El cierre de 2025 deja una imagen clara en varios ejércitos de Latinoamérica: las mujeres están ganando terreno en los puestos de mando militar. Aunque estos avances no siempre son altamente destacados, los cambios acumulados muestran una evolución real dentro de unas instituciones tradicionalmente dominadas por hombres.
En los últimos años, distintos países de la región han incorporado a mujeres a cargos de responsabilidad dentro de sus Fuerzas Armadas. Ya no se trata solo de su presencia en funciones administrativas o de apoyo, sino de mandos con capacidad de decisión, al frente de unidades y con responsabilidades operativas. Este proceso es desigual según el país, pero la tendencia es común: cada vez hay más mujeres dentro de la estructura de mando.

Colombia es uno de los ejemplos más recientes. En diciembre de 2025, el Ejército Nacional confirmó el ascenso de un número inédito de mujeres al grado de mayor. Este rango supone un salto importante dentro de la carrera militar, ya que implica asumir el mando directo sobre personal y unidades. Para muchas oficiales, es además la puerta de entrada a los niveles más altos de la jerarquía. El movimiento refleja que la presencia femenina empieza a consolidarse en escalones claves del Ejército colombiano.
En otros países de la región también se han producido avances significativos. En Chile, mujeres oficiales han asumido responsabilidades relevantes en áreas de formación, planificación y liderazgo interno. En Guatemala, una mujer llegó a ocupar por primera vez un puesto de mando de alto nivel dentro del Ejército, un hecho que marcó un precedente en la historia militar del país. Son casos distintos, pero con un mismo trasfondo: el acceso progresivo de las mujeres a espacios que antes estaban completamente vetados.

Este cambio no responde solo a una cuestión de igualdad. Los ejércitos latinoamericanos se enfrentan hoy a desafíos cada vez más complejos, que requieren perfiles bien formados, con capacidad de gestión, preparación técnica y experiencia en liderazgo. En ese contexto, muchas oficiales han demostrado estar plenamente capacitadas para asumir responsabilidades de mando, ganándose el reconocimiento dentro de las propias Fuerzas Armadas.
Para ello, la presencia de mujeres en las cúpulas militares sigue siendo minoritaria. Las estructuras de mando en la región continúan siendo amplias y jerarquizadas, pero los rangos más altos siguen ocupados mayoritariamente por hombres. Las mujeres que logran ascender hasta esos niveles suelen hacerlo tras trayectorias especialmente exigentes, lo que evidencia que aún existen barreras internas y culturales por superar.
Aún así, el avance es constante. El aumento de mujeres en rangos intermedios de mando abre la puerta a que, en los próximos años, su presencia en las cúpulas militares sea más habitual. En países donde las Fuerzas Armadas siguen teniendo un peso importante en la seguridad y la organización del Estado, esta evolución supone un cambio relevante.
La experiencia de Latinoamérica muestra así cómo, fuera de Europa, algunos ejércitos con estructuras jerárquicas amplias están viviendo una transformación gradual. Una transformación silenciosa, pero cada vez más visible, en la que las mujeres empiezan a ocupar un lugar propio dentro del mando militar.


