Es difícil pasear por cualquier ciudad sin cruzarse con un salón de uñas. El sector vive un auge evidente: miles de establecimientos especializados operan en todo el país y el volumen de negocio se cuenta en cientos de millones de euros anuales. La manicura semipermanente desde 20 euros se ha convertido en un reclamo habitual, pero detrás de ese precio atractivo hay una estructura empresarial que no siempre es tan sencilla ni tan rentable como parece.
¿Cuánto cuesta montar un salón de uñas?
Abrir un salón requiere una inversión inicial que puede oscilar, de forma orientativa, entre 25.000 y 60.000 euros, dependiendo de la ciudad, la ubicación y el modelo de negocio (independiente o franquiciado).
Local y acondicionamiento
El alquiler es uno de los principales gastos. En zonas céntricas de grandes ciudades, un local pequeño puede costar entre 800 y 2.500 euros mensuales. A esto se suma la reforma: instalación eléctrica adecuada, ventilación, suelos resistentes, iluminación, pintura y decoración. Esta partida puede situarse entre 5.000 y 15.000 euros si se busca una imagen cuidada y actual.
Licencias y trámites
La licencia de apertura y actividad, junto con tasas municipales y posibles proyectos técnicos, puede suponer entre 500 y 1.500 euros. Además, es necesario contratar un seguro de responsabilidad civil.
Equipamiento
Mesas profesionales de manicura, lámparas UV o LED, sillones, esterilizadores y herramientas específicas pueden sumar entre 3.000 y 7.000 euros, según la calidad y el número de puestos de trabajo.
Stock inicial
Esmaltes, geles, acrílicos, limas, productos desechables y artículos de higiene requieren una inversión inicial que puede rondar entre 2.000 y 5.000 euros para ofrecer una carta de servicios competitiva.
Formación y marketing
La capacitación profesional en técnicas avanzadas puede costar entre 1.000 y 3.000 euros. A ello se añade la inversión en redes sociales, diseño de marca y promociones de apertura, que también implica varios cientos o miles de euros adicionales.
En el caso de las franquicias, la inversión inicial puede rondar los 26.000 euros o más, dependiendo de la enseña, e incluye canon de entrada, apoyo operativo y uso de marca. A cambio, el franquiciado suele pagar royalties y cuotas de publicidad mensuales.
¿Dónde está el beneficio?
La clave del negocio no está únicamente en la manicura básica de 20 euros, sino en el volumen y en el aumento del ticket medio. El coste de los materiales por servicio es relativamente bajo, lo que permite márgenes brutos elevados en cada tratamiento. Sin embargo, los gastos fijos —alquiler, sueldos, suministros y reposición constante de productos— reducen ese margen cuando se analiza el resultado final.
Un salón con buena ubicación puede facturar entre 6.000 y 15.000 euros al mes, dependiendo del tamaño y la plantilla. Los servicios más demandados, como la manicura semipermanente, suelen situarse entre 20 y 30 euros, mientras que tratamientos más elaborados, extensiones o nail art pueden alcanzar precios de 40, 50 o incluso 60 euros.
Los costes mensuales pueden oscilar entre 2.500 y 7.000 euros, según el número de empleadas y el coste del alquiler. Tras cubrir gastos, el beneficio neto puede situarse, en escenarios favorables, entre el 15 % y el 30 % de la facturación.
La visión del sector
Desde el ámbito franquiciado, responsables de cadenas especializadas en manicura han señalado en entrevistas públicas que el mercado ha crecido rápidamente en los últimos años, con una proliferación masiva de salones. Algunos empresarios advierten, sin embargo, que no todos los modelos priorizan la calidad, lo que genera una competencia intensa basada en precio.
También destacan que la recuperación de la inversión puede lograrse en un plazo aproximado de 12 a 24 meses si la gestión es adecuada y se consigue fidelizar clientela. La recurrencia del servicio —muchas clientas repiten cada dos o tres semanas— es uno de los grandes atractivos del negocio.
¿Es tan rentable como parece?
El auge del sector no es casual: responde a una demanda constante y a una barrera de entrada relativamente baja en comparación con otros negocios. Sin embargo, no se trata de una fórmula mágica. La rentabilidad depende de factores como la ubicación, la calidad del servicio, la rotación de clientas, la gestión del personal y el control de costes.
La manicura a 20 euros puede ser el gancho, pero el verdadero negocio está en la fidelización y en la venta de servicios complementarios. Como en cualquier emprendimiento, detrás de una imagen atractiva y un precio competitivo hay números que deben cuadrar. Y no siempre lo hacen sin una estrategia clara y una gestión rigurosa.
