Australia ha abierto una semana clave para la política monetaria global con una subida de tipos de interés que vuelve a situar el coste del dinero en el centro del debate económico internacional. El movimiento del Banco de la Reserva de Australia se produce en un contexto de inflación persistente, principalmente por un encarecimiento de la energía.
No es una decisión aislada. Forma parte de un ciclo más amplio en el que los principales bancos centrales evalúan hasta qué punto deben prolongar el endurecimiento monetario para contener las tensiones inflacionistas sin ahogar el crecimiento como consecuencia directa de la guerra en Irán.
Uno de los nombres de mujer con un papel relevante en este nuevo escenario es el de Shemara Wikramanayake, consejera delegada de Macquarie Group. Desde su llegada al cargo en 2018, Wikramanayake se ha consolidado como una figura clave en la conexión entre el capital internacional y las grandes inversiones en infraestructuras energéticas.
Shemara Wikramanayake
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Su perfil es poco habitual en la cúpula financiera global. Nacida en el Reino Unido en una familia de origen esrilanqués, se trasladó a Australia durante su infancia, donde desarrolló toda su formación académica. Estudió ingeniería y comercio en la Universidad de Nueva Gales del Sur. Se incorporó a Macquarie a finales de los años ochenta, en una etapa en la que el grupo aún no tenía la dimensión internacional actual. A lo largo de más de tres décadas, ha pasado por distintas divisiones, siempre en la misma compañía. Este recorrido le ha permitido construir un conocimiento transversal en la empresa poco frecuente en grandes instituciones financieras.
Antes de convertirse en CEO, dirigió la división de gestión de activos, donde fue responsable de expandir el negocio de infraestructuras a escala global. Bajo su liderazgo, Macquarie reforzó su presencia en proyectos vinculados a energía, transporte y redes, consolidándose como uno de los mayores inversores institucionales en este tipo de activos. Su nombramiento al frente del grupo la situó como una de las pocas mujeres en liderar una gran entidad financiera con fuerte exposición al sector energético.
Modelo de negocio
El modelo de negocio de Macquarie es singular. No produce energía pero actúa como intermediario entre grandes fondos de inversión y proyectos que requieren financiación a largo plazo. Esto incluye desde parques eólicos, solares e infraestructuras de gas y redes eléctricas.
En este contexto, la subida de tipos en Australia afecta directamente al núcleo de su actividad. El encarecimiento del dinero modifica las condiciones de financiación de las inversiones y obliga a recalibrar las expectativas de rentabilidad.
Today our CEO Shemara Wikramanayake presents Macquarie Group’s 2026 Operational Briefing and third quarter trading update. Read more: https://t.co/LHmqBvVaqN pic.twitter.com/0jdlLIvP5r
— Macquarie Group (@Macquarie) February 9, 2026
A este factor se suma un entorno energético especialmente volátil. Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han impulsado los precios del petróleo y del gas, y ha aumentado la presión inflacionista que, a su vez, ha motivado decisiones como la del banco central australiano. Para Macquarie, esta situación incrementa la incertidumbre sobre el marco en el que deben ejecutarse las inversiones a largo plazo.
Desafíos
Wikramanayake se enfrenta así a un equilibrio complejo. Debe mantener la capacidad del grupo para canalizar capital hacia proyectos estratégicos en un entorno de financiación más exigente, sin perder competitividad frente a otros actores globales. Su papel consiste, en gran medida, en interpretar cómo decisiones tomadas en bancos centrales se trasladan, de forma casi inmediata, a la economía real a través de la inversión en infraestructuras.
La decisión de Australia es solo el inicio. Si el ciclo de tipos altos se consolida a nivel global, el impacto se extenderá a todo el ecosistema financiero que sostiene la transición energética y el desarrollo de infraestructuras. En ese escenario, la capacidad de adaptación de ejecutivas como Wikramanayake será determinante para definir qué proyectos avanzan, cuáles se retrasan y cómo fluye el capital en una economía cada vez más condicionada por el coste del dinero.
