Sarah Ferguson ha pasado buena parte de su vida bajo la mirada de la prensa británica, pero pocas veces su futuro había despertado tantas incógnitas como ahora. A los 67 años, la que fuera duquesa de York se enfrenta a una etapa radicalmente distinta de aquella que conoció durante décadas.
Ya no vive con Andrés de Inglaterra, ha abandonado Royal Lodge, la imponente residencia de Windsor que ambos compartieron durante años, y trata de reorganizar su vida lejos de los compromisos sociales y las apariciones públicas que hasta hace poco formaban parte de su rutina. Su regreso al Reino Unido, después de varios meses de discreción, ha permitido conocer algunos detalles sobre su nueva situación.
Según ha revelado la revista People, que ha hablado directamente con su portavoz, Ferguson regresó a Inglaterra a finales del verano y desde entonces se ha mantenido alejada de los focos. Se cree que actualmente reside en una vivienda alquilada en los Home Counties, la región de condados que rodea Londres, aunque no se ha confirmado su ubicación exacta. Un cambio significativo para una mujer que durante cerca de dos décadas compartió con su exmarido una de las propiedades más conocidas del entorno de Windsor. Su representante ha explicado que Sarah está instalándose nuevamente en el país y tratando de decidir cuáles serán sus próximos pasos. Por ahora, sus prioridades pasan por la familia, sus hijas y sus nietos, mientras intenta recuperar cierta estabilidad después de un periodo especialmente complicado.

De Royal Lodge a una nueva vida lejos de palacio
La historia de Sarah Ferguson y Andrés siempre ha resultado difícil de encajar en los patrones tradicionales de la familia real británica. Se casaron en 1986, se separaron seis años después y formalizaron su divorcio en 1996. Sin embargo, lejos de emprender caminos completamente independientes, conservaron una relación estrecha que terminó traduciéndose en una convivencia prolongada. Durante años, siguieron compartiendo Royal Lodge, una mansión situada en los terrenos de Windsor Great Park, pese a llevar décadas divorciados.
Aquella relación, construida alrededor de sus dos hijas, Beatriz y Eugenia, llamó la atención de la prensa internacional. Sarah defendió en numerosas ocasiones la importancia de mantener una familia unida y ambos continuaron apareciendo juntos en determinados acontecimientos. Su vínculo sobrevivió así al divorcio y a numerosas controversias públicas.
Pero la situación cambió cuando Carlos III decidió retirar a su hermano sus títulos y distinciones y ordenó que abandonara Royal Lodge. La medida acabó también con la convivencia de la antigua pareja. Andrés se trasladó al entorno de Sandringham, la propiedad real de Norfolk, mientras Sarah emprendió un camino diferente.

Durante una parte de este año, la antigua duquesa permaneció fuera del Reino Unido y pasó una temporada en los Alpes austriacos. Su prolongada ausencia alimentó las preguntas sobre dónde se encontraba y cuáles eran sus planes. Ahora se sabe que ha regresado y está tratando de establecerse de nuevo, aunque sin recuperar por el momento la actividad pública que mantuvo en el pasado.
La discreción coincide con el renovado escrutinio sobre sus antiguos vínculos con Jeffrey Epstein. La publicación de documentación relacionada con el financiero estadounidense ha vuelto a poner bajo atención sus relaciones personales de aquellos años. Ferguson no ha sido acusada de delitos relacionados con Epstein, pero las informaciones han tenido consecuencias sobre su exposición pública y su imagen.
A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una actividad profesional propia, principalmente vinculada a la escritura, los libros infantiles y distintas iniciativas empresariales. Su situación actual ha despertado interrogantes sobre cómo reorganizará también esa faceta de su vida. Por ahora, sin embargo, no se conocen proyectos profesionales concretos que permitan anticipar cuál será su siguiente paso. Su representante desmintió recientemente las informaciones que aseguraban que estaba preparando unas nuevas memorias.

Su relación con Andrés y el papel de Beatriz y Eugenia
Una de las preguntas que más interés despierta es qué ha ocurrido con Andrés después de abandonar la casa que ambos compartían. Pese a la separación residencial, su relación no se ha roto. Así lo ha confirmado el portavoz de Ferguson a People, al describir el vínculo entre ambos como cordial y basado en el apoyo mutuo, especialmente en su condición de padres y abuelos.
Lo que no está confirmado es si han vuelto a encontrarse personalmente desde que Sarah regresó al Reino Unido. En cualquier caso, las declaraciones de su entorno indican que mantienen el contacto y que la relación familiar continúa siendo importante para ambos, incluso ahora que han dejado de vivir bajo el mismo techo.
Beatriz y Eugenia ocupan un lugar fundamental en esta nueva etapa. La antigua duquesa está dedicando buena parte de su tiempo a sus dos hijas y a sus cinco nietos, entre ellos Adelaide, la hija pequeña de Eugenia, nacida el pasado agosto. La maternidad y, ahora, su papel como abuela se han convertido en uno de los principales apoyos de Ferguson en un momento de importantes cambios personales.

El pasado 29 de octubre se produjo, además, una de sus escasas apariciones públicas recientes. Sarah acudió junto a sus hijas a un acto en memoria de Paddy McNally, antiguo compañero sentimental y amigo de toda la vida, fallecido en julio. La imagen de las tres juntas en Londres permitió confirmar su regreso a la vida familiar británica después de meses de ausencia.
No hay constancia de que Sarah haya anunciado un regreso a la actividad institucional, ni tampoco de que tenga previsto instalarse de manera definitiva en una nueva propiedad. Su entorno insiste en que está centrada en adaptarse a las circunstancias y disfrutar de su familia.
La mujer que durante décadas fue una de las figuras más reconocibles y comentadas de la monarquía británica comienza otra etapa. En su caso, todavía quedan numerosas preguntas por responder: dónde establecerá definitivamente su hogar, qué proyectos retomará y cómo evolucionará su relación con Andrés. Lo único que parece claro, a juzgar por las palabras de su portavoz, es que Sarah Ferguson ha optado por reconstruir su vida lejos del protagonismo que la acompañó desde su entrada en la familia real.

