El penalti a lo “Pubill” pitado frente al París en la segunda jornada de Champions podría ser un lance de un partido, un infortunio, o simplemente una anécdota. Pero lo cierto es que esa pena máxima vino a echar más leña al fuego sobre un vestuario encendido en el Arsenal.

Misa Rodríguez está teniendo un rol protagonista en este inicio de temporada. La canaria asumía los galones del Arsenal tras su fichaje este mercado estival, donde firmó un contrato de larga duración por 3 temporadas con posibilidad de una más, volviendo a la titularidad tanto en liga como en Europa, una situación que fue determinante para que la portera fichase por el conjunto gunner.
Tras vivir en sus carnes un ‘banquillazo’ prolongado con la llegada de Pau Quesada y de Merle Frohms, Misa tuvo que aguardar su turno, que llegó tras la lesión ante el PSG de la alemana, para volver a ponerse bajo los tres palos del Real Madrid. Volvió a jugar y volvió a la Selección, dos incuestionables para la campeona del mundo.
Su llegada al Arsenal le ha dado la vuelta a la tortilla. Slegers ha confiado en la gran canaria para ser la portera titular en detrimento de la alemana Anekke Borbe, una decisión que no ha gustado a ella ni a cierta parte del vestuario.
El penalti más surrealista de la Champions
No ayudó el penalti pitado a Leah Williamson en el tramo final del encuentro de este miércoles ante el Paris FC. El Arsenal iba ganando por 2-1 cuando Misa le pasó la pelota a la jugadora del conjunto inglés, quien la cogió con la mano para sacar, sin darse cuenta de que provocaba el penalti más absurdo de la jornada y quien sabe si de toda la temporada. A pesar de las quejas de la portera, la árbitro, extremadamente rigurosa, entendió mano y penalti a favor del Paris FC.
Mendy desde los 11 metros convertía en el 87 (a punto estuvo Misa de pararlo) y suponía el 2-2 y el reparto de puntos con un partido que el Arsenal había dominado y encarrilado con el gol tempranero de Alessia Russo.
Tras cuatro porterías a cero desde que llegó y sólo cuatro goles encajados hasta el famoso penalti, el enfado de Misa Rodríguez tras la decisión de la árbitra fue monumental.
Vestuario dividido
Además, el sinsentido de la acción vino a aumentar la tensión en el vestuario del equipo dirigido por Reneé Sleegers.
El equipo está dividido. La mitad de las jugadoras quieren a Borbe como titular en la portería, ya que sienten que juegan con más seguridad así. Pero el resto está presionando por Misa. Slegers ha perdido el control, aseguran desde el medio británico Athletic, quien mantienen además que tras el partido se vivió una situación crítica con Williamson y Rodríguez en lágrimas.
La tensión en el grupo ha llegado a tener que necesitar mediación. Las capitanas, Leah Williamson y la escocesa Kim Little convocaron una reunión, en la que parece que no se llegó a buen puerto, y fue disuelta sin entendimiento por ninguna de las dos partes.
Un Mundial que agrava las cosas
No es baladí el hecho de que esta sea la temporada previa al Mundial de Brasil. No jugar puede suponer estar fuera de la Copa del Mundo, y eso agrava el sentir de la alemana de veintiseis años, quien aún no ha sido llamada por la absoluta, aunque ha representado a su selección en todas las categorías inferiores germanas, por lo que el siguiente paso natural sería el de ser llamada por el seleccionador a no ser, que se de la circunstancia, como le ocurre de no jugar. De momento, Ann-Katrin Berger, Stina Johannes, Ena Mahmutović o Laura Dick son las guardametas elegidas en las anteiores ventanas de concentración.
Anneke Borbe llegó en julio del año pasado al Arsenal procedente del Wolfsburgo y fue la primera portera hasta la llegada de Misa. Tuvo grandes actuaciones como la que le dio el titulo a la parada del mes tras un partido estelar ante el United. además, supo en febrero lo que era levantar su primer título con la primera Copa de Campeones de la historia.
Dos mismas aspiraciones confluyen en la portería de un mismo equipo, una situación que se da con gran asiduidad en el fútbol, pero que parece, que en este caso ha traspasado lo meramente deportivo.

