La joven atleta paralímpica española Fiona Pinar, de 22 años, es el vivo ejemplo de cómo la resistencia y el espíritu competitivo pueden transformar una tragedia personal en una historia de superación inspiradora.
Con una carrera ascendente en el atletismo paralímpico, la deportista confiesa que tras la amputación de su pierna izquierda “ahora me quiero mucho más y estoy mejor conmigo misma”, mencionaba la atleta a EFE desde el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, donde vive y entrena desde hace más de un año gracias a una beca..
Un accidente que marcó un antes y un después
Apenas tenía 18 años cuando sufrió un grave accidente practicando esquí allá por enero de 2022 en la estación de La Molina.
En una de las bajadas, no pudo frenar y cayó con fuerza, fracturándose el peroné y la tibia en varios puntos. Tras pasar por varios hospitales y someterse a siete operaciones, en el que Pinar recordaba con sentido del humor cómo una enfermera le animó a despedirse de la rodilla, por si no podía llegar a conservarla tras la intervención.: “Me di un beso en la rodilla y dije: ojalá vuelvas”.
Decisión que los médicos vieron que lo más conveniente era amputarle la pierna izquierda por la gravedad del accidente los médicos tuvieron que amputarle la pierna izquierda.
Un ascenso meteórico
Pinar encontró en el deporte una vía terapéutica y una nueva razón para superarse. Tras adaptarse a una prótesis de fibra de carbono, comenzó a entrenar atletismo y, apenas ocho meses después de su amputación, se clasificó para los Juegos Paralímpicos de Paris 2024, donde logró conseguir un séptima puesto en la final de los 200 metros T64.

Su objetivo ahora es claro: hacer historia y ganar una medalla en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. Visualizándolo como una meta que persigue con trabajo, constancia y perfeccionismo, valores que ella misma destaca como claves de su progreso.
Pinar reconoce que el accidente la llevó a perder una pierna, pero —como ella misma afirma— también le ha dado una vida nueva: “Solo he ganado después del accidente, no he perdido nada”.
Desde el primer instante, la catalana interpretó su amputación como una ocasión para empezar de nuevo y no como un obstáculo. Lamentarse cambiaría nada y asumió el cambio con una actitud positiva. Encontrando en su accidente, una nueva manera de vivir.


