Eva Carneiro, la lucha continúa

Enfrentarse en los tribunales a Mourinho le costó una campaña de insultos sexistas

Eva Carneiro
EFE

La presencia de mujeres con mando en plaza en el fútbol masculino de elite es todavía imperceptible. Si alguna sobresale, se le intenta cortar las alas. Algo parecido le ocurrió a la antigua médico del Chelsea, Eva Carneiro, cuando osó plantar cara al otrora todopoderoso entrenador portugués José Mourinho. Por supuesto, salió perdiendo. Es más, nunca tuvo la más mínima posibilidad de ganar aquel duelo. Tal vez por este motivo el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha decidido ahora tomar cartas en el asunto. No por un hecho puntual como el ocurrido hace más de diez años en el club inglés, sino por la continuista política de discriminación implantada por los grandes equipos por razón de género en los staffs directivos, técnicos o médicos.

Para sorpresa de todos, tras la celebración hace muy pocos días del Consejo del máximo organismo que rige el fútbol a nivel mundial, Infantino dio luz verde a una nueva normativa que entrará en vigor el año que viene -coincidiendo con la celebración de la Copa del Mundo femenina en Brasil– que obliga a la presencia de dos mujeres en el cuerpo técnico, ya sea como entrenadora o asistente. Lo que se vio en el último Mundial femenino de 2023, donde España resultó ganadora, fue de lo más desalentador: sólo 12 de las 32 seleccionadoras eras mujeres. En otros ámbitos -órganos de dirección o cuerpos médicos- los porcentajes no mejoraban. Así que el puesto que ocupó la gibraltareña en el Chelsea fue una de las excepciones que rompen la regla.

A Eva Carneiro y a José Mourinho les separan solo diez años de edad y 500 kilómetros respecto al lugar de nacimiento de uno y otro. Ella nació en Gibraltar, fruto de la unión entre un electricista español y una inglesa, y él, en Setúbal (Portugal), con un padre que llegó a ser un modesto entrenador de fútbol y una madre que se dedicó a la enseñanza. No parecía que sus caminos pudieran converger algún día cuando la gibraltareña se desplazó a Nottingham para estudiar medicina y el portugués ya había acabado de estudiar Educación Física y parecía que nada le iba a mover de su país natal.

En sus inicios, Eva Carneiro trabajó en los high lands escoceses. Su idea, no obstante, era especializarse en medicina deportiva, así que se matriculó en el prestigioso Australasian College of Sports Physicians en Melbourne donde estuvo dos años antes de regresar a Inglaterra para cursar un máster de Deporte y Ejercicios en la universidad Queen Mary de Londres. Mientras tanto, se dedicó a escribir su tesis doctoral como empelada en otro club londinense como el West Ham United.

El fútbol como afición había llegado a su vida varios años antes un poco por casualidad. Fue en 1998 durante un viaje a México donde aquel mismo año se disputaba la Copa del Mundo. En su recorrido por el país azteca un buen día se detuvo en un pequeño bar, según declaró a la revista The Gibraltar Magazine, donde presenció un partido entre los locales y Brasil. En realidad, su enamoramiento también vino dado por el ambiente festivo del evento al ver bailar sobre una mesa a un grupo de brasileños cada vez que su selección metía un gol. Vamos, que la samba produjo en ella un efecto de atracción fatal, incluso mayor que el fútbol, que aún perdura.

Finalizados sus estudios de posgrado se incorporó al departamento de Salud Pública sin dejar de lado su formación como médico en el Hospital Whittington y en la Unidad de Rehabilitación Intensiva del Instituto Médico Olímpico de Reunido Unido. Allí es donde logró una plaza en el programa de formación de especialistas en medicina deportiva que le permitió trabajar con los atletas del equipo de Gran Bretaña que iban a acudir a los Juegos Olímpicos de Pekín, e incluso con las jugadoras de la selección de fútbol de Inglaterra.

La experiencia acumulada hizo que otro técnico portugués como André Villas-Boas se fijara en ella y la reclamara para ser la responsable médica del Chelsea. Su reputación no le salvó de los típicos comentarios machistas que aún siguen vigentes como afirmar que el delantero centro marfileño Didier Drogba se quedaba tendido en el suelo más de lo necesario para ser atentado por Carneiro. Sobrevivió en el cargo a otros dos entrenadores como el italiano Roberto Di Matteo y el español Rafael Benítez.

En 2013 el destino quiso que Carneiro y Mourinho se juntaran en Londres, más en concreto en el equipo del Chelsea, donde el técnico luso le autoproclamó el “happy one” por regresar a un conjunto al que ya había entrenado años antes y del que guardaba muy buenos recuerdos. La cosa acabó como el rosario de la aurora el 8 de agosto de 2015 durante la primera jornada de la Premier League en un encuentro disputado entre los locales y el Swansea City que terminó en empate (2-2). La médico ni siquiera pudo acabar su contrato. Eran los tiempos en que el portugués tenía plenos poderes en cualquier equipo que recalara. El crédito profesional se lo había ganado a pulso, el personal dejaba mucho que desear.

