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Mujeres en Irán: vivir bajo un sistema de apartheid de género

Roozbeh Mirebrahimi, jefe de investigación de la coalición Impact Iran, considera que “las mujeres han sido la primera y principal víctima de la República Islámica desde su nacimiento”

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Una mujer frente a un mural anti Estados Unidos en Teherán
Efe

Desde la instauración de la República Islámica en 1979, las mujeres iraníes han sido relegadas por ley y por práctica a un estatus de ciudadanía de segunda clase. La discriminación de género es uno de los pilares ideológicos y jurídicos del régimen. Pero cuatro décadas después, son también las mujeres quienes encabezan la resistencia más persistente contra el régimen, desafiando no solo el hiyab obligatorio, sino el conjunto de un orden político basado en el control del cuerpo femenino. Tras la revuelta de “Mujer, vida y libertad” en 2022 -desatada tras el asesinato de Mahsa Amini-, las cosas empezaron a cambiar en Irán.

“Uno de los primeros grupos sociales que se convirtieron en víctimas de la Revolución Islámica fueron las mujeres”, explica a Artículo14 Roozbeh Mirebrahimi, jefe de investigación de la coalición Impact Iran, que agrupa a 19 organizaciones de derechos humanos. “Ya en marzo de 1979, apenas semanas después del triunfo de los ayatolás, las primeras grandes protestas fueron protagonizadas por mujeres que veían cómo su vida estaba a punto de cambiar de forma radical”.

La mujer en Irán, la mitad que un hombre

La discriminación contra las mujeres en Irán está codificada en el propio sistema legal. El Código Civil establece al marido como “cabeza de familia” (artículo 1105), lo que le otorga amplias facultades sobre la vida de su esposa. Puede impedirle trabajar, viajar o elegir domicilio, y condiciona de forma decisiva su acceso al divorcio. En la práctica, la autonomía femenina queda subordinada a la autoridad masculina.

En el ámbito penal, la desigualdad es aún más explícita. El testimonio de una mujer suele valer la mitad que el de un hombre; la diyah o indemnización por muerte o lesiones es inferior en el caso de las mujeres; y la edad de responsabilidad penal para las niñas se fija en apenas nueve años, frente a los quince de los niños. “En todos los aspectos de la vida, las mujeres son tratadas como ciudadanas de segunda”, subraya Mirebrahimi.

La visión religiosa de que ellas no son iguales

Esta arquitectura legal no es accidental. Según el investigador, responde a una interpretación rígida y patriarcal del islam chií que constituye la base ideológica del Estado. “La República Islámica está construida sobre una visión religiosa en la que las mujeres no son iguales a los hombres. Y esa creencia se traduce directamente en leyes, instituciones y políticas públicas”, matiza.

Un actor clave en este entramado es el Consejo de Guardianes, un órgano no electo que actúa como filtro ideológico del sistema. Compuesto por doce miembros -seis nombrados directamente por el líder supremo y seis de forma indirecta-, este consejo tiene poder para vetar leyes y candidatos. “Son clérigos con una visión extremadamente fundamentalista sobre las mujeres”, explica Mirebrahimi. Y agrega: “desde el inicio, la estructura del Estado se diseñó para bloquear cualquier avance hacia la igualdad”.

Un modelo que ya no encaja con la sociedad

Ese diseño chocó frontalmente con la realidad social del país. Irán cuenta hoy con casi 90 millones de habitantes, de los cuales más del 75 % nació después de la Revolución Islámica de 1979. La mitad son mujeres. “Esta nueva generación está conectada con el mundo, ve cómo viven otras mujeres y exige lo mismo”, señala el investigador. “Ese es el gran conflicto: el régimen intenta imponer un modelo que ya no encaja con la sociedad”.

Una manifestación en apoyo al movimiento de protesta en Irán, cerca de la embajada iraní en París
EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

El símbolo más visible de ese control es el hiyab obligatorio. Tras la revolución, pasó rápidamente de recomendación ideológica a imposición legal. Primero en oficinas públicas en 1980 y, desde 1983, en todos los espacios públicos, con sanciones penales por incumplimiento. A lo largo de los años, la coerción se ha sofisticado con patrullas de la “policía de la moral”, cámaras de vigilancia y, más recientemente, sistemas tecnológicos como el llamado “Plan Noor”, que permite identificar a mujeres sin velo mediante reconocimiento facial.

Las detenciones por el hiyab

“El movimiento Mujer, Vida, Libertad no surge de la nada. Durante años, cada familia iraní ha tenido algún conflicto con el Estado por el hiyab: una hija detenida, una hermana interrogada, una amiga humillada. Eso convirtió el velo en un problema colectivo”, recuerda Mirebrahimi. La muerte de Mahsa Amini en 2022 marcó un punto de inflexión. El rechazo al hiyab obligatorio se transformó en un desafío abierto al régimen. Mujeres y adolescentes se quitaron el velo en público, lideraron protestas y asumieron un coste altísimo en forma de detenciones, torturas y condenas.

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Mujeres iraníes de negro en Teherán conmemoran el martirio del Imán Hussein
Efe

Tras aquellas protestas, el régimen dio señales contradictorias. En algunas zonas urbanas, la aplicación de las normas se relajó temporalmente. “No fue una elección del sistema”, aclara Mirebrahimi. Y prosigue: “Fue algo impuesto por la resistencia de la sociedad y por la presión internacional. El régimen intentó ganar tiempo”.

Más castigos a las mujeres

Sin embargo, esa aparente relajación fue acompañada por la aprobación de nuevas leyes de “castidad e hiyab”, que refuerzan las sanciones. Desde 2024, informes de oenegés y de la ONU documentan un endurecimiento de la persecución: más cámaras, cierre de comercios, expulsiones de universidades y uso del sistema penal contra mujeres que desafían el código de vestimenta.

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Una vendedora de velos en su tienda del norte de Teherán
Efe

En paralelo, reportes de 2025 describen un aumento de feminicidios y violencia doméstica, a menudo sin castigo. La ausencia de protección legal frente a la violación dentro del matrimonio y la desigualdad en herencia y custodia refuerzan un clima de impunidad estructural. Aun así, las mujeres siguen siendo el motor de la resistencia. “Siempre he creído que el cambio en Irán lo liderarán las mujeres, porque han sufrido discriminación en todos los aspectos de su vida. Aun así, han demostrado una resiliencia extraordinaria”, afirma Mirebrahimi.

“Ningún padre debería sentir eso”

“No están luchando solo por sus derechos. Están luchando por una sociedad mejor para todos. Hombres y niños también se beneficiarán de ese cambio”, agrega el investigador. Se trata también de una cuestión muy personal: “Cuando nació mi hija, lo primero que pensé fue: gracias a Dios que no estoy en Irán, que no tendrá que crecer bajo ese sistema. Ningún padre debería sentir eso”. La resistencia de las mujeres se ha convertido en uno de los mayores desafíos existenciales para la República Islámica. “Las mujeres iraníes son la esperanza del futuro. Estoy seguro de que cambiarán Irán”, concluye el investigador.