La trayectoria internacional de María Schlegel no es una excepción dentro del voleibol español, sino más bien un reflejo de una tendencia consolidada. Varias de las jugadoras de la selección española desarrollan gran parte de su carrera fuera del país. Schlegel, actualmente compite en Hungría y ha pasado por otras ligas como la italiana, alemana, estadounidense o rumana. Su experiencia permite entender desde dentro las razones de esta fuga de talento, así como sus consecuencias para el deporte en España.
A través de su relato, no solo se dibuja el camino individual de una deportista, sino también un diagnóstico claro de la situación estructural del voleibol español. Es un deporte con mucho potencial, pero aún lejos de ofrecer las condiciones necesarias para retener a sus mejores jugadoras.
Aparte de su extensa vida como deportista de élite en el voleibol, María Schlegel estudió la carrera de CAFYD y más tarde un Máster en Educación, para ella es importante ese equilibro entre la persona y la deportista. “Muchas veces a los propios deportistas nos cuesta
separarnos de lo que somos como deportistas”, explicaba la jugadora de voleibol.
Las limitaciones de la liga española
La Liga Iberdrola de voleibol es la máxima categoría en España. María Schlegel reflexiona sobre la situación actual de la liga, sin recurrir a una crítica directa, su diagnóstico es claro y realista. El voleibol en España todavía no ha alcanzado un nivel plenamente profesional. Tal y como explicaba ella misma, “podríamos decir que es semiprofesional”.
Esta condición de semiprofesionalidad implica una realidad compleja y desigual. Por un lado, existen jugadoras que pueden dedicarse exclusivamente al voleibol durante la temporada, lo que refleja cierto avance respecto a etapas anteriores. Sin embargo, esto no garantiza estabilidad a largo plazo. La propia Schlegel lo narra con claridad, “te puede permitir vivir esa temporada, pero no para poder ahorrar para el futuro”. Es decir, el deporte cubre las necesidades inmediatas, pero no permite construir una carrera sostenible ni una seguridad económica duradera.
Este matiz resulta clave para entender por qué muchas jugadoras optan por continuar su carrera en el extranjero. No se trata únicamente de aspirar a mejores salarios, sino de buscar estabilidad, proyección y condiciones que permitan planificar el futuro. En este sentido, la falta de continuidad económica en España se convierte en uno de los principales factores que impulsan la salida de talento.
Además, esta situación no solo afecta a las jugadoras, sino al conjunto del ecosistema del voleibol. La limitada capacidad económica de los clubes repercute directamente en la profesionalización de las estructuras, en la calidad de los recursos disponibles y en la competitividad de la liga. Como consecuencia, resulta más difícil atraer y retener talento, generando un círculo en el que las mejores jugadoras terminan desarrollándose fuera.
A pesar de esto, María Schlegel también reconoce que el voleibol español está experimentando una evolución positiva en los últimos años. “La liga en España sí que está subiendo”, comenta. “Están apareciendo nuevos equipos y hay una mejora del nivel competitivo”, añade. Sin embargo, este crecimiento todavía convive con una falta de visibilidad mediática y de inversión, aspectos que la jugadora considera fundamentales para consolidar el deporte, “El voleibol tiene mucho hueco, pero le falta visibilidad”, concluye Schlegel.
La vida en el extranjero
Frente a las limitaciones del contexto nacional, María Schlegel sitúa el extranjero como un espacio clave para el desarrollo de las jugadoras, tanto a nivel profesional como personal. A lo largo de su carrera ha pasado por múltiples ligas y países (Italia, Alemania, República Checa, Estados Unidos, Puerto Rico o Rumanía). Estas experiencias no solo responden a su inquietud personal, sino también a la necesidad de encontrar mejores condiciones. Ella mismo lo resume así, “las condiciones laborales y económicas son superiores, en general”.
Este contraste con España no se limita únicamente al aspecto salarial. En el extranjero, las jugadoras suelen encontrar mayor estabilidad contractual, mejores infraestructuras y entornos más profesionalizados. Esto les permite centrarse plenamente en su rendimiento, competir fuera no solo supone ganar más, sino también trabajar en contextos donde el voleibol está más desarrollado y valorado.
