Profesiones imposibles

“Sigo siendo la única mujer en muchas obras”

María Vaz, especialista en reformas, destaca que "lo importante es la actitud y las ganas de aprender, no el género"

María Vaz.
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En un sector donde el mono de trabajo, las herramientas y el casco siguen asociados, casi de forma automática a lo masculino, una mujer empieza a cambiar las reglas. Es María Vaz, especialista en reformas, que en su día a día maneja electricidad, fontanería y construcción, demostrando que esta profesión no entiende de géneros.

Su historia no comienza en una obra, sino en una fábrica. Mientras trabajaba en una línea de producción, cuando empezó a sentir que su lugar estaba en otro lugar. “Cada vez que había que hacer labores de mantenimiento, me unía a mis compañeros para ayudarles. Me gustaba estar en ‘el tajo’, y fue ahí cuando empezó a despertar mi curiosidad por este oficio”, recuerda.

Aquella inquietud fue el punto de partida de una decisión que no tardaría en tomar forma. María optó por formarse en mantenimiento electromecánico, consciente de que estaba entrando en un ámbito con múltiples salidas. “Decidí seguir este camino porque es un sector muy amplio y con bastantes oportunidades. Además, tanto mi entorno como mis profesores me apoyaron mucho”.

Hoy, su rutina está marcada por la versatilidad. En su jornada no hay dos días iguales: puede pasar de una instalación eléctrica a una reparación de fontanería o a trabajos de construcción. Se ha convertido en una ‘arreglatodo’. “Asumo todo tipo de tareas, según lo que haga falta en cada momento, y disfruto de todas por igual”.

Sin embargo, esa pasión convive con una realidad evidente: la de ser, en la mayoría de los casos, la única mujer en la obra. Lejos de convertirlo en un obstáculo, María lo vive con naturalidad. “Normalmente soy la única mujer, pero siempre me han tratado como una más. Al final, cuando hay respeto, el trabajo en equipo funciona igual de bien”.

Esa normalidad no siempre está presente fuera del equipo. Los prejuicios siguen apareciendo, especialmente, en el primer contacto con los clientes. “A veces se sorprenden porque todavía no está muy normalizado ver a una mujer en este tipo de trabajos. Pero cuando ven el resultado, cambian rápidamente de opinión”, constata.

La duda inicial sobre su capacidad es, precisamente, una de las barreras más habituales. “Sobre todo, los prejuicios. Hay gente que duda de ti antes de verte trabajar”, reconoce. Una desconfianza que, en su caso, nunca ha derivado en una presión añadida. “No he sentido que tuviera que demostrar más que los demás. Siempre he confiado en mi trabajo y en mi formación, y con el tiempo he conseguido que me valoren por lo que hago”.

Esa confianza se ha ido construyendo proyecto a proyecto. Entre todos ellos, hay uno que destaca especialmente en su trayectoria reciente: la reforma integral de un local. “Participé en todo el proceso y ver el antes y el después da muchísima satisfacción”, explica. Cualquier rechazo inicial se disipa una vez que los clientes pueden ver el resultado.

Sus inicios, como los de muchos profesionales del sector, no fueron sencillos. Tras terminar su formación, comenzó realizando tareas básicas, aprendiendo desde la práctica. “Poco a poco fui cogiendo experiencia y confianza, y eso me permitió asumir trabajos cada vez más complejos”.

Hoy, con ese recorrido a sus espaldas, María se ha convertido también en un referente para otras mujeres que dudan si dar el paso. Su mensaje es claro y directo: “Que no tengan miedo. Si les gusta, adelante. Es un trabajo duro, pero muy gratificante. Lo importante es la actitud y las ganas de aprender, no el género”.

En un sector que todavía arrastra inercias del pasado, perfiles como el suyo no solo abren camino, sino que también normalizan la mirada. Ella misma lo demuestra cada día, en la obra no importan los prejuicios, sino los resultados.

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