El gran salto de Renfe en Francia tendrá que esperar. La operadora pública española ha decidido frenar, al menos por ahora, su proyecto para llevar el AVE a París. Una aspiración estratégica sobre la que llevaba años trabajando y que debía convertirse en el gran símbolo de su expansión internacional.
La decisión no supone una retirada total del mercado francés, pero sí confirma que el desembarco en la capital gala vuelve a quedar en suspenso por un motivo que se ha repetido una y otra vez en los últimos años: las dificultades para homologar sus trenes y para operar con normalidad en una red donde la apertura a la competencia avanza mucho más despacio que en España.
Renfe ha optado por resolver el acuerdo marco que mantenía con SNCF Réseau para preparar esa llegada a París. La propia compañía, según fuentes citadas por distintos medios, insiste en que no se trata de una renuncia definitiva, sino de una pausa obligada ante la imposibilidad de fijar un calendario fiable para culminar los trámites técnicos necesarios. Dicho de otra forma: el proyecto no muere, pero deja de tener horizonte concreto. Y eso, en la práctica, equivale a admitir que el AVE a París ya no está en la agenda inmediata de la empresa.
Un proyecto ambicioso que vuelve a chocar con Francia
La llegada a París llevaba años siendo uno de los grandes objetivos de Renfe en Europa. La empresa había planteado ese corredor como una extensión natural de su presencia en Francia, donde ya opera desde 2023 con servicios internacionales de alta velocidad entre Barcelona y Lyon y entre Madrid y Marsella. Esas rutas marcaron un hito para la compañía, que se convirtió entonces en el primer operador español en explotar servicios comerciales propios de alta velocidad más allá de Perpiñán.

El problema es que París siempre ha sido otra liga. No solo por su peso económico y simbólico, sino porque para llegar hasta allí Renfe necesitaba ampliar el perímetro de su Certificado de Seguridad Único en Francia y completar la homologación de trenes preparados para circular en ese corredor. Ahí es donde el proyecto se ha ido atascando durante años. La empresa sostiene que no ha podido ni siquiera formalizar la solicitud definitiva ante la Agencia Ferroviaria de la Unión Europea porque no dispone de una fecha cierta de inicio de operaciones, precisamente por esos retrasos acumulados en la validación técnica del material rodante.
La homologación, el gran muro del AVE a París
En el fondo, el bloqueo del AVE a París tiene mucho que ver con la interoperabilidad ferroviaria y con las diferencias entre el grado de liberalización español y el francés. Renfe denuncia desde hace tiempo que en Francia persiste un entramado técnico y normativo muy complejo, con abundantes exigencias nacionales que dificultan la entrada real de nuevos operadores. Esa situación afecta sobre todo a la homologación de los trenes, un proceso que la compañía considera excesivamente lento e incierto.
Uno de los escollos viene de lejos. Los trenes S-100F, que hoy cubren las rutas entre España, Lyon y Marsella, no pueden continuar hasta París por un dictamen de incompatibilidad en el corredor Lyon-París. Después, la esperanza se trasladó a los S-106 Avril de Talgo, que debían ser la llave para culminar el salto a la capital francesa. Sin embargo, esos convoyes también han sufrido numerosos obstáculos en el proceso de validación. Renfe subraya que son trenes ya autorizados y en servicio en España, pero las normas específicas francesas han impedido completar a tiempo el camino hacia su explotación comercial allí.
Renfe no sale de Francia, pero cambia de prioridad

El frenazo no significa que Renfe abandone Francia. La compañía mantiene con normalidad sus conexiones actuales con Lyon y Marsella, que siguen siendo la base de su negocio internacional en el país vecino. En su primer año de funcionamiento, esos servicios transportaron más de 620.000 viajeros, y Renfe sigue presentándolos como una prueba de que su operativa transfronteriza funciona cuando las condiciones regulatorias lo permiten.
De hecho, la empresa no ha dejado de buscar nuevas vías para crecer en el mercado francés. En marzo se supo que estaba ultimando una oferta para competir por la línea regional entre París, Dijon y Lyon, una opción distinta a la alta velocidad clásica pero que permitiría a Renfe acercarse a la capital francesa por otra puerta. Es una señal clara de que el problema no es Francia como mercado, sino el atasco específico del proyecto de AVE a París tal y como estaba concebido hasta ahora.
