FÚTBOL

Alemania, la potencia que marcó para siempre el fútbol femenino

Alemania transformó el fútbol femenino desde la resistencia hasta la cima, dejando un legado de títulos, leyendas y modelo deportivo.

La seleccion alemana en el partido de cuartos ante Francia

Hablar de la selección alemana es adentrarse en la historia de una de las grandes potencias estructurales del fútbol femenino mundial. Pocas selecciones han sostenido, con tanta regularidad y autoridad, un nivel competitivo tan alto durante tantas décadas. Más allá de un palmarés imponente, su trayectoria encierra una transformación profunda: la de un deporte que pasó de la invisibilidad y el prejuicio a ocupar un lugar central en la escena internacional, con Alemania como uno de sus principales motores y referentes.

Años de veto y resistencia

El despegue de la selección femenina de Alemania estuvo lejos de ser sencillo. Durante décadas, el fútbol practicado por mujeres fue relegado a los márgenes, condicionado por prejuicios sociales, desconfianza institucional y decisiones que hoy resultan difíciles de entender. Entre 1955 y 1970, la Federación Alemana de Fútbol (DFB) prohibió oficialmente el fútbol femenino, respaldándose en argumentos culturales y supuestos criterios médicos que lo consideraban inadecuado para las mujeres. Aquella medida no solo frenó el crecimiento del deporte, sino que silenció a generaciones enteras de futbolistas que no encontraron un espacio legítimo donde desarrollarse.

Con el levantamiento del veto comenzó una reconstrucción lenta, casi artesanal. Sin infraestructuras, con recursos mínimos y escasa atención mediática, el fútbol femenino alemán tuvo que abrirse paso desde abajo. Fue la perseverancia de las jugadoras y el profundo arraigo futbolístico del país lo que permitió cimentar el futuro. El 10 de noviembre de 1982, Alemania disputó su primer partido oficial como selección femenina y lo saldó con un contundente 5-1 ante Suiza. Aquel triunfo, discreto en apariencia, marcó el inicio de una historia destinada a dejar una huella imborrable en el fútbol femenino mundial.

1989, el comienzo del dominio

El punto de inflexión definitivo llegó en 1989. Alemania fue sede del Campeonato de Europa femenino y aprovechó el contexto para dar un golpe de autoridad: se proclamó campeona tras imponerse a Noruega en la final. Aquel triunfo trascendió lo puramente deportivo. Supuso el espaldarazo institucional y social que el fútbol femenino llevaba años reclamando y marcó el inicio de una nueva era para la selección.

Las jugadoras de la selección alemana celebrando su título de campeonas de Europa en 1989

A partir de entonces, la Eurocopa se convirtió en el territorio natural de Alemania. El balance es abrumador: ocho títulos continentales, una cifra sin precedentes. Entre 1995 y 2013, la selección alemana firmó una etapa de dominio casi continuo, sustentada en una superioridad táctica, física y mental difícil de igualar. Su fiabilidad en los torneos cortos y su capacidad para imponerse en los momentos decisivos la consolidaron como el rival a batir en Europa durante más de dos décadas.

El salto definitivo a la historia

El dominio europeo exigía una consagración definitiva a escala global, y Alemania no tardó en encontrarla. En el Mundial de Estados Unidos 2003, la selección alemana alcanzó la cima por primera vez al proclamarse campeona del mundo tras una final inolvidable frente a Suecia, resuelta con un gol de oro de la defensa Nia Künzer. Aquel triunfo tuvo un valor histórico: puso fin a la hegemonía de Estados Unidos y confirmó a Alemania como una nueva referencia absoluta del fútbol femenino.

Las jugadoras de la selección alemana celebrando el título de campeonas del mundo en 2003
FIFA

Lejos de tratarse de un éxito aislado, Alemania elevó aún más el listón cuatro años después. En el Mundial de China 2007, firmó una actuación que roza la perfección, conquistando el título sin encajar un solo gol en todo el torneo. Una hazaña que permanece como una de las más impresionantes de la historia del fútbol. Aquella selección combinó solidez defensiva, autoridad en el centro del campo, eficacia ofensiva y una mentalidad competitiva prácticamente indestructible.

El oro que faltaba

Durante años, el único gran objetivo que se le escapó a la selección femenina alemana fue el oro olímpico. Pese a presentarse siempre como una de las grandes favoritas y a contar con equipos de enorme nivel, Alemania tuvo que conformarse en varias ocasiones con el bronce, viendo cómo el premio mayor se le resistía torneo tras torneo.

