La guerra en Oriente Medio empieza a complicar la estabilidad de los precios. El encarecimiento del crudo tras el ataque de Estados Unidos a Irán comienza a trasladarse a los precios de la energía y, con ello, a la inflación. En España, varios economistas y organismos advierten de que el impacto podría notarse este mismo mes de marzo. Y si el petróleo se mantiene en niveles elevados durante la primavera, la tasa de inflación podría volver a situarse por encima del 4% antes del verano.
El primer canal de transmisión es el más relacionado con el petróleo: los carburantes. Aunque los mercados descartan por ahora un escenario de escasez física de petróleo, el aumento de su cotización se refleja con rapidez en el coste del transporte, la logística y la energía. El catedrático de Comunicación y Política Internacional en la Universidad Europea de Madrid, José María Peredo subraya que, por ahora, no hay indicios de escasez real de petróleo en términos de reservas energéticas.
Sin embargo, apunta a otro factor que está influyendo la subida de los carburantes. “Las empresas suben los precios no solo por el coste actual, sino por la expectativa de que seguirá subiendo”, avisa Peredo. Los futuros del petróleo Brent dibujan una escalada de precios hasta el verano, fecha en la que podría finalizar el conflicto bélico. A partir de septiembre, comenzarían a bajar hasta situarse por 80 dólares.
Una preocupación para los bancos centrales
Esa presión inflacionista derivada de los costes energéticos preocupa a los bancos centrales y complica su trabajo en un contexto de incertidumbre geopolítica como el actual. Tanto la Reserva Federal (Fed) en EE UU, como el Banco Central Europeo (BCE) se enfrentan a un dilema clásico: subir tipos para contener la inflación o mantenerlos estables para no frenar la actividad económica. Según las previsiones de Renta 4, la Fed mantendría los tipos en el rango del 3,50%-3,75%, mientras que el BCE podría mantener el precio del dinero en el 2%, a la espera de ver cómo evoluciona el conflicto y su impacto en la inflación.
El riesgo para los bancos centrales es reaccionar de forma excesiva ante un shock que podría ser temporal. Desde Renta 4 Banco recuerdan que subir los tipos para combatir un encarecimiento del petróleo puede repetir errores del pasado, como las decisiones del BCE bajo la presidencia de Jean-Claude Trichet en 2008 y 2011, cuando el endurecimiento monetario coincidió con el inicio de la crisis financiera y la crisis de deuda europea.
Riesgo de “estanflación”
Los analistas consultados coinciden en que el verdadero riesgo es que el conflicto se prolongue. “Si el conflicto se prolonga y destruye infraestructuras clave, cabe la posibilidad de que se materialice un escenario más negativo con disrupciones graves en las cadenas mundiales de producción, un aumento de la volatilidad en los mercados financieros y un deterioro de la confianza de empresas y familias”, advierte Rafael Doménech.
En este sentido, desde Bank of America advierten que un shock energético prolongado conlleva “riesgos estanflacionarios significativos”, un escenario caracterizado por el estancamiento económico y una alta inflación. La estanflación —inflación elevada combinada con crecimiento débil— es precisamente el escenario que más temen los bancos centrales.
¿Cómo afectará a la economía España?
En este escenario, la economía española parte de una posición relativamente más favorable que sus homólogos europeos. La España creció un 2,8% en 2025, duplicando el ritmo de crecimiento de la zona euro (1,5%) y del conjunto de la UE (1,6%). En este sido, Rafael Domench avisa de un freno al crecimiento, incluso en un escenario de conflicto temporal y acotado. Según sus estimaciones, el encarecimiento de la energía restará 0,2 puntos porcentuales al PIB y sumará 0,3 puntos a la inflación en 2026, contrarrestando la buena marcha de otros indicadores.
El economista Ramón Mateo, socio y director de beBartlet, señala que por el momento no hay argumentos suficientes para pensar que el crecimiento económico vaya a descarrilar. Según sus estimaciones, el PIB español podría mantenerse en el entorno del 2,1%-2,5% en 2026, aunque reconoce que cualquier previsión está sujeta a una elevada volatilidad mientras persista la incertidumbre geopolítica.
En este escenario, factores como los fondos europeos Next Generation y el peso del sector servicios continúan actuando como un colchón para la economía española. El Fondo Monetario Internacional situó en enero su previsión de crecimiento en el 2,3%, mientras que la Cámara de Comercio de España acaba de actualizar sus estimaciones: un 2,3% para 2026 y un 2% para 2027. El Gobierno, de momento, mantiene su cuadro macroeconómico.
Riesgo inflacionista a corto plazo
Por su parte, María Jesús Fernández de Funcas advierte de que un mayor riesgo inflacionista. Se constata con lo ocurrido en febrero, en una situación previa al conflicto. El IPC subió un 0,4%, hasta situar la tasa de inflación en el 2,3%. “El resultado, peor de lo esperado, responde a una inflación mayor de la prevista en alimentos no elaborados, productos energéticos y bienes industriales no energéticos. Por su parte, la tasa subyacente aumentó hasta el 2,7%, lo que pone de manifiesto un preocupante aumento de las presiones inflacionistas antes incluso del estallido del conflicto en Irán”, advierten desde Funcas.
Este centro de estudios ha modificado sustancialmente las previsiones de inflación. En un escenario de mantenimiento de la cotización del crudo en torno a 102 dólares en abril y mayo, y un lento descenso a partir de junio hasta terminar el año en unos 81 dólares, Funcas espera una tasa de inflación del 3,6% en marzo, que se situará por encima del 4% en los meses posteriores. A partir de junio empezaría una desescalada hasta terminar el año con una tasa interanual del 3,4%, y una media anual del 3,6%. La inflación subyacente alcanzaría una media anual del 2,5%.
Por el contrario, si se mantiene en torno a 102 dólares durante todo el año, la tasa general se situaría todo el año por encima del 4,5%, con una media anual del 4,3%, y del 2,7% para la subyacente. Para la economista de Funcas, además de la extensa duración ya apuntada, una señal de alerta preocupante sería que el barril de Brent superara los 125 dólares.
Aviso de la CEOE
La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) también advierte de que el IPC, que cerró febrero en el 2,3% interanual, podría aumentar de forma significativa si el conflicto con Irán se prolonga y la tensión en los precios de la energía se mantiene en el tiempo. La patronal considera que será en el dato de inflación de marzo cuando comiencen a apreciarse los primeros efectos. No obstante, en un escenario de resolución rápida del conflicto en Oriente Próximo, estima que la inflación media de 2026 podría situarse en torno al 2,6%.
La guerra en Oriente Medio introduce un nuevo foco de riesgo para la economía global, del que no escapa España Si el petróleo se mantiene elevado durante la primavera, el efecto se trasladará a la inflación en España en cuestión de semanas. La incógnita, coinciden los economistas, no es tanto el nivel actual del crudo como la duración del conflicto y su capacidad para mantener tensionados los mercados energéticos durante meses.
