Gracias a las modificaciones del Estatuto de los Trabajadores, ahora es más fácil conseguir la flexibilidad horaria en el sector laboral de nuestro país.
Mientras exista una necesidad que justifique la solicitud de cambio, la negociación con la empresa puede resultar en un éxito para el trabajador. No obstante, se debe tener un par de aspectos en cuenta a la hora de negociar un acuerdo. Te contamos qué necesitar saber para alcanzar la conciliación en este artículo.
La diferencia entre adaptación legal y flexibilidad horaria negociada

De acuerdo con el artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores, los empleados tienen derecho a la adaptación de su jornada. No es tanto un favor negociado con la empresa, sino un derecho pleno recogido en el Estatuto.
El trabajador puede solicitar cambios en la duración y distribución de la jornada laboral. También puede pedir modificaciones en la ordenación del tiempo de trabajo, así como en la forma de prestación (incluyendo el trabajo a distancia).
Ninguno de estos cambios está ligado a la reducción del salario, y la empresa tiene obligación de negociar en un máximo de 15 días desde que recibe la solicitud del trabajador o la trabajadora.
En todo caso, es necesario acreditar la necesidad que motive el cambio. La empresa sólo podrá negarse si justifica razones de peso por causas organizativas o productivas muy relevantes.
Por otro lado, también puede negociarse la flexibilidad en aspectos no contemplados por el Estatuto. En estos casos, los acuerdos dependen completamente de lo pactado en el convenio o de las necesidades del empleador.
Cómo justificar la solicitud de cambio ante tu empresa

A la hora de negociar la flexibilidad horaria y la conciliación, es posible que no se quiera revelar parte (o toda) de la información a la empresa. La solicitud debe tener una justificación objetiva de la naturaleza de la necesidad.
Para evitar dar detalles íntimos, se puede enfocar la petición en la responsabilidad. Simplemente, explicar que la adaptación es vital para cumplir con el cuidado de una persona cercana (o de uno/a mismo/a).
En caso de necesitarlo, puedes aportar la documentación que pruebe tu necesidad. No des explicaciones de más si no quieres, pero demuestra con pruebas médicas, escolares u otras que reflejen por qué necesitas un cambio en tu horario.
Asimismo, debes tener en cuenta que tu solicitud sigue siendo negociable. Por ejemplo, si pides teletrabajar a tiempo completo en un trabajo donde se necesita tu presencia ocasionalmente, la empresa se puede negar. Lo ideal es llegar a un acuerdo para no impactar gravemente en la productividad del empleador.
Si a tu empresa le preocupa que pueda bajar tu rendimiento tras la modificación de tu jornada, el registro digital puede jugar a tu favor. De hecho, puede ser tu gran aliado en la adaptación de tu jornada.
Si fichas y cumples con tus tareas siempre, y sigues haciéndolo en tu nuevo horario flexible, la empresa no podrá revocar la adaptación. Prueba que tu trabajo no se ve afectado por la flexibilidad, y no podrán negar tu petición.