La espera terminó en Río de Janeiro 2016. En la final ante Suecia, las alemanas impusieron su autoridad para colgarse por fin la medalla de oro y saldar una deuda histórica. Aquel triunfo no solo completó un palmarés ya extraordinario, sino que cerró el círculo de grandes títulos y confirmó a Alemania como una potencia total del fútbol femenino, capaz de adaptarse y triunfar en cualquier escenario y formato competitivo.

Uno de los onces iniciales de la selección alemana durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016
Wikipedia

Los nombres que forjaron la leyenda

La trayectoria de la selección femenina de Alemania no se entiende sin las futbolistas que le dieron forma a su leyenda. A lo largo de los años, el equipo ha estado marcado por figuras que no solo acumularon títulos, sino que definieron épocas enteras. Entre todas ellas, Birgit Prinz ocupa un lugar privilegiado. Tres veces elegida mejor jugadora del mundo, es la máxima goleadora histórica de la selección, con 128 goles, y una de las delanteras más dominantes que ha conocido el fútbol femenino. Su capacidad para aparecer en los momentos decisivos y sostener al equipo en las grandes citas marcó una era irrepetible.

Antes y durante su reinado brillaron otras futbolistas fundamentales. Heidi Mohr fue el gran referente ofensivo en los años 80 y 90; Bettina Wiegmann, el alma del centro del campo durante más de una década; y Silvia Neid, pieza clave primero sobre el césped y después desde el banquillo, liderando con éxito la transición entre generaciones campeonas.

La futbolista Silvia Neid, leyenda de la selección alemana
UEFA

Bajo los palos, Nadine Angerer elevó el listón a niveles inéditos. Su actuación en el Mundial de 2007 forma parte de la historia del fútbol femenino y, años más tarde, rompió otra barrera al convertirse en la primera portera en recibir el premio a mejor jugadora del mundo.

En la actualidad, la selección alemana sigue sosteniéndose sobre futbolistas de primer nivel que garantizan continuidad y ambición competitiva. Alexandra Popp, capitana y referencia ofensiva, encarna el liderazgo y la fiabilidad en los grandes escenarios, mientras que jugadoras como Lena Oberdorf aportan jerarquía carácter en el centro del campo. En ataque, el desborde y la verticalidad de Klara Bühl han añadido una nueva dimensión al juego alemán, combinando potencia con talento técnico. A su alrededor, una generación consolidada y joven al mismo tiempo mantiene viva la identidad histórica del equipo: competitividad extrema, solidez colectiva y una mentalidad ganadora que sigue situando a Alemania entre las grandes potencias del fútbol femenino internacional.

La jugadora de la selección alemana, Klara Bühl
@buehlklara

Las bases del éxito

Más allá de las grandes figuras, el éxito sostenido de la selección femenina alemana responde a un modelo sólido y coherente en el tiempo. La Federación Alemana de Fútbol entendió pronto que el crecimiento del fútbol femenino debía integrarse en la estructura profesional del país. El fortalecimiento de la Bundesliga femenina, la inversión en formación y el trabajo sistemático desde las categorías inferiores sentaron las bases de un proyecto pensado a largo plazo.

Ese enfoque permitió consolidar una identidad reconocible. Alemania se distinguió durante años por su rigor táctico, su fortaleza física y una disciplina colectiva innegociable. Con el paso del tiempo, lejos de quedarse anclada en ese modelo, supo adaptarse a la evolución del fútbol femenino, incorporando mayor creatividad, calidad técnica y velocidad, sin renunciar a los principios que explican su competitividad histórica.

Un legado que perdura

En un fútbol femenino cada vez más global, competitivo y exigente, Alemania ya no ejerce su dominio con la autoridad incontestable de otras décadas, pero mantiene intacto su papel como referencia histórica y deportiva. La selección sigue alimentándose de una cultura ganadora transmitida de generación en generación, sustentada en el trabajo, la preparación y una comprensión profunda del juego que va más allá de los resultados inmediatos.

Las futbolistas de la Selección Alemana de fútbol
@DFB_Frauen

La historia de la selección femenina alemana es, en esencia, una historia de reivindicación. De la prohibición al reconocimiento internacional. De la invisibilidad a la cima del fútbol mundial. Un recorrido construido con constancia y excelencia que continúa ampliando su legado y que ha dejado una huella indeleble en la evolución y el crecimiento del fútbol femenino.