnos en serio nuestro trabajo, pero no caer en ese tomarse en serio constante de la gente que dice: “No, es que soy un tipo muy serio”. Tío, yo qué sé, seguro que a ti también se te quedan las gotillas en el calzón. Córcega y Cerdeña, que se dice.
Rivas: ¿Cómo es?
Barbosa: Las dos gotillas en el calzón: Córcega y Cerdeña.
Rivas: Córcega y Cerdeña, qué guapo. No había escuchado en mi vida [risas].
Barbosa: Hay que tomarse las cosas en serio para hacerlas bien. Tampoco puede ser todo cachondeo, porque considero que nuestras letras son serias, con sus toques y sus giros. Pero luego hay que quitarle peso a la manera de ver las cosas. Y eso también nos ayuda como personas. Es un equilibrio sano. No se trata tanto de alta cultura o baja cultura como de tener curiosidad por cosas de las que quizá la gente no suele hablar, pero hacerlo con un tono costumbrista y sin fliparse demasiado.
Pablo: Días de fútbol y Nietzsche.
Barbosa: Exactamente. Días de fútbol, Dostoievski y ese tipo de rollo.
De hecho, creo que fuiste tú quien dio una vez un titular en el que contabas un sueño que habías tenido con unas ancianas. Es uno de los mejores titulares que he leído en mi vida.
Barbosa: Ah, sí. La movida fue que soñé que estaba en un sitio y venían unas señoras a “violinarme”, básicamente. Y yo decía: “No, no, no, no”. Pero se me echaban encima. Entonces gritaba: “¡Jose, Jose!”, que es nuestro mánager. Me desperté gritando: “¡Que me violinan! ¡No, señora!”. Me preguntaron por un sueño y conté eso, yo qué sé.
Freud escribió su obra por historias como esa.
Barbosa: Viene de otra vez en que una persona que no tenía que entrar se metió en un camerino donde estaba Rivas, y él empezó a gritar: “¡Jose, Jose, Jose!”, para que nos salvara. Jose nos salva.
Para terminar, y volviendo al título del disco: después de todo lo que os ha sucedido en los últimos dos años, ¿qué cosas de Alcalá Norte querríais dejar exactamente como estaban y cuáles no os importaría cambiar?
Barbosa: Pues mira, como está, yo creo que…
Rivas: Algún sinte más.
Barbosa: Algún sinte más. Más cañones.
Laura: Yo también quiero más. Dejaría como está la banda, los que somos, y a nuestro mánager y a nuestro equipo en general, que son increíbles.
Barbosa: Está todo bien. Hemos llegado hasta aquí, joder, será que algo estamos haciendo bien, quiero pensar. Y estamos contentos. Hemos hecho un segundo trabajo del que estamos muy contentos. Bonito, guapo, divertido. Mola que te cagas. Eso lo dejamos como está.
Pablo: Jose, salvado, ¿eh?
Laura: No estás nominado, Jose. Y sobre todo mantendría las ganas de hacer canciones guapas, de hacer más música y de seguir expandiéndonos.
Rivas: [Señala a Pablo]. Él está haciendo muchas ahora.
Laura: Sí, Pablo está increíble, mandando un montón.
Pablo: Por un sencillo motivo: porque no quiero volver a pasar por lo mismo de que nos pille el toro.
Laura: Va mandando pequeños embriones. Y eso tiene que quedarse como está.

¿Algo más que añadir?
Carlos: Movistar Arena, 20 de febrero. Hay entradas.
Rivas: Y todas las fechas que vienen.
Laura: Barcelona, Valencia, Santiago…
Rivas: De febrero a marzo.
Laura: Y el segundo disco es mejor que el primero y ya está.