Sin embargo, Schlegel insiste en que el valor de salir fuera va mucho más allá de lo económico. Para ella, una de las claves de su crecimiento ha sido enfrentarse a nuevos contextos, “salir de tu zona de confort es muy importante”, explicaba la vallisoletana. Adaptarse a distintos países implica convivir con otras culturas, aprender nuevas dinámicas de equipo y entender formas diferentes de concebir el deporte. Este proceso, aunque exigente, enriquece profundamente tanto a nivel profesional como humano.
De hecho, la jugadora destaca cómo cada experiencia ha ido moldeando su forma de jugar. Explica que ha aprendido de entrenadores, compañeras y estilos muy diversos, hasta convertirse en una jugadora completa y versátil. Su juego no se basa en una sola cualidad si no en la capacidad de adaptarse a lo que cada equipo necesita. “Soy un resultado de muchas culturas diferentes”, así se define ella.
Selección española
La experiencia de María Schlegel con la selección española de voleibol ocupa un lugar central en su carrera y en su forma de entender el deporte. Su llegada no fue del todo convencional, en sus inicios compaginaba atletismo y voleibol, formando parte de programas de captación en ambos deportes. Tras dejar el voleibol durante varios años para centrarse en el atletismo, su regreso marcó un punto de inflexión. Gracias, en parte, a la figura de su profesor universitario y entrenador vinculado a la selección. De él recibió la oportunidad de reincorporarse, entrando directamente en la dinámica del equipo nacional. Desde entonces, ha sido una presencia habitual desde 2015, aunque con alguna ausencia puntual.
En cuanto al significado de jugar con la selección, Schlegel lo describe como un proceso emocional progresivo. Al principio, reconoce que no existe el mismo vínculo que con un club, pero con el paso del tiempo ese sentimiento cambia profundamente. “Llega un momento en que te das cuenta de que la selección es tu equipo y el resto son los clubes”, relata. Se acaba generando un sentimiento de pertenencia mucho más fuerte que el de los equipos por los que se pasa de manera más temporal.
Ese vínculo se construye no solo desde la competición, sino también desde lo humano. La jugadora destaca la importancia de compartir procesos con sus compañeras, ver su evolución a lo largo de los años y acompañarse mutuamente en el crecimiento deportivo. A diferencia de los clubes, donde los equipos cambian constantemente, en la selección existe una continuidad que permite crear relaciones más profundas. Esto genera una sensación de “casa”, un entorno donde las jugadoras se conocen, confían entre ellas y entienden perfectamente cómo juega cada una.
Otro aspecto relevante es la evolución del propio equipo nacional. Schlegel recuerda que, en sus primeros años, competir en un Mundial era una posibilidad lejana, casi inexistente. Sin embargo, con el tiempo, la selección ha ido creciendo hasta alcanzar escenarios que antes parecían inalcanzables. Este progreso refuerza el valor del trabajo colectivo y la constancia, y da sentido al esfuerzo acumulado durante años.
También subraya el carácter del equipo español dentro de la pista. Define a la selección como un conjunto “peleón”, basado en la defensa, la constancia y la solidez en recepción. A diferencia de otras potencias con mayor físico, España ha construido su identidad desde la táctica, la velocidad de juego y la capacidad de resistir los puntos largos. “Hacernos un punto es difícil”, señala, destacando esa capacidad competitiva que caracteriza al equipo.
Por último, Schlegel apunta a uno de los grandes retos de la selección es convertirse en un referente reconocible. Le gustaría que las niñas que practican voleibol en España pudieran identificar a jugadoras de la selección del mismo modo que ocurre en otros deportes. Esta falta de visibilidad conecta con un problema más amplio del voleibol en España, pero también señala una oportunidad de crecimiento. Quieren convertir al equipo nacional en un símbolo capaz de inspirar a nuevas generaciones.
