Entrevista

Marta Matute: “La ley de dependencia no está respondiendo a las necesidades de las familias”

Ganadora de la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga, 'Yo no moriré de amor' pone el foco en los cuidados familiares y la precariedad en este ámbito por parte de las instituciones

Marta Matute, directora de 'Yo no moriré de amor'
Marta Matute, directora de 'Yo no moriré de amor'

“No hay recursos para cuidarnos”. Con Yo no moriré de amor, la directora madrileña Marta Matute convierte una experiencia íntima en un retrato colectivo sobre el desgaste de los cuidados, la culpa y la fragilidad de las familias frente a la dependencia. Lejos de idealizar el amor familiar, la cineasta aborda la enfermedad de su madre desde la contención y la honestidad, mientras lanza una crítica directa a un sistema que, asegura, “no está respondiendo a las necesidades reales de las familias”. Entrevistamos a Marta Matute en exclusiva, coincidiendo con el estreno de su primer largometraje en cines.

Al tratarse de tu propia historia, ¿qué fue lo más difícil a nivel emocional? ¿Escribirla, rodarla, montarla? ¿Te hizo daño contarla o te ayudó a sanar?

Empecé a escribirla porque me aceptaron en la Residencia de la Academia. Pensé que lo iba a pasar mal, pero en cuanto me embarqué en el proyecto sentí que dejaba de ser solo mi historia para convertirse en la de muchas familias que viven algo parecido. Al principio había mucho de mi experiencia, pero poco a poco entró la ficción y pude tomar distancia. Eso me permitió disfrutar más del proceso. Además, el proyecto tuvo muy buena acogida desde el principio y eso también fue emocionante.
La parte final, cuando llegaron los actores y el rodaje, fue especialmente bonita. Siento que he colocado todo esto en otro lugar, más amable y más sanador, también hacia mi padre, mis hermanas y mi madre.

Fotograma de 'Yo no moriré de amor', de la directora madrileña Marta Matute
Fotograma de ‘Yo no moriré de amor’, de la directora madrileña Marta Matute

En el cine español se ha hablado mucho de las madres, pero menos de las hijas agotadas. ¿Querías romper con esa idea casi sagrada del cuidado femenino?

Sí. Quería abordar la historia de la manera más honesta posible y romper con esa idea del amor incondicional idealizado. Por eso me interesaba retratar una familia poco afectuosa, porque también existen así. La enfermedad termina uniendo a esa familia y obliga a todos a atravesar sentimientos muy duros: frustración, culpa o infelicidad. Además, llega justo en un momento de la vida en el que estás intentando construir tu futuro y, de repente, tienes que sacrificar parte de tu juventud. Me interesaba especialmente cómo cambian los roles: esa hija que ha sido cuidada por su madre pasa ahora a cuidar de ella. Y quería reflejar el conflicto entre los cuidados y la propia vida. No quería dulcificar esa realidad. Aunque también he conocido casos de hombres cuidadores, los datos siguen mostrando que el peso de los cuidados recae mayoritariamente en las mujeres.

El personaje del padre transmite mucha ternura y, al mismo tiempo, la sensación de estar completamente desbordado. ¿Hasta qué punto lo ficcionaste?

Es el personaje que más se parece a la realidad. Ese carácter y esa dureza son muy propios de mi padre. Él pensaba vivir una jubilación completamente distinta y, de repente, se encuentra en una situación para la que no tiene herramientas. Es alguien que intenta salir adelante poco a poco, aunque esté totalmente descolocado. Por eso la película termina dejando abierta la pregunta de cómo va a reconstruir ahora su vida. Sí hay ficción, claro, pero quería reflejar también esa ternura. Es una persona que nunca le dice a Claudia que deje de vivir su vida. Dentro de sus posibilidades, intenta sostenerla.

Cartel de ‘Yo no moriré de amor’
Elastica Films / RTVE / Movistar Plus+

En la película hay una violencia silenciosa: nadie grita demasiado, pero todos parecen al límite. ¿Cómo trabajaste esa contención?

Confiaba mucho en las situaciones y en cómo reaccionaban los personajes. La emoción ya estaba ahí y no quería empujarla más desde la interpretación. Esa contención refleja la disociación de los personajes. Yo misma creo que me disocié para poder seguir adelante. Cuando los cuidados llegan de manera tan progresiva, acabas entrando en una rutina sin darte cuenta de hasta qué punto la enfermedad ha avanzado. La película habla de esa cotidianidad, pero también de cómo la vulnerabilidad puede generar vínculos nuevos. Yo no sé si habría sentido tanta empatía por mi familia si no hubiéramos pasado por esto juntos.

Como directora de actores, el trabajo interpretativo en la película es muy potente. Sonia Almarcha comentaba que tu experiencia como actriz facilitó mucho el entendimiento mutuo. ¿Cómo lo viviste?

Estoy convencida de que ayudó mucho. Como actriz sabes qué información necesita un intérprete y cómo crear un ambiente de confianza. Yo siempre intento trabajar desde la calma, porque creo que desde ahí salen cosas mucho mejores que desde la tensión. La dirección de actores es un lugar en el que me siento muy cómoda y eso me dio seguridad, aunque fuera mi primera película.Además, tuvimos cinco semanas de ensayos antes del rodaje. Los actores convivieron mucho, se conocieron y se creó un ambiente muy bonito. Sonia Almarcha, además, pudo acercarse de primera mano a distintas fases de la enfermedad y absorbió muchísimo de todo ese proceso.

Yo no moriré de amor, de la directora madrileña Marta Matute
Yo no moriré de amor, de la directora madrileña Marta Matute

¿Qué impacto te gustaría que tuviera la película en este debate sobre los cuidados y la dependencia?

Hablar de ello ya es una forma de contribuir. La película muestra el desgaste emocional de las familias, pero también es una crítica a un sistema que no está funcionando. Si esta familia hubiera tenido más recursos, habría vivido la situación de otra manera. Asociaciones como Marea de Residencias se han puesto en contacto conmigo y eso me emociona. Se habla mucho de la dependencia, pero se ponen pocas soluciones. Tenemos una ley que no está respondiendo a las necesidades reales de las familias.
Lo más importante para mí es cuando alguien me dice que la película le ha ayudado. En un coloquio, una mujer me confesó que le había quitado parte de la culpa que sentía como cuidadora. Ahí sentí que todo había valido la pena. Es un tema que sigue muy silenciado, cuando en realidad todos vamos a convivir con la dependencia de una forma u otra. No hay recursos suficientes para cuidar ni para cuidarnos. Si la película sirve para que se hable más de ello, entonces habrá aportado algo importante.

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