La clasificación de halfpipe de esquí acrobático se detuvo en seco ayer. Se hizo un silencio raro, de esos que sólo aparecen cuando el cuerpo del deporte recuerda que no hay truco, ni cámara lenta, ni épica que valga. Cassie Sharpe acababa de sufrir una caída muy dura y la prioridad dejó de ser la nota: pasó a ser la esquiadora, inmóvil durante unos instantes, en el fondo de la pista.
La acción se produjo en la segunda y última ronda de clasificación. Cassie Sharpe intentó cerrar su participación con un salto ambicioso, pero el aterrizaje le salió desequilibrado. En la recepción, perdió la línea, se golpeó con fuerza el costado izquierdo y terminó deslizándose boca abajo hasta el final del halfpipe. Las imágenes, incluso para un público acostumbrado a ver vuelos imposibles, tuvieron algo de golpe seco. El tipo de impacto que se siente en el estómago.
Nueve minutos eternos y una salida en camilla
La preocupación se instaló en las gradas y también en el equipo técnico. Cassie Sharpe permaneció quieta durante unos segundos que parecieron más largos de lo que fueron. Los servicios médicos entraron rápido. La atendieron sobre la nieve, con calma y método, durante más de nueve minutos. Fue el tramo más tenso de la jornada, porque en un halfpipe no hay caída “pequeña” cuando el cuerpo no responde de inmediato.
El alivio llegó con un gesto sencillo. Cuando decidieron retirarla en camilla, Cassie Sharpe levantó las manos y saludó al público. Fue una señal breve, pero clarísima: estaba consciente, podía moverse y quería tranquilizar a quienes la miraban sin respirar. A veces, en un deporte de riesgo, ese tipo de gesto vale casi como un parte médico emocional.
Cassie Sharpe estuvo tendida durante más de 9 minutos tras esta dura caída.
Por suerte salió en la camilla y moviendo los brazos para tranquilizar al público.
La canadiense se ha clasificado para la final de halfpipe pese a esta caída.#MilanoCortina2026 #JJOOInviernoRTVE pic.twitter.com/ewQllsfTLN
— Teledeporte (@teledeporte) February 19, 2026
Poco después, el equipo de Canadá informó de que Cassie Sharpe, de 33 años, fue trasladada a un centro médico para una evaluación completa. Esa revisión determinará si puede competir en la final del sábado, el gran objetivo inmediato en estos Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. En el aire quedó la duda lógica: cómo está, qué impacto real tiene el golpe y si el cuerpo le permitirá volver a entrar en una pista que no perdona.
Cassie Sharpe ya estaba dentro de la final
El accidente no cambió un dato clave: Cassie Sharpe ya había hecho los deberes antes de la caída. Su primera ronda fue lo bastante sólida como para clasificar a la final con la tercera mejor marca. Eso explica también la dimensión del susto. No era una ronda desesperada por entrar. Era, más bien, un intento de mejorar, de asegurarse una posición privilegiada y enviar un mensaje a sus rivales.
Ahora, sin embargo, la historia se ha desplazado. Ya no se habla sólo de qué combinación de trucos llevó, ni de cuánta altura sacó en la pared, ni de si su línea podía ser la más limpia del día. Se habla de Cassie Sharpe en términos más básicos: cómo evoluciona, si la evaluación descarta lesiones de consideración y si el sábado podrá competir sin poner en juego su salud.
El halfpipe, por su propio diseño, obliga a vivir en el límite. Un salto mal medido, una recepción milimétrica que se rompe, una rotación que no termina de encajar. Todo ocurre a una velocidad que no deja margen para corregir. Por eso el susto con Cassie Sharpe ha atravesado la competición: recordaba, de golpe, qué caro puede salir un error mínimo.