Tuvieron que ser los jueces los que solventaran sus diferencias irreconciliables. Mientras, durante varias semanas la mujer tuvo que soportar cánticos sexistas en varios campos de fútbol ingleses sin que ninguna denuncia llegara a prosperar. El desamor surgió a raíz de una situación en el terreno de juego que provocó la ira del portugués. Faltaban pocos minutos para finalizar el partido inaugural de la Premier y su equipo iba empatado con el modesto Swansea City galés. La estrella del Chelsea, el belga Eden Hazard, había caído dolorido sobre césped del Stamford Bridge. Entonces surgieron las dudas. Si le atendían los médicos tenían que retirarle del campo dejando a su equipo con uno menos, y si no lo hacían, podía seguir una vez se hubiera recuperado.

Eva Carneiro y el fisio Jon Fern no lo dudaron. Salieron a socorrer a su jugador. ¿Por qué? Es sencillo de explicar, porque el árbitro les hizo hasta en dos ocasiones evidentes señas de que ingresaran en el terreno de juego. De esta forma, cumplían las normas del Consejo General Médico (GMC, por sus siglas en inglés) que, literalmente, les obliga a “actuar con prontitud si consideran que la seguridad, la dignidad, o el bienestar del paciente se ven comprometidos”. Si hubieran atendido a los gritos de Mourinho hubieran sido sancionados.

Ahora se trataba de ver si el airado comportamiento de Mourinho tenía consecuencias penales. Carneiro le acusó por un delito de discriminación sexual y otro de acoso. Según la denunciante, el técnico luso le llegó a pedir que se limitara a atender solo al equipo femenino. Hasta se especuló que le podría haber llamado hija de puta en portugués. No se pudo demostrar. Mourinho sí admitió haber empleado la expresión “filho da puta” y no la de “filha da puta” dirigiéndose a Carneiro. Es más, aseguró que la utiliza con frecuencia en los entrenamientos o durante los partidos y que no tiene ninguna connotación sexista. La Federación Inglesa de Fútbol (FA, en sus siglas en inglés) le creyó y concluyó que sus palabras “no constituyen lenguaje discriminatorio”. Total, que salió de rositas gracias a que su versión fue corroborada por un experto académico independiente en lingüística portuguesa. Otra vez un experto y no una experta.

Paralelamente, la médico denunció al club por despido improcedente. Quiso ir hasta el final y no dudó en rechazar de plano una jugosa indemnización de 1,4 millones de euros. La gibraltareña no olvidaba que el Chelsea siempre hizo oídos sordos a peticiones tan elementales como que le proporcionaran un traje del club o que se denunciaran los comentarios machistas sobre su figura cuando el equipo jugaba lejos de Stamford Bridge. Al final, ambas partes llegaron a un acuerdo confidencial. El club se limitó a hacer pública una nota en la que “lamenta las circunstancias que llevaron a la marcha del club de la doctora Carneiro y se disculpa sin reservas con ella y con su familia por el sufrimiento causado. Deseamos dejar constancia de que la actuación en el terreno de juego de la doctora Carneiro se ajustó a las reglas de juego y de que, como médico, puso en primer lugar la seguridad de los jugadores”.

Ya para entonces la figura de Carneiro se había convertido en el centro de mofas sexistas por parte de equipos como el Manchester City o de su eterno rival londinense, el Arsenal, ante la inacción de la Federación y de los propios clubes. El abanico de insultos se fue ampliando poco a poco a directivas, periodistas o animadoras. La BBC emitió unas imágenes de los hinchas del United donde lo más suave que decían era “enséñanos las tetas” ante la clamorosa pasividad de clubes o instituciones. El grupo Women in Football llegó a presentar trece denuncias por cánticos sexistas que no sirvieron para nada a nivel penal, pero sí a nivel político. La entonces ministra de Deportes Helen Grant, mostró su apoyo explícito a la campaña contra el sexismo en el fútbol. Sin embargo, ya era demasiado tarde.

Para comprender mejor la gravedad de la situación creada basta con leer una encuesta realizada en 2016 por Women in Football donde se refleja que dos tercios de las mujeres encuestadas confesaba que había sido víctimas de comportamientos sexistas y que, incluso, nueve de cada diez los habían presenciado sin llegar a interponer denuncia alguna por temor a que no las tomaran en serio. Desde dicha asociación querían evidenciar una situación que, en teoría, no tendría ni que haber sido cuestionada. El dato mata al relato, porque si las mujeres representan la mitad de la población mundial “merecen pertenecer al fútbol con el mismo reconocimiento en los consejos de administración, en las plantillas o como aficionadas”. En síntesis, esa era la queja principal de la asociación.

Pese a todo lo sucedido, Eva Carneiro prefirió estar siempre en segundo plano. Lo que ocurre es que cuando la gente sale al extranjero piensa que sus palabras no van a ser recogidas en su país. Durante una conferencia sobre medicina deportiva organizada por la Federación Sueca de Fútbol denunció que las mujeres que quieren ser líderes “se les acaba relegando a un segundo plano”. Durante la charla criticó con vehemencia los programas de medicina deportiva “donde la médico está hipersexualizada, o simplemente, no aparece”, algo que, en su opinión, tiene que cambiar porque lo único que se consigue es desanimar a las mujeres desde muy jóvenes. “Como hombre -añadió Carneiro-, se puede aspirar a tener una vida profesional exitosa y una vida personal plena. A las mujeres se les dice si quieren tener ambas cosas y en el mejor de los casos será difícil y en el peor, un desastre”. De hecho, reconoció que el noventa por ciento de los correos que recibe son de mujeres jóvenes que desean desempeñar el mismo rol que el suyo. “Por eso necesitamos decirles que es posible y que su presencia mejorará los resultados”, sentenció.