Hisdesat, en coordinación con el Ministerio de Defensa, ha puesto en marcha el proceso de solicitud de ofertas para el satélite SPAINSAT NG III, destinado a sustituir al SPAINSAT NG II, una vez constatado que los daños provocados por el impacto de una partícula espacial impiden a este último cumplir la misión asignada. Se trata de una “dimensión milimétrica y apenas unos gramos de masa”, pero que debido a la energía cinética del impacto a alta velocidad “en una zona vital del satélite, ha ocasionado daños no recuperables”, han informado desde Hisdesat.
Esta empresa ha confirmado que “su pérdida no supone ningún perjuicio a nivel económico, al contar con un seguro frente a este tipo de daños”.
Hasta que el nuevo satélite no sea una realidad, señala el Departamento liderado por Margarita Robles, la cobertura de comunicaciones está asegurada por la combinación de las capacidades del sistema SPAINSAT-NG, actualmente en servicio, y del satélite SPAINSAT, que continúa plenamente operativo.
Esta configuración, asegura, “garantiza en todo momento” la continuidad de las comunicaciones del Ministerio de Defensa y el normal desarrollo de las operaciones de las Fuerzas Armadas, sin que se haya producido afectación alguna a los servicios prestados.
El Ministerio de Defensa, agrega en un comunicado, “continuará trabajando de forma coordinada” con Hisdesat en el marco del programa, para reforzar la resiliencia del sistema y asegurar la continuidad a largo plazo de las capacidades nacionales de comunicaciones por satélite, consideradas esenciales para la seguridad y la defensa.
Despegue en octubre
Cabe recordar que el satélite SPAINSAT NG II puso rumbo al espacio desde el complejo espacial de Cabo Cañaveral (Estados Unidos) el pasado mes de octubre. El satélite emprendió su viaje encapsulado en un cohete Falcon 9 de la compañía Space X, y unos 34 minutos después del despegue el lanzador liberó el SpainSat NG II, superando así una de las fases más críticas del proceso. Comenzó en ese momento un recorrido que se se debería haber prolongado durante más de cinco meses, hasta que el satélite se situara en una órbita geostacionaria (a unos 36.000 kilómetros de la Tierra).
Desde allí habría proporcionado, cuando hubiera estado plenamente operativo, comunicaciones seguras al Gobierno, a las Fuerzas Armadas, a países aliados y a organismos internacionales, como la OTAN o la Unión Europea durante los próximos 15 años.


